viernes, 28 de noviembre de 2008

Otro viernes por la mañana

Me he despertado pronto porque tenía calor y sed y además llamaban al timbre. Suena a mal despertar, pero no lo era en absoluto. Además los viernes me gusta madrugar porque es el único momento de la semana en que se oye calma y tranquilidad, es decir, no se oye nada. No hay obras, así que no hay grúas ni apisonadoras. No hay tráfico, así que no hay coches, ni camiones, ni cláxones. He abierto las pesadas cortinas que impiden que la luz del día entre en mi habiatción y mi primera sorpresa del día ha sido ver en el edificio de enfrente muchas ventanas abiertas. Sé que esto no sorprenderá a muchos fuera del Golfo, pero aquí es distinto.




La mayoría de las ventanas, como las de mi apartamento, no se abren. Están selladas con silicona o simplemente no tienen tirador. Las razones no me las ha explicado nadie, pero yo creo que se debe al calor y al polvo. Como estamos en el desierto, aunque a veces nos parezca mentira, hace calor casi todo el año y abrir las ventanas significa perder el fresquito de dentro de casa. El polvo no se nota ni se siente, pero está siempre ahí. Por ejemplo, si tiendes la ropa en la terraza, pronto aprendes que es una mala idea, a no ser que quieras volver a poner la lavadora...


Pero los vecinos al parecer si pueden abrir sus ventanas. Y si lo han hecho significa sin duda que fuera hace bueno. Esta semana las temperaturas han bajado y estamos ahora a unos 27 grados durante el día. Es muy agradable y casi parece primavera, aunque el cielo no es tan azul como el de Madrid y anochece pronto.


Así que el buen día acompaña a mi buen humor, y me apetece comer huevos con bacon, porque por fín he comprado cerdo –haram, ¡pecado!- y me encanta desayunar los fines de semana, cuando hay tiempo para preparar el desayuno sin prisas, disfrutar del olor del café preparado en mi clásica cafetera italiana que me acompaña en todos mis viajes de más de una semana: al Norte, al Sur, Francia, California, Pensilvania, Puerto Rico, Virginia, Filipinas, Indonesia, Egipto, Zambia, Dubai, Abu Dhabi, y alguno más que se me estará olvidando.


Me gusta preparar el café nada más levantarme, y oir como va saliendo del pitorrito y poco a poco dejar que su olor invada mi cuerpo y mi mente. Mientras voy sacando el resto de cosas de la nevera o de las estanterías, hoy pan de ese tipo de pueblo cortado en gruesas rodajas, un tomate, un diente de ajo, aceite de oliva y sal por un lado; por el otro bacon, dos huevos, una tostada de pan de cereales.


El café ya está listo, lo sirvo en una taza grande y le añado azúcar, para luego dejarlo de lado mientras se enfría un poco. Hoy sin hielo. Mientras el bacon se tuesta en el grill, rallo el tomate, le añado un chorrito de aceite y sal, lo mezclo bien y también lo dejo a un lado. Tuesto un pan y el otro lo pongo en la plancha. Me toca hacer los huevos, y la verdad es que soy malísima friéndolos. Se me rompen siempre y acabo haciendo huevos revueltos, pero lo que de verdad me gusta es mojar pan en la yema, así que quiero hacerlos fritos. He intentado el truco de romper el huevo en un vaso y luego verterlo en la sartén, pero tampoco me funciona. Aunque el día me sonríe así que ....


Primer huevo, ¡perfecto! No me ha quedado bonito, pero no se ha roto la yema (la clara un poquito, lo admito) y está en su punto ... mmmh. Vamos con el segundo. Lo casco en el vaso y ... no cae. Lo juro, esto es lo más raro y divertido que me ha pasado esta semana. Resulta que es un huevo duro, o hervido, y al cascarlo se ha roto sin problema por la mitad, de forma que la clara se ha dividido entre las dos mitades de cáscara y la yema se ha quedado entera, perfecta, preciosa, tan naranja en contraste con el blanco puro de la yema, en una de las mitades. Aquí están las fotos...


























Total que sólo me como un huevo, porque si uno me ha quedado perfecto y el otro me ha dejado perpleja... seguro que es una señal. El café está delicioso, el bacon con el huevo saladito es una delicia, y el pan con tomate rallado es un manjar en estas tierras lejanas. Me quedan sólo un par de horas para que la ciudad vuelva a ser la de siemrpe, con ruido, obras, atascos, gente.... pero siempre tendré mi música para cobijarme y escapar de la locura de la metrópoli. Y aunque hoy me ha costado decidir qué me apetece escuchar, Saint Germain des Prés una vez más no me deja indiferente, todo lo contrario. Me alegra el alma.





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La crisis y los NINJA

Este vídeo me parece genial, tanto por la gracia de Leopoldo Abadía como por su excelente simplificación y explicación de la crisis.


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lunes, 24 de noviembre de 2008

Promocionando el evento equivocado: hotel de 7 estrellas frente a las Olimpiadas Especiales


¿Nos hemos vuelto todos locos? Al parecer son muchos, al menos 2000, los que no tienen ni vergüenza ni conciencia. El fin de semana pasado se celebró en Dubai la que se supone ha sido la fiesta de inauguración más cara de la historia, y cerraba una semana en la que la bolsa de ese mismo Dubai había perdido 30.000 millones de dólares y cientos de empleados de empresas relacionadas con la propiedad y la construcción habían sido despedidos como consecuencia de la cancelación de más de 45 proyectos hace 15 días..... pero oye, esto es Dubai nena y aquí de lo que se trata es de ser más y mejor que el resto del mundo, y si hay que celebrar en plena crisis, ¡pues se celebra! Y a lo grande... y ya se pagarán las consecuencias con lo que presten los vecinos. Hasta que los vecinos cierren el grifo...


La inauguración era de un hotel de 7 estrellas que no pienso nombrar –al parecer un paraíso para niños y nuevos ricos, ya ves tú- en una de esas islas artificiales construidas por miles de esclavos del siglo XXI, ¿estarían ellos presentes en la inauguración? Sarcasmos aparte, cabe destacar que entre los 2.000 invitados a la fiesta no había empleados de Kenzer International (la empresa dueña del hotel junto a Nakheel, alias el gobierno de Dubai). Y es que al parecer el mismísimo Sr. Kenzer fue el encargado de elegir y dar el aprobado una a una a las 2.000 personas –o debería decir VIPs y superestrellas­- invitadas. Las malas lenguass dicen que sólo aquellos con una utilidad específica o que podían servir de algo estaban invitados, incluso los directivos y altos cargos de la empresa fueron recibidos solamente si estaban dispuestos a servir comida y bebida a los invitados...




Vamos con lo más esncadaloso: la fiesta costó entre 20 y 35 millones dólares, de los cuales unos 14 millones fueron para los fuegos artificiales. Por supuesto, estos fueron los más espectaculares de la historia –suena tan a tópico por esta zona- superando a los de la ceremonia de apertura de las pasadas Olimpiadas en China, y los organizadores prometen que el millón de fuegos pudo verse desde el espacio, yo lo dudo.


El Sr. Kezner hizo unas declaraciones en días anteriores a la fiesta que motivaron este post. Según él, semejante fiesta estaba totalmente justificada, aún cuando su empresa acaba de despedir a 800 empleados en un hotel similar en Bahamas y al parecer las cosas en el de Dubai podrían ir por el mismo camino. La forma en que razona este señor es la siguiente: una fiesta de tal calibre es como unas Olimpiadas, sirven para llamar la atención del público a nivel mundial y promocionan ciudades, países o territorios. Además, 20 o 30 millones no representan nada, según él, cuando el hotel ha costado 1.500 millones... ¡a mí me parece que todo esto tendría que ser ilegal! O por lo menos pecado, en una zona tan coservadora y religiosa como esta. ¡¡Por Dios y por Ala, si hasta Linday Lohan y su novia estaban invitadas en un país musulmán!! Haram – Pecado (esto es por criticar, que nadie me mal interprete...).


Y ya que estamos con cotilleos, aplaudo a Ben Affleck que rechazó la invitación a la fiesta y se fue de misión humanitaria al Congo.


Pero ojalá otros eventos llamasen tanto o más la atención de los medios y del público como fiestas llenas de champagne y estrellas de hollywood. La misma semana en que se celebraba esta fiesta en Dubai, Abu Dhabi inauguraba un evento todavía más caro, y con mucha menos cobertura mediática: las 6as Olimpiadas EspecialesSpecial Olympics- para niños y adolescentes del Norte de Àfrica y Oriente Medio. Casi el mismo número de invitados y participantes que en la fiesta de Duabi, unas 1800 personas representaron a 23 países en 12 deportes distintos. Estas Olimpiadas han sido las más espectaculares en la historia de los juegos regionales, desde su primera edición en El Cairo en 1999.


Sin embargo, organizar semejante evento no es fácil, y tampoco lo es conseguir que los invitados –atletas, entrenadores, cuidadores...- hagan realidad su sueño de participar. Por desgracia, resulta casi imposible conseguir sponsors en el sector privado, las empresas no se mojan, porque este evento no llama la atención de casi nadie. Así que este año el Gobierno de Abu Dhabi, ni corto ni perezoso, se ha decidido por ser el patrocinador principal de los Juegos y ha cubierto todos los gastos relacionados con ellos, desde los billetes de avión a los hoteles, pasando por las comidas y el transporte in situ, o visitas organizadas durante la semana que han durado las Olimpiadas.


Entiendo que no es fácil ni práctico organizar algo semejante. La mayoría de los hoteles se han negado a hospedarles, y creo que sólo cinco han aceptado. Entre ellos está el mio y el de un amigo. Al parecer los destrozos son importantes, paredes pintadas, moquetas destrozadas, cuadros y espejos rotos.... todo daños materiales. Pero si pudiéseis ver sus ojos y sus sonrisas, lo entenderíais. Compartí ascensor con muchos de ellos varias veces a lo largo de la semana que pasaron aquí y cuando se desabrochaban la cremallera de sus chaquetas de uniforme para enseñarme sus medallas.... ¿qué puedo decir? Me sentía tan orgullosa de este sitio, de la familia real, de los chavales que con su emoción despertaban la mía y conseguían que se me escapasen grandes sonrisas y alguna lagrimilla.


Por desgracia nadie ha oido hablar de estas Olimpidas, porque estas no eran las de Pekín, ni se gastaron 14 millones en fuegos artificiales y otros muchos en langosta y champagne. Y porque a la gente le interesan los famosos, sus vesitdos y joyas, y el glamour. Así es el mundo y así es la vida.



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martes, 18 de noviembre de 2008

Helado de vainilla

Me estoy comiendo un bol de helado de vainilla. Definitivamente no me gusta, nunca me ha gustado. Hoy me ha dado por intentarlo de nuevo, más que nada porque cada vez que abro el congelador veo la caja de Haagen Dazs. Y cada vez que veo la dichosa caja, recuerdo que si está ahí es porque tú no estás. La compré para ti, para las 23 horas que pasamos juntos hace 10 días, pero claro, en 23 horas no pudiste acabar con ella. Y ahora parece que me persigue por la casa, recordándome una y otra vez tu ausencia. Y no, no me gusta, pero pienso comerme lo que me he servido, y mañana repetiré, y al otro también, hasta que acabe con todo el helado, que no es más que una triste sombra que me persigue y me recuerda cuan sola me siento a veces.




Luego estás tú, tu nuevo tú, que también me persigue, no como una triste sombra si no más bien como un alegre gato. Me recuerdas a Gala, Klimt, Lolo, Liu.... o más bien a la idea que tengo de ellos porque yo nunca he tenido uno. Así que te comparo con los que conozco y con como les imagino actuando en torno a sus dueños, aunque la realidad pueda ser muy distinta.


Recibo tus mensajes en el móvil y me parece como que restriegas tu cuerpo contra mis piernas, te deslizas entre ellas, las acaricias mientras te acaricias, juegas, es algo sensual pero no sexual, sólo quieres llamar mi atención y a la vez satisfacer tu necesidad secreta de cariño. Tus emails, en los que no dices mucho pero yo lo entiendo todo, aparecen en mi pantalla como si se tratase de un gato un tanto celoso de mi ordenador. Me parece como que saltas sobre mi teclado para ahí acostarte y acomodarte mientras me miras con esos ojos que inevitablemente me recuerdan a Filipinas.


Esos tus ojos son tan azules que tus pupilas se asemejan a islas perdidas en mitad del océano. Aunque se me ocurre a menudo que en realidad se esconden para poder observar y aprender sin ser vistas, sin llamar la atención. Sin embargo ese mar de paz y tranquilidad que te rodea no te ayuda a desaparecer, más bien al contrario.


Y son precisamente esos tus ojos en los que yo encuentro la calma que tanta falta me hace a veces, y son también ese faro que me guía cuando estoy perdida, y son esa isla en la que me gusta desaparecer.


Pero hoy no los tengo, ni te tengo, sólo tengo este triste bol de helado de vainilla que me sabe demasiado dulce, para una noche tan amarga.



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sábado, 15 de noviembre de 2008

Omán, ejemplo de desarrollo económico y respeto a las tradiciones


Estoy en Omán, en un hotel de cinco estrellas que apesta a turista y expatriado, especialmente británicos y alemanes y, sorprendentemente, franceses. Muchos viven aquí o en Emiratos, y pasan los fines de semana en familia en el hotel. Otros tantos visitan el golfo y creen que por aterrizar en el aeropuerto y coger un taxi al hotel en el que se van a encerrar durante unos días, con una salida casi obligada al palacio y el zoco, ya han visitado el país y saben algo de su cultura. Me ahogo viéndoles en el brunch del hotel y decido que tengo que salir cuanto antes.

En receptción me ayudan a organizr un viajecito para visitar cuanto más mejor, y que me permita hablar con gente. Es dificil porque es viernes, día dedicado a la oración o la familia, pero es hoy cuando estoy aquí y no mañana ni ayer. Un día da para poco pero Mascate es una ciudad muy pequeña, insisten.





Una vez en el coche le pregunto al taxista como se llama el gorrito típico que llevan los hombres y me contesta cap, gorra o sombrero en inglés. Gracias... Pero me refiero al nombre en árabe. Dice algo que entiendo se escribe kim'a, con una i y una m largas. Ahora se que es kimah. Le confieso que me gusta más que el pañuelo que llevan los emiratís en la cabeza, porque ese me parece demasiado ostentoso. Se gira y sonríe pero no dice nada, y sé que muchos omanís sienten respeto y admiracion por sus vecinos, que han sabido pasar de ser poco más que dunas y palmeras, a urbes del s XXI de las que todos hemos oído hablar y que reciben millones de turistas al añ. Otros omanís están orgullosos de su país, porque ha sabido crecer y desarrollarse a un ritmo tan impresionante como el de sus vecinos, pero no han perdido ni su identidad ni su cultura.




El taxi me lleva hasta el palacio del sultán e intenta convencerme de que le contrate para todo el día, y no me cobra la espera. Quiero caminar, le digo, y me mira con la misma cara de asombro y de incredulidad que los del hotel. No es porque sea una mujer sola, sino porque aunque es Noviembre hace 35C grados y la humedad es intensa. Me recuerda que el palacio está a unos 5 kilómetros del centro de la ciudad y que entre medias no hay mucho que ver ni que hacer, más que caminar por la carretera que bordea el mar. Lo sé y no me importa, al contrario, me apetece.





Es cierto que las calles cercanas al palacio estan vacías, pero no creo que se deba a que es viernes, sino a que tampoco hay mucho que hacer o que ver aquí si no se es turista. Me impresiona el contraste de colores, el azul intenso del cielo, el gris plateado de las montañas que todo lo rodean, el blanco puro de los edificios. Además, hay flores, plantas, cesped, por todos lados, al menos alrededor del palacio. Me sorprende ver pájaros de todos los tamaños y colores, y aún más su canto. No recuerdo haber oído un sólo pájaro piando en los 10 meses que he pasado en Emiratos.



Veo varias mezquitas, me apasionan, de siempre. Tan blancas, y casi siempre con la parte de superior del minarete y las cúpulas azules o verdes. Están tranquilas porque no es hora de ir a rezar.




Según me voy alejando del palacio las calles se van estrechando, ahora son de polvo y todo parece grisáceo u ocre, colores tan típicos del desierto. Las casas son modestas, de una o dos plantas, con ventanas pequeñas. muchas tienen una antena parabólica en el tejado, que es plano porque aquí rara vez llueve.




Hay poca gente por las calles, casi todos son hombres o niños. Uno de éstos lleva tres minutos agachado, asomando la cabeza debajo de un coche. Cuando me acerco veo que está intentando coger un gato que ahí se esconde y cuando él me oye, se gira y decide abandonar su incomoda postura y venir hacia mí. Se sacude el polvo que queda en sus rodillas, y en ese instante el gato sale disparado de debajo del coche. Senñlo con el dedo y le aviso, pero él no me entiende y se limita a repetir, the cat, the cat, hasta que llega a mi altura y me pide un rial -2 euros-. Yo le ofrezco un caramelo y de primeras parece contrariado, pero se lo piensa y decide cogerlo. Cuando lo hace se sonroja un poco y pone cara de duro, como si no le gustase parecer lo que realmente es, un niño.




Aparecen otros chavales a la vez que un coche pasa a nuestro lado, despacio, con las ventanillas abiertas, asientos tapizados con colores dorados y música árabe. Aún sin quererlo ha levantado una polvareda que hace que el niño tosa y yo cierre los ojos.

Al final de la calle una señora da voces y los niños salen corriendo. Doy media vuelta cuando me parece entender que está hablando en inglés, dice do you want tea? No puede estar hablándome a mi.... O sí? Me giro con más curiosidad que otra cosa, y ella está ya casi a mi altura. Me habla a mí, me pregunta a mí, me invita a mí. Sé que sería de mala educación rechazar su oferta, pero tampoco sé si debo. Ella me tiende su mano, teñida de henna, y yo la agarro. Me guía hasta su casa, la del fondo del callejón. Es humilde, pequeña, con muchas alfombras, una foto del sultán enmarcada preside el salón. Huele a incienso, o eso me parece, pero este olor sólo pretende cubrir otro, el de‎ pescado. Adivino que su marido es pescador también porque hay varias redes secando en la entrada.

Al cabo de unos instantes vierte agua hiviendo en dos vasos pequeños de cristal, y me explica que el té caliente aliviará el calor de mi cuerpo y me permitirá seguir mi paseo más a gusto. Después empieza a hablar y a reír y sólo entiendo partes de lo que dice. Adivino que se queja porque los hombres se pasan el viernes en la mezquita o en el bar, también bebiendo té, mientras ella pone orden en la casa. Ella es maestra. Pese a que tiene el cabello cubierto, su cara queda destapada, pero no sé calcular su edad. Sus ojos están fuertemente perfilados y son de un marrón intenso, pero no van con el resto de ella, tan humilde. Su abaya es sencilla, y está impecable, algo que siempre me llama la atención en estos países en los que hay mucho polvo, y el bajo de la abaya inevitablemente se arrastra por el suelo.

Cuando vuelvo a salir a la calle hace mucho calor, pero es cierto que me siento más a gusto. Ella me despide desde la puerta. He intentado darle algo de dinero, para los niños le he dicho, pero ella se ha negado y me ha dicho que le devolveré la invitación cuando visite España. Las dos sabemos que eso nunca ocurrirá, pero no he dicho nada.




De camino hacia el mar he parado a hacer unas fotos desde lo alto de la muralla, que parece no llevar ahí mucho tiempo, como si la hubiesen plantado para los turistas. Oigo un ruido y cuando me giro veo un soldado, uniformado y armado. No sé si estoy en un lugar prohibido, y se lo pregunto. Con una sonrisa dice it’s ok y me pregunta de donde soy. Parece que en Omán a todos les gusta España, y creo que lo único que conocen es Madrid y Barcelona, por el fútbol claro! Él me dice que prefiere al Barcelona, y se siente avergonzado cuando le digo que soy de y del Madrid. Pero a mí no me importa, me basta con que sepan donde está mi país. Sé que en España mucha gente no tiene ni idea de donde está Omán, y no sabrían decir cuál es la capital.





Ya de psaeo por la corniche, en dirección al “centro de la ciudad”, cada taxi que pasa pita, creerán que me he perdido... el mar huele muy fuerte. Es azul oscuro y está algo sucio en esta zona en la que no hay bañistas. A lo lejos veo barcos de carga enormes, y otro de crucero de esos de lujo.




Me cruzo con varias personas, alguna que otra pareja de omanís, y todos, absolutamente todos, me saludan. Siento sudor corriendo por mi espalda tras más de media hora caminando con el sol en la nuca. Parece que todo se va a animando, cada vez veo más gente, pero siguen siendo mayoritariamente hombres y niños. Muchos de ellos están pescando, pero no son pescadores, simplemente disfrutan de su día libre. Los barcos de carga están ahora mucho más cerca y son aún mayores de lo que había imaginado de lejos.




Un grupo de hombres paquistanís ríe escandalosamente mientras se hacen fotos. Cuando llego a su altura me enseñan un erizo de mar enorme, negro, que mueve sus púas con evidente hastío, si es que un animal puede sentir algo semejante. El zoco está justo enfrente, pero está cerrado hoy por ser viernes. No obstante hay un grupo de hombres jóvenes sentados en las escaleras, riendo y fumando. Todos parecen alegres, será porque es su día libre, o por el buen tiempo, o tal vez por vivir tan cerca del mar, que parece que todo lo calma.




Cuando por fin llego de vuelta a mi hotel decido ir a la playa. El sol empieza ya a ponerse. Atravieso los jardines y piscinas, que están llenos a rebosar de aquellos expatriados y turistas. Sus voces y risas son chillonas, tal vez por el alcohol que han ingerido durante horas al sol. Muchos niños corretean y juegan felices. Al llegar a la playa me quedo completamente desconcertada y fascinada con lo que veo. La marea está baja y cientos –cientos- de niños, adolescentes y adultos juegan al fútbol. Miro a la izquiera, y después a la derecha, y todo lo que veo son esos cientos de hombres corriendo de un lado a otro. Son distintos grupos, muchos partidos al mismo tiempo.





Todos parecen tan felices, todos comparten una cosa, su amor por este deporte. Parecen ser de varias nacionalidades, pero todos árabes. No hay europeos, al menos yo no veo ninguno, y son todo hombres execpto por una mujer, que está sentada en un murito junto al que intuyo es su marido. Él me mira constantemente, no le gusta que tenga una cámara en las manos, y terminan por irse. Soy la única mujer, rodeada por cientos de hombres que en ningún momento se dan cuenta de mi presencia. Llevan camisetas y uniformes del Barcelona, Madrid, Manchester, Arsenal, Brasil.... y así se va poniendo el sol, mientras ellos siguen a lo suyo, dándole a la pelota, disfrutando de lo que queda de luz.


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miércoles, 12 de noviembre de 2008

El cuento de mi mamie, o cómo los abuelos se convierten en niños

Ayer, un día después de colgar este post, Pilar decidió que era su momento y se apagó. Este post va para ella, porque cuando yo la conocí ella ya había vuelto a ser una niña. Porque ella nos hacía reír, como mamie, cuando nos contaba que había hablado con un pajarito esa misma mañana, o cuando susurraba con cuidado que los vecinos hacían magia negra y lo sabía porque humo de colores salía de sus ventanas por las noches.


Este post también va por ella porque desde el primer día que fui a su casa ella me recibió como si fuese una más de sus nietas, porque sus abrazos y besos siempre me supieron a los de una abuela, porque estaban llenos de amor y de cariño. Porque en aquella época mi mamie estaba lejos y yo nunca había tenido una abuela a diario, hasta que la tuve a ella. No la he visto en mucho tiempo, pero recuerdo perfectamente su mirada, también de niña traviesa, y su piel tersa, con el pelo peinado hacia atrás. Adiós Pilar.


Volver. La escena en que Raimunda -Penélope Cruz- se arrodilla para descubrir a su madre escondida debajo de la cama. La he visto varias veces e inevitablemente lloro todas y cada una de ellas. Los ojos de Carmen Maura, su mirada, esa mezcla de alegría y de miedo, expectante, porque la reacción de su hija determinará sin duda la suya. Esos ojos de niña traviesa también, como si fuese ella la hija descubierta en plena travesura. Esa mirada que tanto me recuerda la de otra madre que era mi mamie, en sus últimos meses, que yo no recuerdo como amargos, sino como aquellos en que por fin la tuve día y noche, y en los que nos hacía reir a menudo. Y es que precisamente en esos meses ella también parecía una niña, haciendo a veces de las suyas.




Hay tantas anécdotas de ese tiempo en el que poco a poco se iba apagando, como una vela que se queda sin cera o sin oxígeno. Caminaba despacito, arrastraba un poco los pies, tenía 94 años y la cabeza en su sitio prácticamente siempre. También conservó el oído -aveugle peut-être, mais sourde... soude non!- hasta el final, y en cuanto oía un ruidito se levantaba para ver quién más estaba despierto. La pobre se aburría despierta en la cama, pero una vez levantada tampoco tenía mucho más que hacer. Con el paso de los años leía cada vez menos, hasta que ya ni el periódico le interesaba. Mamá intentaba levantarse y salir sin que ella la oyese, pero casi nunca lo conseguía y entonces, cuando se daba cuenta y oía sus pies arrastrándose extraordinariamente ágiles, instintivamente se escondia debajo de la mesa para que su propia madre no la descubriese. Todavía veo a mamie con cara de desilusión al ver que no había nadie, y a mamá debajo de la mesa debatiendo entre asomarse o reirse.


A veces cuando venían amigos a casa ella no se daba cuenta de que no les conocía, y debía de pensar que no les reconocía, así que fingía y les decía cosas tipo "si si, bien sur que je me rappelle, quand tu étais petit on rigolé toujours de ton grand nez"...! Menos mal que ellos sabían que no se conocían!


Por aquella época empezó a emitirse Gran Hermano en España y, la verdad sea dicha, las mujeres de la casa -de la mía claro, no de la de Guadalix- nos enganchamos. Mamie ni lo soportaba, ni lo entendía, ni lo aprobaba, pero no le hacíamos caso. El morbo del voyeur era mucho más fuerte que su sensatez y sentido común. Entonces se levantaba de su sillón, iba al baño, y volvía con los oídos tapados por improvisados tapones hechos con papel higiénico. Giraba su sillón de forma que le daba la espalda a la tele, y nos miraba satisfecha, como pensando yo ni lo veo ni lo oigo, y nosotras nos reíamos con ganas, porque sabíamos que tenía razón!


Ya muy al final, cuanto papá llegaba a casa ella se ponía en pie y nos pedía que la emulásemos porque, según ella, llegaba Mr le President.... Nunca nos quedó claro si nos tomaba el pelo o no, ni tampoco de qué era el Presidente. Lo que estaba claro era que el Presidente había tomado, temporalmente, el lugar de Tonton -son petit- porque este seguía en Francia. A veces hasta aplaudía a Mr le President, dios sabe por qué, pero nos hacía reír.


Recuerdo con especial ternura cuando llegaba a casa y ella estaba echada descansando. Entonces yo iba a su habitación y despacito le decia Mamie, c'est Helene, la belle Helene, y hasta el último dia juro que esta frase hacía que sonriese mientras abría despacito los ojos, que parecían pesar toneladas. Era ella quien me decía de pequeña lo de la belle Helene, y yo quien sonreía, pero es que ahora la niña que sonreía era ella.


Y llegó el día en que se apagó, con sus 94 años y casi un siglo de experiencias y vivencias a sus espaldas. Alguien sopló delicadamente mientras ella dormía. Era, como tiene que ser, otoño y sin duda el momento justo para dejarnos e irse a descansar. Pero yo sé que sigue aquí, no sé si a mi lado en la cama, o en el sillón del salón junto al abuelo sentado en el Chester verde, pero la siento con fuerza. Y sonríe.

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viernes, 7 de noviembre de 2008

Viernes de paseo

Voy en un taxi que no está muy limpio pero huele bien, con un conductor pakistaní que me ha regañado por pararle en una rotonda. Llevaba 20 minutos sin ver un coche pasar, así que tampoco me pareció muy peligroso. Es viernes y han llamado a la oración un par de veces ya desde que me he levantado. Por eso no hay taxis, ni coches. Los viernes son el día libre por excelencia y los que trabajan no suelen empezar hasta las cuatro.


Conducimos por la corniche, tenemos que seguir bordeándola hasta el final, hacer un gran giro en Emirates Palace, y un poco más allá acabará el trayecto. La música que escuchamos me parece india, pero es pakistaní. Canta un hombre y a diferencia de las voces de mujer, esta me gusta y me relaja.




Hemos pasado por la playa, que aunque es una, está divida entre la de hombres, la de mujeres, y la de familias. La canción cambia, pero la música suena casi igual, y me parece como si le hubiesen puesto una buena banda sonora a mi paseo por la corniche en un dia en que, excepcionalmente, este sitio me fascina.


Veo mujeres en bikini, solas y acompañadas. Ríen, duermen, nadan. Hay otras en grupos con el cabello cubierto por velos y pañuelos, y éstas sí que ríen con ganas, junto a hombres algunas. Un padre con dish-dash camina de la mano de su hija pequeña, mientras otra algo mayor patina a su lado. Adivino que pronto tendrá que cubrirse,en cuanto empiece a menstruar, como manda la tradición. Hombres con yilabas están sentados en los bancos del paseo, casi todos charlan animadamente, mientras tienen las piernas cruzadas y los pies descalzos sobre los bancos.


Mujeres con abayas pasean, otras están sentadas en toallas sobre la arena. Un par de hombres parecen escoltar a un grupo de mujeres completamente cubiertas por sus burkas. No son emiratis, porque aquí no se lleva burka. Hace calor, y me pregunto si ellas estarán acostumbradas ya a siempre tener que ir cubiertas hasta la punta de la nariz. Llevan incluso guantes, también negros. Es curioso, los hombres que las escoltan no llevan dish-dash, ni tan siquiera pantalones largos, llevan bermudas. Pero hoy, como ya he dicho, admiro la diversidad, la faceta multicultural de esta ciudad en la que prácticamente todo está permitido. Respeto. Yo te respeto, tu me respetas, es la única ley no escrita que todos conocemos. Hoy no juzgo, sólo observo, como si fuese el decorado de una peli.


La música me gusta, pero me molesta oir al taxista mascando chicle. De vez en cuando se gira y me pregunta cosas que sé no le interesan. Dos preguntas se repiten en cada taxi, cada tienda, cada restaurante, cuando se atreven a preguntar. American? Siempre digo que no, y a veces digo que Spanish,do you like football? Madrid? Barcelona?.... Así a veces surge una conversación que mata el tiempo y el silencio. Otras no. La segunda pregunta es Married? Antes decía que no, pero hace tiempo aprendí que es mejor decir que sí, y por eso ya ni me sonrojo cuando miento. Creo que nunca nadie se ha fijado en que no tengo alianza....


Este no me ha preguntado lo de married ni yo lo del fútbol. Pero ha terminado una canción y ese segundo de silencio antes de que la música volviese a sonar me ha parecido incómodo. Así que le he preguntado, where in Pakistan? Qué más da, si tú no conoces Pakistán, me ha soltado. Y tiene razón, pero ha empezado él preguntando si American, y él tampoco conoce América.... Al llegar le he dado una propinita, más que nada porque iba a pagar 6 con 100, así que le he dicho que se cobre 10 y aunque sé que no le ha hecho gracia, ha preferido quedarse sin cambio y ganarse los 4.


De vuelta, según cierro la puerta de este otro taxi, ya estoy oyendo el American?, con acento Pakistaní. Sonrío, por dentro y por fuera. Este no tiene música, ni tan siquiera la radio está encendida. Los asientos están recubiertos de plástico tipo hule. Normalmente me disgustan pero hoy voy vestida de forma que no lo toco así que lo tolero. No, Spanish, le contesto. Instantáneamente se gira y me dice Spanish? very good, very very good, con una gran sonrisa que de repente me descubre unos dientes blancos perfectos. Le doy las gracias por el cumplido, sólo Alá y él sabrán por qué tan very good. Yo le he preguntado por Pakistán y él me ha dicho que no es tan good como Spain, pero que es su país y a él le gusta. Echa de menos las estaciones del año y no le gusta que sea siempre verano.... fíjate, al final vamos a tener algo en común, además de la dentadura blanca.


Poco a poco está oscureciendo, el coche va despacio, para a menudo, y es que el tráfico los viernes por la tarde es un infierno. Spanish, very very good, dice mientras pone música. Casi no me lo creo, es Manu ChaoI'm the king of Bongo baby I'm the king of Bongo-bong………









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martes, 4 de noviembre de 2008

Esperando el milagro........ ¿milagro?


Es curioso, aquí siempre es de día, o eso parece. Es increible eso de despertarse todas las mañanas del año, todas, con sol.

Unos días, los menos, dejo las cortinas abiertas al irme a la cama, porque la luz del sol hace que me despierte más fácilmente. Otros, la mayoría, odio esa luz que me despierta a deshora y dejo las cortinas bien cerradas, entonces no entra ni un rayito de sol.



Muchos de esos días me da por pensar que tal vez al otro lado de mis tupidas cortinas el cielo está nublado, o que no ha amanecido todavía, y que el invierno ha llegado, pero en cuanto me despisto recuerdo donde estoy y que todo eso no es posible.

Otros días el aire acondicionado está demasiado frío y sé que he dormido encogida y bien tapada, y entonces deseo que fuera llueva y de verdad haga frío, sin tener que fingirlo!

Pero lo que está claro es que rara vez me despierto pensando que me apetece salir a la calle a disfrutar del clima, porque odio este clima. Sol 364 días al año suena muy tentador, lo sé, pero esa no es toda la verdad. Hoy, 4 de noviembre, ha hecho 37 grados. La semana pasada, algo así como el 28 de octubre, hizo 42C! En Agosto pasamos los 50C...! y bueno, no menciono la humedad porque se me corta la respiración.

No obstante, esta noche volveré a cerrar las pesadas y oscuras cortinas, volveré a taparme hasta la nariz –esta siempre queda al aire y la noto fresquita cuando me despierto-, y volveré a dormirme esperando un milagro: que mañana sea invierno y la ciudad esté cubierta de nieve.



No sé si sucederá, pero tal vez sí, porque esta noche todo es posible, esta noche el mundo puede cambiar, y como tal, mañana muchos de nuestros deseos podrían empezar a cumplirse....



Buenas noches, y buena suerte...





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Mis números y yo: el 44º presidente de EEUU

Resulta que hoy se elige al 44º presidente de EEUU, ¿y qué? pensaréis muchos. ¿Alguien lo ha pillado ya? Mi primo Juanito tal vez..... pues que hoy es el 4 de noviembre, 4.11, o lo que es lo mismo: 4x11.... 44!!!


Me puede la ansiedad y sé que no voy a dormir en toda la noche, aunque hasta mañana poco vamos a saber del resultado de las elecciones.... pero me consuela saber que no seré la única que pasará la noche en vela.


Si gana Obama, me pregunto cómo celebrará, teniendo en cuenta que su abuelita se ha muerto.... espero que los Republicanos no achaquen la victoria demócrata a esta noticia...


De momento, poco más....

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domingo, 2 de noviembre de 2008

Mi mente anda de viaje hoy


Dejo las elecciones y todo tema un poco serio a un lado, porque sí, porque me da la gana. Hoy no pienso escribir sobre nada, porque no me da la gana, ya lo he dicho. Sólo me apetece escribir lo que va pasando por mi mente que hoy anda de paseo. Escritura automática creo recordar que se llama. Pero qué más da...


Y es que hoy mi mente me la está jugando, hoy está caprichosa. Va de un lado a otro, y lo mismo me emociona que me distrae, me entretiene o me entristece. Hemos ido hoy a una cena de esas a las que hay que ir por trabajo, y ha resultado ser agradable. Era en el Emirates Palace, que uno de los hoteles de súper lujo en Abu Dhabi que mencionaba aquí mismo el otro día. Resulta que habían contratado a distintos artistas para entretener la noche. Nos ha sorprendido a todos porque esperábamos algo aburrido, largo, empalagoso como sólo lo árabe sabe ser. Pero no.




Ha habido un espectáulo de esos de seda tipo el Cirque du Soleil, en el que una pareja hace equilibrios y ejercicios impresionantes sujetos a un trozo de seda! Me ha recordado a mis padres, mucho. Me ha recordado a ellos no porque sean artistas ni equilibristas, sino fueron ellos, como no, quienes me llevaron por primera vez a ver el Cirque du Soleil.


El Circo del Sol siempre me ha gustado, me parece mágico, único, increible. Y me llevaron ellos, como a tantos otros sitios. Papá y mamá, quién sino? Ellos son quienes siempre nos han hecho descubrir cosas, nos han abuerto los ojos, han hecho que nos interesemos por todo un poco. Sin ellos yo no estaría donde estoy, porque no sentiría esta extraña curiosidad por el mundo que me come por dentro cuando estoy en casa. Lo cierto es que ellos despertaron esa curiosidad, o la sembraron. Pero hay más.



Hoy mi mente me ha llevado hasta ellos, por tantas razones, y por ninguna a la vez. Les echo de menos cada vez más, porque cada día que pasa me doy más cuenta de lo importantes que son en mi vida. He estado mirando fotos de nuestro último viaje juntos, a Estambul. Yo estaba en Dubai, ellos en Madrid, y en Estambul nos encontramos todos. Las hermanas, tío ] y tía P, los padres, mi A. Bueno faltaba L, pero porque él ahora tiene que estar a lo que está. Y bueno, queria imprimir alguna foto del viaje, y me he encontrado con dos fotos, tomadas con dos cámaras distintas, pero del mismo momento, desde distinto ángulo. Papá y mamá sentados en un murito al borde del Bósforo. Papá le da un beso en la nariz a mamá y ella se ve tan feliz y él tan lleno de amor. Me han dado ganas de llorar, me ha emocionado, me ha gustado ver la misma foto desde dos ángulos. Desde uno se ve la felicidad de ella, desde el otro el amor de él. Y es que así es la vida, distinta según el cristal a través del que la miramos.


Y como el día ha sido así de tonto y tenía la mente de paseo, he recordado mucho más que ese viaje. El espectáculo de la cena, del que hablaba antes, ha terminado con fuegos artificiales, y estos me han llevado de vuelta a mi infancia y mi adolescencia. A las fiestas del abuelo en Sela. A los mejores recuerdos de aquellos años, que siempre fueron felices, con sus más y sus menos, sí, pero muy felices.



Y he visto al abuelo feliz, riendo. Con una camisa color crudo de seda, los botones de arriba desabrochados y el calabrote colgando. Pantalón gris marengo finito, tal vez también de seda –nunca se me ha dado bien esto de los tejidos, no como a mamá-, caen perfectos. Igual que la camisa, que seguramente sea hecha a medida porque le va como un guante. Está perfectamente planchada. Un cinturón negro, hasta eso lo he visto claro, con ebilla dorada. El abuelo ríe mientras charla con los gaiteros que animan la Romería, su romería, su fiesta, la nuestra, porque la hacía por y para nosotros. En la mano tiene uno de sus bastones, no veo cual, porque la empuñadura está cubierta por su puño. Su pelo está perfectamente peinado, hacia atrás, sin gomina. Se sujeta solo. Su pelo. El que hemos heredado las hermanas. El que me gustaba acariciar mientras charlábamos en aquellos sus últimos y más amargos años. Cuando él me decía que no lo hiciese, que se lo despeinaba, coqueto hasta el último día.



Ese último día que yo no vi, de hecho no vi ninguno de los últimos. Y mucho tiempo he vivido con la pena y el peso y la culpa y la amagura de habérmelos perdido, pero también con la tranquilidad de saber que porque me los perdí, para mi él sigue ahí. Sigue en su salón, casi puedo verle en el de Rodríguez Marín, pero sé que está en el del 1º A o el del 1º B, según la hora, pero siempre calentito, con una manta suavecita y dos gatos trepando por los sofás. Me dice con orgullo tengo tu foto de la graduación encima de mi cama, no sé quien la colgó, pero ahí está, y me gsuta mirarla. Y a mi me gusta mirarle a él. Tan guapo como siempre fue, tan único, tan importante en mi vida. Cierro los ojos y le veo.



Cierro los ojos y mi mente, viajera hoy, llega hasta él, que sonríe y me guiña, coqueto, un ojo.
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