Con un toblerone y una cocacola me dispongo a llenar este folio blanco, a corregir el error de dejar de lado mi blog, a volver a conectar con quienes estáis tan lejos pero tan cerca gracias a estas líneas. No sé muy bien por qué pero me gustaría tener algún disco de Sabina aquí, y escucharlo ahora. Me apetece alguna de esas viejas canciones.... de las que me recuerdan a mi infancia, a los años de cole y uniforme, a las amistades que se convierten en familia.
Aquí han pasado los meses y hemos tenido tantas visitas que ya no recuerdo ni las fechas. Así es fácil que el tiempo vuele. Las familias, los amigos, mucho habéis pasado por aquí dejando tantos buenos momentos, y otros acabaréis viniendo porque este es un trocito del paraiso –como Sela es otro-. Y me hace pensar en el abuelo, que siempre decía que en Sela sólo faltaban Adán y Eva. Qué cosas, ya tenía yo a Adán conmigo antes de que él se fuera, pero no llegó a verle en su paraiso. Aquí sólo falta Eva, tal vez por eso muchos han tomado la estúpida costumbre de llamarme así, Eva.
Desde mi ventana veo a lo lejos la bahía, y todas las tardes me sorprende la puesta de sol justo detrás de los últimos edificios de la ciudad, donde se mezcla el cielo con el mar. Unos dias me sorprende esa montaña que aunque está justo ahí, la mayoría de los días no se ve, y después de tantos meses sigo sin saber por qué.
Han empezado las lluvias y los tifones. Hay días grises en los que parece que mañana nunca llegará, y por las noches las tormentas no me dejan dormir porque me agitan como a una niña. Con los pies en la cabecera de la cama y la almohada a los pies para ver mejor por la ventana, me maravillo con cada rayo y cada trueno. Se ilumina la habitación y juego a hacer sombras mientras con cada vibración le pregunto a Mr. A “¿lo has notado en el estómago?”. A veces él está tan fascinado como yo, otras no, pero los dos sabemos que después de la tormenta llega la calma. Y así, pasados unos días grises, llega el cielo azul y el sol arde con fuerza, como hoy.
Así que me voy con mi música a otra parte, a disfrutar del día, pero nos vemos por aquí de nuevo pronto.
Manila empieza a sonreírte, y a llamarte sir, tan pronto como aterrizas. Ya estás sudando, y comprendes por qué todo el mundo lleva una toallita o un pañuelo en el cuello de la camiseta.
Nadie parece hacerte caso, hay demasiado ajetreo en todas partes, y todos nos hemos convertido en atareadas hormiguitas en fila, que nunca chocan entre sí. Desde un mirador, te das cuenta de que es una ciudad demasiado grande, demasiado compuesta de vidas independientes como para comprenderla. Células que no parecen conscientes del todo que forman.
Pero Manila es una isla en un mar de islas. Más allá, campos tan verdes que a las vacas, atadas por la nariz al suelo junto a las cunetas, les da pereza pastar. “Total, la hierba no se va a acabar…”, piensan demasiado vagas para agacharse. La tierra apenas se adivina debajo, y más bien parece que la selva impenetrable se extienda hasta el centro de la tierra.
Cada casa de bambú tiene su propio coro de gallos, cada pueblo su legión de triciclos y jeepnies. En cualquier carretera puedes parar y comprar fruta, carne, gasolina, tabaco… Casi cualquier cosa que necesites, estará a tu disposición en ese puestecito, o el siguiente.
No hay demasiados europeos, así que suele llamarte la atención encontrarte con otros. En general, parecen estar tan alucinados como tú. Perfectamente integrados, por suerte conseguimos olvidarnos de nuestro color. Después de todo, Butch nos recordará siempre que su culo es tan blanco como el nuestro, incluso a pesar de su Jaguar.
En otras islas hay playas de postal con centros comerciales. Nada intrusivo, simplemente para tener algo que hacer después del masaje en la tumbona. Desde la piscina puedes ver bancos de peces nadando tranquilos en el agua cristalina. Las estrellas y el mar sería lo único que oyeses, si no fuera la noche del videoke (¿cuándo dejó de llamarse karaoke?) en la choza-bar del pueblo.
Al amanecer me pregunto qué sentirán realmente los delfines hacia los barcos, su estruendo, y su olor a diesel. Luego la banca te llevará a la choza-aeropuerto. Pero de camino, si quieres, puedes hacer un recorrido por las iglesias más antiguas construidas por los españoles. Por suerte, aquí no somos recordados como conquistadores sanguinarios. Los japoneses fueron más crueles hace menos tiempo, así que ya sólo vienen coreanos. La herencia española se respira orgullosamente incluso en el lenguaje, de forma casi inconsciente, y casi acabas contagiándote. La nobleza del caballero español se ha conservado aquí de forma casi salvaje.
Por lo menos, “El Adelantado” Miguel López de Legazpi -cuyos restos yacen “confundidos y revueltos” con los de su nieto y otros “héroes de la conquista”-tuvo el detalle de juntarse con un jefe local para beber ambos la sangre del otro. Fruto del cariño de tus huéspedes, integrado y empático, deseas con todas tus fuerzas que gane Paquiao, y que no se extingan los tarseros.
Hacia el final del viaje, te das cuenta de que aquí puedes incluso respirar debajo del agua. Descubrir que los peces-payaso también tienen sentimientos, y que en el arrecife eres también una torpe hormiguita, intentando no estorbar el caótico pero fluido tráfico. Bucear allí es un regalo que no se olvida fácilmente, y siempre daré gracias a la diosa de la magia que me transportó a ese mundo por primera vez.
Si tienes suerte, puedes salir de allí con un dragón como aliado silencioso, para no olvidarte de la herencia china que hace al filipino un ser calmado, sabio, sonriente.
Alguien me dijo una vez que si hay un lugar para encontrar tu alma, ese es Filipinas. De vuelta al gris, al marrón, a la ciudad seca y luminosa sin ningún espíritu selvático, te das cuenta de que en efecto, tu alma ha cambiado. Y te reconforta echar de menos otro aire, otra gente, otra forma de vivir. Sin duda, me conozco un poco mejor, y me gusto un poco más.
Tenía 7 años cuando un día al volver del colegio se encontró con su casa vacía, sólo quedaban dos colchones tirados en el suelo y unas maletas que nunca había visto antes porque ellos no podían permitirse viajar, y que parecían muy nuevas aunque ya estaban llenas.
Su madre andaba como loca de un lado a otro, muy alegre, y tardó en darse cuenta del asombro con que su hijo le miraba. De prisa, en dos zancadas, pasó de estar frente a la ventana a abrazarle diciendo “¡América! ¡Nos vamos a América!”.
“¿América?” pensó él. Sabía que estaba muy lejos, que cuando allá era de noche acá era de día, y que sus vecinos también se habían ido a América pero años antes, cuando él era un crío. Sabía que quienes van no vuelven, porque sus vecinos nunca volvieron, y porque su madre siempre le hablaba de ese gran país y del sueño americano.
Aunque todavía era pequeño, entendía bastante bien la situación, y no le hacía demasiada ilusión marcharse sin más, no volver a ver a sus amigos, a su abuela, ¿qué seria de su perro? Pero él era un niño listo y bueno, nunca se quejó.
Era tranquilo, de movimientos lentos e ideas rápidas. Alto para su edad y su raza, con manos grandes y dedos largos y esbeltos. Pasaron los años y él nunca se quejó, pero en cuanto pudo hizo sus maletas y se largó.
Se quedó un tiempo en Hawai, porque tantas veces le habían dicho que aquello estaba entre acá y allá, y aunque en realidad era allá se parecía más a acá. Le gustó, pero seguía teniendo una cuenta pendiente al otro lado del planeta. Así que volvió a hacer las maletas y tranquilamente regresó al que en su infancia fue su hogar. Nada era lo mismo porque todo había cambiado, aunque de alguna manera seguía siendo el lugar que tanto había echado de menos.
En América su madre estaba escandalizada. Le horrorizaba la idea de confesar en su grupo social que su hijo había vueto a aquel lugar del que ella había logrado salir tras un enorme esfuerzo.
Pero él era listo y bueno, de movimientos lentos e ideas rápidas. Alto para su raza, con manos grandes y dedos largos y esbeltos.
Un desconocido le ofreció trabajar para él en la empresa que acababa de crear. Así se convirtió en el primer empleado de una empresa nueva que apostaba por un innovador negocio en un país desconocido, incluso para él. Su madre se seguía lamentando, pero ya sabemos que él era listo. Años después se ha convertido en el mayor socio de su empresa, y es el Presidente de un negocio que crece a pasos de gigante aún hoy en pleno infierno económico.
Y su madre, su madre llora cada vez que le ve y le ruega que vuelva a América, aquel gran país, porque ella nunca se dará cuenta de que él ya es el mismísimo sueño americano.
Y es que nuestros sueños no son los de los demás, ni nuestra felicidad debe medirse por los estándares de otros. Unos siguen el camino que les han marcado sin quejarse porque aunque no son felices, tampoco son infelices; otros se desvían y se quejan sin cesar así que siempre andan entre la felicidad y la culpa; mientras, los más listos se limitan a seguir su propio camino y disfrutarlo.
Ayer le di a Evelyn algo de comida que nosotros no nos íbamos a comer y me dio las gracias añadiendo que así no tendría que comprar comida hoy y tal vez tampoco mañana. Como casi siempre, me dio qué pensar. Si compra comida a diario,significa que no tiene suficiente dinero para comprar para varios días, es decir, vive día a día, con lo que gana hoy come mañana, pero no pasado.
La gran mayoría vive así en Filipinas. En general no se mueren de hambre como en África, pero tampoco viven a gusto ni con seguridad, porque saben que hoy hay pan pero tal vez mañana haya hambre. La última ingeniosa idea del gobierno para suavizar el número de despidos es reducir drásticamente el número de horas que cada uno trabaja. Así, por ejemplo, en las fábricas trabajan en semanas alternas, o tan sólo dos días a la semana. Salvan puestos de trabajo, pero los sueldos caen vertiginosamente en un país en el que el salario mínimo es de unos 60 céntimos de euro la hora.
Siempre me ha llamado la atención que en los puestecillos que venden comida en la calle (una comida completa sale por menos de dos euros y siempre están a rebosar) la gente no compra latas de refrescos, sino que compra dosis. Me explica mi conductor cómo funicona la historia: por unos 15 céntimos de euro compras un refresco, que no una lata o botella, ni siquiera un vaso, es un poco menos, y te lo sirven en una bolsa de plástico, igualita a las de las chucherías de los niños. Si es para llevar, le hacen un nudo y te la llevas como si acabases de comprar peces en una tienda barata. Si es para tomar, le ponen una pajita dentro y la sujetas mietras te lo vas bebiendo. Bonito no sé, pero bueno y barato sí parece.
En las tiendas venden el champú, o gel, o crema de afeitar, en sobrecitos de una dosis, como si fuesen azucarillos o ketchup de cafetería. Es un poco como los móviles de prepago, compras lo que puedes y lo usas cuando lo necesitas, controlas el gasto e incluso lo reduces.
Hablando de prepago, han anunciado otra idea ingeniosa esta semana. A partir de ahora van a vender tarjetas de minutos prepagados de .... ELECTRICIDAD! No entiendo muy bien cómo va a funcionar esto, ni tampoco me parece muy cómodo. A ver, yo me lo imagino así, estás en casa cenando y se va la luz “anda, nos hemos quedado sin saldo. ¿Quién va a ver si queda alguna tienda abierta y compra una tarjeta de 60 minutos?”, pero esta parte ya a oscuras, con tu marido cabreado porque así él no puede comer, tus hijos dándose codazos a ver a quien le cae el muerto encima, el perro lloriqueando porque le da miedo la oscuridad... no sé, no me convence.
Lo que tengo claro es que no me gustaría una vida dosificada, con minutos prepagados de dignidad, sin saber qué pasará mañana.
Hay días en los que simplemente me apetece escribir. Teclear. Cualquier cosa. Y entonces las ideas empiezan a girar, a veces demasiado rápido, y quiero escribirlas todas. Como ahora, que Adam está cambiando de canal. Pone uno, lo deja unos segundos, cambia, lo deja unos segundos, cambia, un documental sobre gibones rescatados de la maldad humana, una partida de póker en la que gana uno con un pareja de 4s cuando el otro tenía pareja de reinas pero no supo ver el farol del contrincante, martha stewart cocinando no sé qué porque Adam ha vuelto a cambiar, una peli mala, Cops (Bad boys, bad boys Watcha gonna do, watcha gonna do, when they come for you), vuelta al póker y por una vez hay una mujer y todos los hombres menos uno llevan gafas de sol, CNN nos da el parte meteorológico para Asia y tenemos 34 grados en Manila, un desfile de moda con chicas delgadísimas pero preciosas que lucen una colección llena de movimiento, un culebrón local en tagalo pero cuya trama entiendo sin necesidad de palabras, otro documental, misa en tagalo, anuncios, anuncios, anuncios, en mtv un grupo de chicos asiáticos exagerademente afeminados, póker.
Mientras se suceden las imágenes en la televisión, las ideas se suceden en mi cerebro. Se ha ido mi jefa por fin, que alegría que Chris se lo haya pasado tan bien, que tal estará Mini en Londres, ¿y Pati?, que no se me olvide que es el cumple de Mar, dentro de poco sería el de mamie, que de cumpleaños en esta época, a ver si Evelyn termina con la plancha y me da un masajito, me duele un hombro, que bien he dormido este fin de semana, esas vistas desde la cama eran tan alucinantes que aún no me creo que el sábado me levanté a las 9 habiendo dormido sólo 5 horas, oh no he escrito horas “houras”, paso demasiado tiempo pensando en inglés, ¡Nay se va a China!, bueno y Jota viene aquí, también vienen mis hermanitas y parejas, ¡y los pobres padres al final después de todos los demás!, debería estar mirando vuelos para todos en internet, me duele la cabeza, Evelyn pasa por aquí pero no ha terminado, el apartamento estaba hecho un desastre, se ha ido mi jefa, que pena que ya no esté aquí Chris, que limpio y ordenadito está ahora todo, ¡masaje por fin!
Miro al mundo y me enfurezco de nuevo. Si en el pasado fueron los esclavos de Dubai, el hambre en el mundo, el cambio climático o los cobardes asesinos, hoy hay otras razones y voy a compartir una. Tal vez llego tarde porque ya no es noticia, ya no ocupa primeras páginas de periódicos del mundo, de hecho tal vez nunca las ocupó.
Zimbabue, lugar que he visitado y en el que he tenido una de las experiencias más increibles de mi vida, es hoy un país completamente hundido en la miseria mientras su presidente Mugabe, antiguo héroe nacional y personaje protagonista y clave en la historia reciente del país, celebra su cumpleaños con dos mil botellas de champán y 500 de wiskey, 8,000 langostas y 4,000 raciones de caviar.
Si miramos al pasado de Zimbabue, vemos una Rodhesia del Sur (el nombre viene de Cecil Rhodea, que dirigió la colonización inglesa de la zona a finales del s. XIX) rica en minerales y con una agricultura fuerte. Mugabe se conviertió en héroe nacional tras luchar por la independencia de su país y conseguir en 1980 que el poder fuese transferido a la mayoria negra (99% de la población). Mugabe pasó a ser el jefe del gobierno de la recién reconocida República de Zimbabue.
Sus primeros años en el gobierno (que a día de hoy no ha abandonado) fueron fructíferos y consiguió un desarrollo económico más que respetable. Cooperó con China y permitió que los granjeros ingleses permaneciesen en el país. Zimbabue llegó a ser uno de los mayores exportadores agrícolas de África. Mugabe también redujo el analfabetismo a menos del 10% de la población.
Hoy, pasada una década de prosperidad y otra en crisis, Mugabe sigue en el gobierno de Zimbabue, pero la imagen es muy distinta. Él se ha convertido en el clásico dictador borracho de poder, octogenario, corrupto. Zimbabue es ahora uno de los países más pobres del mundo: más de la mitad de la población se muere de hambre, el desempleo afecta al 90% de los adultos, la inflación es del 160,000%. Además, la esperanza de vida sólo alcanza la desalodora edad de 36 años, 65 de cada 100 niños menores de 10 años muere antes de superar esa edad (¡65!); y, para rematar, Zimbabue sufre el peor brote de cólera de su historia.
Mientras, Mugabe celebra por todo lo alto y sin ningún pudor su 85 cumpleaños. Cita El País un artículo de The Times cuando afirma que: “Un total de 4.000 porciones de caviar, 3.000 patos, 16.000 huevos, 3.000 tartas de chocolate y vainilla, champán francés y 8.000 cajas de bombones Ferrero Rocher” serán servidos en la fiesta de cumpleaños que promete superar a la del año pasado (¡que salió por 1,2 millones de dólares!).
Y una vez expuestos los hechos (con algo de opinión) de esta historia, dejo que cada uno piense en su conclusión. Y bueno, tal vez os ayude ver fotos de su casa....
Cosas insignificantes que sin embargo me hacen feliz:
-Las rayitas en la carretera que hacen tacatacataca y te tiembla el cuerpo
-Llegar al semáforo justo cuando se pone en verde
-Cuando voy en coche medio dormida y apoyo la cabeza en el cristal y el sol me calienta y me mece
-La lluvia cuando no llevo tacones y puedo permitirme que me empape
-La nieve si estoy en casa y no tengo nada que hacer
-Las chimeneas
-Dormir hasta tarde, a tu lado
-Escuchar una y otra vez esa música que siempre me hace sentir bien: ben harper, gotan project, jack johnson, saint germain, thievery, fat freddy’s drop, ojos de brujo, la mala, red hot chili peppers, sublime, tom petty, portishead, y tantos otros
-Papá cortando jamón con las gafas en la punta de la nariz y Vodkita, perrita fiel, a sus pies
-La risita que se le escapa a mamá cuando hace una interpretación libre de un comentario (y lo relaciona con algo sensual o sexual)
-Vivir al lado de todos mis primos
-Ver la cara de la gente cuando digo que tengo una hermana gemela
-Los esporádicos abrazos de mi hermano
-La casa de las Descalzas
-Sela
-El lomo ibérico, los huevos estrellados y el foie
-Las aceitunas, de cualquier color pero con hueso, acompañadas de patatas fritas y pepinillos
-Concinar, mínimo para dos
-Comerme la pasta mientras se cuece (de hecho, ir probando todo lo que cocino)
-Ben & Jerry’s Half Baked y Chunky Monkey, a medias contigo
-Las golosinas
-Tener ventana en el avión, a poder ser salida de emergencia
-Apretar el cinturón de seguridad en el avión porque estoy más delgada que el pasajero anterior
-Ver que aparece una ventanita en la pantalla del ordenador que sólo dice "...", como un suave toc toc toc en la puerta, y saber que es Jota
-Los libros que me enganchan y no me dejan dormir de noche para seguir leyendo
-El sonido de las olas del mar
-Nadar
-Ver y hacer fotos
-Contar una y otra vez cuántos países he visitado, y darme cuenta de que la mayoría han sido contigo
-Caminar descalza
-Encontrarme el cepillo de dientes ya preparado (con pasta y mojado) por mi Adam o mis hermanas
Y a ti, ¿qué cosas insignificantes te hacen feliz?
Como salidas de una película, hay escenas de la vida que no parecen reales, sino ideadas por un director o guionista.
En Madrid hace unos meses estaba yo en La Alegria cuando me creí parte de una peli de Almodóvar. Busqué al genio gordito pero no le encontré, ni tampoco su cámara. Estaba Fermín en la barra y Benito sirviendo menús del día en el comedor a rebosar de gente. Un murmullo constante como banda sonora. Una mezcla de olores despiertan mi apetito. En nuestra mesa, la de la esquinilla, lentejas de primero y de segundo lomo de cerdo con patatas y huevos fritos para todos, olé! si es que no se puede ser más castizo. Sentada en una banqueta compartía mesa con otro madrileño de pura cepa y un americano que se chupaba los dedos con la comida.
De pronto, Benito, que por aquel entconces no me conocía, se acerca a mi mesa, señorita. ¿Helena?, imaginen mi asombro, yo que estaba de incógnito para que no me tratasen de forma especial por ser la hermana de la alegría del barrio, tiene una llamada. Y yo, sin salir de mi asombro, sigo a Benito hasta la cocina donde Luci fríe sin descanso patatas y huevos y filetes y más patatas. Una cocina pequeñita, como de playmobil, en la que Luci es la reina de los fogones y se las apaña sin problema para preparar tres entrantes y tres segundos distintos cada día. Eso sí es arte.
Al teléfono la alegría del barrio, no podía ser otra. Charlamos un poco y vuelvo a mi banqueta blanca en la esquinilla. Se ha vaciado el comedor y quedan un par de hombres fumando un cigarrillo y bebiendo un carajillo. Ahora que me han desenmascarado Fermín se acerca a saludar, secándose las manos en el delantal, Benito le sigue. Ellos no me conocían, pero yo no estaba en La Alegría por casualidad sino por recomendación.
Sorprendentemente uno de los hombres asegura haberme reconocido, sí hombre sí, esta es la del Cinco Días, ¿verdad?, y tiene toda la razón. Es el Kioskero y descubro que tiene una memoria extraordinaria, han pasado por lo menos seis meses desde aquella contraportada. De pronto acaparo la atención de todos los allí presentes, todo hombres porque Luci aún anda en la cocina. La escena es de lo más peculiar, y yo sigo esperando a que aparezca Almodóvar.
Hoy sin embargo, en la otra punta del mundo, me he sentido como en una peli del gran Tarantino. De castizo poco. Todo lo contratio. Adam y yo con resaca, llevamos más de 15 horas sin comer y en el estómago un par de botellas de Rioja cada uno. Hace cuatro horas que estamos trabajando pero estamos que morimos y necesitamos comida, grasienta a poder ser. Lo único que coincide con la escena anterior son las patatas fritas. Son las 12:30 de un miércoles cualquiera, en un McDonalds de Manila. Y no es un McDonalds cualquiera porque al entrar nos ha tomado nota una chiquita muy amable, quien a su vez le ha pasado el pedido a la cajera. Mientras Adam paga yo busco mesa, misión imposible, está a rebosar. Milagro, se levantan unas niñas de uniforme y no han dado dos pasos que un muchacho ya ha vaciado y limpiado la mesa y con una sonrisa me llama. Al mismo tiempo aparece Adam con una camarera a su vera que lleva la bandeja con nuestra comida. Esto sí que es fastfood y fastgood. Cuarto de libra con queso en una mano, patata en la otra, me doy cuenta de repente de que estamos fuera de lugar. Alguna mirada indiscreta, susurros, sonrisas de quienes nos rodean confirman que ellos también lo notan. Adam con traje y yo con el vestido más sexy pero formal que tengo, maletín, taconazo. A nuestro alrededor decenas de niñas de colegio, con uniformes blancos que cubren hasta debajo de las rodillas. Algunas familias, bebés. Casi todos comen pollo o espaguettis, y arroz. Todos Filipinos, bajitos, pelo negro, ojos ligeramente rasgados, labios gruesos, piel oscura. Me parece como si de pronto ellos fuesesn todos un decorado y nosotros los protagonistas de una escena que sólo puede ser de película.
Un hombre o una mujer sin manos no se puede lavar la cara, ni atarse los zapatos, ni desabrocharse el uno al otro la camisa. No pueden mesarse los cabellos, ni taparse los oídos, ni abrir un libro, ni tomar una pluma. No pueden leer ni dibujar el rostro que acarician, ni quitar las legañas a un bebé. No puede, al salir de una pesadilla, frotarse los ojos con alivio, ni colocar la palma o el envés sobre la frente de su hijo para medirle la temperatura. Ni comprobar el grado de dureza de una fruta, partir el pan, recorrer con la punta del índice los versos de un poema. Ni señalar podrían un pájaro en un árbol, una libélula sobre el estanque, un dolor en un punto concreto del pecho o la garganta. No podrían sin manos una mujer o un hombre sacar un conejo de la chistera ni unas monedas del bolsillo ni pintarse las uñas, ni clausurar los párpados de los padres fallecidos con los ojos abiertos. Unos adolescentes sin manos no pueden masturbarse ni cogerse de la cintura, ni retirarse el pelo de la frente, ni quitarse los granos de la cara. No pueden sostenerse la cabeza al llorar, ni encender los primeros cigarrillos, ni alcanzar aquellas zonas del otro en las que el único órgano de visión competente son las yemas de los dedos. Un bebé sin manos no tiene dónde almacenar la memoria de la ropa interior de su madre ni la textura de sus pezones. Aún así, hay lugares en los que las manos no valen nada. Las cortan como quien poda, arrojándolas al medio de la calle, donde los soldados las pisotean con la neutralidad asombrosa con que nosotros pisamos las hojas del otoño. No cabe imaginar mayor crueldad ni lobotomía tan eficiente como la de arrancar del cuerpo las manos espantadas. Quizá no nos la merezcamos, al menos mientras nos quepan en la cabeza la posibilidad de que otros vivan sin ellas.
Para mi los ascensores y los centros comerciales son muy parecidos: aire cargado, luz artificial, vaivén constante de gente. No me gustan ni los unos ni los otros, y los evito siempre que puedo porque me provocan claustrofobia y me agobian.
Sin embargo, en este país he descubierto una similitud más: son como el metro. Si te esfuerzas pueden resultar de lo más interesantes, además de entretenidos. El lugar idóneo para llevar a cabo una disertación antropológica.
Creo que nunca antes había pasado tanto tiempo metida en ascensores, y empiezo a acostumbrarme. De momento he conseguido que nadie me toque, ni me roce, tal vez porque siempre soy la única mujer blanca en el ascensor. Además de blanca, le saco una media de una cabeza a todos los que van metidos en esa caja que sube y baja. Así que se mire como se mire, siempre impongo algo de respeto, y curiosidad, a todos los presentes. Pero esa curiosidad es recíproca.
A mi personalmente me llama la atención un poco todo. Empezando por lo bruscos que son a la hora de meterse en el ascensor, como si en ello les fuese la vida, cuando hay cuatro más que antes o después volverán a pasar por el mismo piso. En esto los filipinos son pequeños pero matones, y si te descuidas se te cuelan 10 o 12. Y no exagero. Hay que tener en cuenta que si en un ascensor normal la capacidad máxima es de unas 15 personas, unos mil kilos, aquí caben el doble porque son diminutos y peso pluma. De hecho, algunas mañanas en las que dormito mientras espero paciente mi turno, fantaseo con que van a aparecer Ana Obregón y Ramón García cantando aquello de ¿Qué apostamos?porque no es normal que tanta gente se meta en un ascensor por voluntad propia y sin recibir nada a cambio.
Lo que más me molesta es su estrategia para coger el ascensor a la hora de comer. Como los que bajan van llenos, pues se meten en el que sube, porque en algún momento bajará. Total que quien realmente quiere subir no puede porque los que quieren bajar llenan el ascensor que sube para después bajar. Vamos, que si no estuviese en el piso 19 subiría y bajaría andando con tal de evitar meterme en la lata de sardinas.
Volvamos al interior de la caja en hora normal, véase yo rodeado de unos 20 personajes diminutos que me miran como si yo fuese la rara. En Europa, la gente va a lo suyo y la mayoría suele mirar al numerito que va indicando por qué piso va. Aquí no. Aquí te miran sin piedad, como si fueses de piedra. Te examinan de arriba a abajo, y si vas hablando no se cortan en escuchar, incluso se giran para oírte mejor si llegas a un momento interesante.
Pero no a todos les llamas la atención, hay otros, estos siempre hombres, que intentan arrancarse los pelos del mostacho o la perilla con las uñas, algo que ya me daba asco en Indonesia pero que veo es práctica normal en el Sudeste Asiático. Muchos simplemente prefieren sacarse espinillas y granos, como si estuviesen en el baño de su casa. Sí, lo sé, esta es una imagen desagradable para quienes os lo habéis imaginado, pero pensad en mi que lo vivo a diario.
Por otro lado siempre está la estupenda que va con gafas de sol en el ascensor; la guay que las lleva tipo diadema; la recepcionista modernilla que cree que el móvil es un altavoz y que su música es del agrado de los demás; y el repartidor de turno que tiene el detalle de usar auriculares, aunque no sepa que si lleva el mp3 al máximo de volumen es tan molesto como la receptionista y su móvil.
Y luego estamos Adam y yo. A saber qué pensarán ellos de nosotros...
Sus manos recorren mi cuerpo con el mismo cuidado, tacto y dedicación que lo hacían hace unos años. Mientras ella se concentra en buscar nudos y contracturas, yo pienso en sus manos. Pienso en ellas y en todas aquellas que veo a diario aquí. Manos que van y vienen, que todo lo tocan. La mayoría son pequeñas, uñas cortas, piel oscura. A lo largo del día veo cientos de ellas. Manos que van y vienen. Casi todas mueven rápida y ágilmente su pulgar para escribir mensajes de texto. Otras trabajan sin descanso en tareas que me parecen cuanto menos inútiles, como las de ese señor mayor que cada mañana arreglan sin descanso sus periódicos tirados en la acera, o quienes ordenan sus sellos de caucho por tamaño y color aunque no los mire nadie. Manos que van y vienen. Algunas me desconciertan, como en el ascensor de la oficina donde cada vez que lo uso, sin execpción, veo a hombres y mujeres urgando su nariz, sacándose espinillas o quitándose caspa del pelo. Me desconcierta, me irrta, me descoloca. En los semáforos tocan mi ventana sin cesar, unas simplemente piden limosna, otras venden desde cigarrillos a estropajos, pasando por cacahuetes y empanadas, pero absolutamente todas tocan mi ventana de forma insistente, como si por eso les fuese a hacer más caso. Manos que van y vienen. Otras son impacientes y sus dedos galopan sobre las mesa o sobre los espejos del ascensor de antes, o contra las ventanas de los bares, ansiosas. Unas fuman, otras dirigen el tráfico, algunas rebuscan entre la basura. Pero las manos que ahora me tocan son bellas, sabias y fuertes y recorren mi cuerpo como si lo hubiesen hecho todos los días de mi vida. Sus manos son únicas y las reconocería en la oscuridad si me tocasen un sólo segundo. Sus manos no las cambiaría por otras.
Este vídeo me ha dejado alucinada, y no importa si ella misma escribió el discurso o si simplemente lo leyó con fuerza y con sentimiento. La traducción no es perfecta, pero el mensaje es lo que cuenta.
Y yo creía que este sería un año genial. Tan segura estaba que intenté convencer a todo aquel que me prestó su oído un rato. El resto del mundo quiso convencerme a mi de lo contrario, con argumentos de peso según ellos: crisis, recesión, desempleo.... No les hice caso, y esas razones siguen sin convencerme a día de hoy porque la economía no puede ni debe determinar nuestra felicidad. Sin embargo, en este momento me apetece gritarle al aire que este año es una mierda. Quiero llorar, quiero maldecir, quiero decir un taco detrás de otro hasta que ya no se me ocurra ninguno más.
Pese a todo sigo convencida de que este año nuevo va a ser de los buenos, de los que pasan a la historia de forma positiva, y nos va a hacer feliz. Aunque todo a mi alrededor diga lo contrario. No ha pasado ni un mes desde que celebramos la entrada de 2009 y prácticamente todos mis familiares y amigos han pasado ya un mal trago: muertes, accidentes, enfermedades. Pero me niego a reconocer que este año va a poder con nosotros y nuestra felicidad.
Entonces sólo me queda ser creativa, original, buscar una explicación y una solución para que no nos queden 340 días de desgracias. Y la he encontrado. Tal vez los chinos son más listos de lo que pensamos, o simplemente su calendario es el acertado. Y si de él nos fiamos, me alegra informar de que el Nuevo Año empieza.... mañana! Sí amigos, el 25 de enero, es decir hoy, es el último día del año de la Rata (que por cierto también explica porque “2008” ha sido un asco) y el 26 de enero empieza el año del buey.
Así que si entre el 1 de enero y hoy no has sido del todo feliz, aprovecha!Por qué no darle una oportunidad a este “nuevo” Año Nuevo? Celebra esta noche (aunque sea en privado, que la procesión vaya por dentro), y que mañana empiece una nueva etapa y un nuevo capítulo para todos. Y como he dicho muchas veces antes,
Una semana en Abu Dhabi, un par en España, otra en Estambul, dos en Filipinas, más de un mes alejada de mi blog. He echado de menos escribir, pero distintas circunstancias me han mantenido apartada. Y aún mejor, más de uno ha echado de menos mis posts, lo sé porque en el ultimo mes el blog ha tenido más de 140 visitas, y ninguna actualización! Lo digo con ilusión y satisfacción pero sin vanidad ni arrogancia.
En este mes han pasado muchas cosas. He estado en 4 países y tres continents, climas y temperaturas muy distintas. Las Navidades me han recordado que estoy más lejos de lo que me gusta reconocer y lo he notado porque me he sentido abrumada por la cantidad de cosas que tenía que hacer, gente a la que tenía que ver, llamadas que tenía pendientes… y eligo decir “tenía” y no “quería” porque en muchos momentos sentí más obligación que deseo. Demasiado que hacer en muy poco tiempo. En verano, por ejemplo, todo el mundo está más relajado, hace buen tiempo, haces las cosas “porque sí” y no “porque es Navidad”…
Sin embargo, ha habiado muchos y muy diversos buenos momentos, de esos que sí quería. Sólo vi a mi Nay un día para comer, pero qué bien comimos! Y a ella le hizo bien estar en su isla. Conseguimos juntarnos un montón de primos, sin que tuviese que hacer la primera comunión o casarse uno de nosotros. Simplemente porque sí, y nos lo pasamos pipa! (Desde aquí un besazo especial para David, que espero vuelva a leerme pronto). A Sandrita la vi brevemente pero fue más que suficiente para recordar por qué es una de mis mejores amigas aunque nos veamos una vez al año. Jota ha sido el amigo afortunado estas Navidades (suele serlo...) y nos hemos visto bastante, hasta conseguí convencerle para salir de Madrid y llevarle a la Sierra (aunque cambié todos los planes en el último minuto). Una cena de lo más divertida en una casa que me ha parecido terriblemente acogedora, tal vez por el número de belenes (otro beso muy especial desde aquí para ti Carlos, que espero me estés leyendo). La cena de fin de año ha sido distinta, casa nueva, distinta familia organizadora, y en mi opinión un triunfo absoluto, gracias!!
También ha habido gente a la que no he podido ver, llamadas que no he hecho, cenas a las que no asistí. Leire, Guio, Carmen, Silvye, Raúl, Jaime.... creo que es emjor no vernos a vernos mal y rápido, así que os debo una a cada uno, pero una de verdad, de calidad.
Otros estáis lejos incluso cuando yo estoy en casa... Chris, Mandy, Gergana, Rodolfo, los Jones y el resto del compound and so many more, estoy planeando un buen viaje a América tal vez a finales de año o en 2010, donde pienso pasar al menos un par de meses, e incluir Sudamérica en el recorrido.
A todos, gracias por estar cerca aunque estemos lejos. FELIZ AÑO y venid a visitarme!
Vuelvo a estar en Manila. La ciudad me ha recibido con lluvia y muchos recuerdos. He vuelto a hospedarme en el Peninsula, donde viví durante tres meses hace dos años. Caras conocidas, olores que me devuelven a otros tiempos. Las toallas siguen teniendo ese olor único, el agua nunca sale del grifo fría del todo aunque sea el mejor hotel de la ciudad (como dice mamá, siempre es mejor tener agua caliente y no fría que a la inversa!). Al ir a desayunar la segunda mañana he oído un grito de emoción y una voz que decía "Ms Alvarez, it's you!". Sorpresa, era Candy, la camarera que me servía el desayuno todas las mañanas. Después ha añadido "I always remember you, and your espresso with ice! Do you still drink it like that?". Dos minutos después tenía el cafe perfectamente preparado y servido delante de mi. En el Peninsula y en Manila viví, trabajé, sufrí, lloré, reí.... Y el destino me ha vuelto a traer, pero estos son otros tiempos.Se abre un nuevo capítulo en mi vida, como entonces se abría una etapa.
Son las 7 de la mañana de un sábado cualquiera cuando me despierta un sms. He dormido 4 horas y lo último que me apetece es acompañar a mi jefa a una reunión informal que presiento no llegará a ocurrir. Reconozco que el lugar para el encuentro me atrae, pero tengo sueño. Vamos a una carrera de camellos!
Me recoge tarde y estoy de mal humor, no me apetece hablar así que me hago la dormida, como cuando era una niña. Tengo mal despertar y más cuando a las 7 un finde me despierta un sms con una reunión de última hora en la que no pinto nada, lo admito.
Conducimos unos 45 minutos hasta llegar a la desviación 47 Al Wathba Racetrack. Y de repente, empezamos a ver camellos por todos lados, en grupitos de 3 o 4 con un hombre que los guía, unos a pie otros a camello, pero todos de piel oscura. Beduinos con turbante en la cabeza. Los camellos tienen la chepa cubierta por mantas, para que no pasen frío, sólo hace 19C grados. Su caminar es armonioso, mueven ligeramente el cuello, todo a un ritmo lento pero agradable. Parecen galgos. Sus patas son largas, las de detrás más que las de delante, lo que hace de su andar algo casi gracioso. También hay grupos grandes, como rebaños, 15 o tal vez más. Todos cubiertos con la misma manta, preciosa y limpia; están mejor cuidados sin duda que sus cuidadores. Deben de pertenecer a un jeque, por lo que me explican.
El paisaje es cada vez más singular, estamos en medio del desierto, pero hay decenas de granjas en las que viven camellos, y beduinos. Hay incluso un mini zoco. Cuando por fin llegamos al... Estadio? Pista? Camellódromo?... Las gradas están vacias y un hombre con acento francés, el único blanco y no árabe aquí, nos explica que nadie las usa porque desde ellas no se va nada. Hay una torre a la que podemos subir, o podemos seguir la carrera desde el coche. No, perdón, no desde el coche sino con el coche. Podemos seguir a los camellos durante la carrera, eso es lo que se hace normalmente. Debe de ver nuestra cara de incredulidad y desconcierto porque con el dedo señala algo en el horizonte, donde conseguimos adivinar una nube de polvo. Según se va acercando adivinamos que es polvo y coches. Mi jefa jura que no hay camellos pese a que yo insisto en que no los vemos porque son de un color parecido al de la arena del desierto, lo que provoca un efecto camaleónico, como si estuviesen camuflados.
Mientras tenemos esta discusión en la que ella está convencida de que me equivoco y yo de lo contrario, la nube se ha convertido en una veintena de coches, y al poco vemos a una veintena de camellos corriendo al lado de los coches. Me ha hecho madrugar, pero ahora me anoto un puntazo, in your face.
Nos acercamos con el coche a donde están todos los camellos y sus cuidadores, yo me bajo del coche para hacer fotos y ver de cerca lo que está pasando, pero ella se niega, somos las únicas mujeres aquí y dice que le asusta el ambiente... Whatever tía.Para la siguiente carrera consigo convencerla de que nos unamos a la diversión y sigamos la carrera con el coche. Y lo hacemos. Una veintena, o más, de coches conduce con los ojos en los camellos y no en la carretera. Se nota que lo hacen a menudo porque han desarrollado una habilidad exepcional para conducir de este modo sin chocarse. Nuestro conductor sin embargo sufre un poco ya que no quiere perderse el espectáculo, pero también necesita conducir con cuidado.
Ahora que los camellos corren me doy cuenta de lo ridículo que es este deporte. Juro que los cinco últimos camellos no tienen fuerza para correr, más bien se arrastran como pueden hacia la meta, que queda lejos porque son unos 7 kilómetros de recorrido. Van a unos 35km/h. Ahora ya no parecen seguir ningún ritmo armonioso. Se han convertiro en animales ridículos, como una parodia de sí mismo. Sus piernas no son proporcionales, por lo que terminan pareciendo bobos, con la baba literalmente colgando.
Pero lo que realmente me parece cómico, casi de forma sarcástica, es el robot que llevan en la chepa. Sí, sí, un robot. Hace un tiempo se prohibió el uso de jockeys porque los jeques utilizaban niños, que pesan menos que los adultos, y al parecer los tenían esclavizados, literalmente. Incluso el Jeque Mohammed de Dubai fue acusado de emplear a niños, que además eran mal tratados y estaban mal nutridos. Total que para que no haya más denuncias internacionales se ha decidido que ya no hay jockeys y usan una maqunita, pequeña, que para más burla tiene un látigo pequeño controlado con un mando a distancia, para fustigar al camello cuando no corre lo suficientemente rápido.....
Sobra decir que la reunión no llegó a ocurrir porque mi jefa se había equivocado, no nos habían citado en las carreras de camellos sino en las de caballos. Y ya ves, aquí estábamos nosotras esperando en el camellódromo, ¡la equivocación más normal del mundo oye!
Todo aquel que me conoce sabe que adoro los números y las listas. Los Top 5 y Top 10 entre otros. Me gusta hacer listas imaginarias, por ejemplo cuando no consigo dormir, y reconozco que van cambiando según el día, según mi humor. También me gusta preguntar y saber qué le gusta, disgusta, entretiene, aburre... a la gente. Top 5 libros, los mejores olores, ciudades... que sé yo, hay miles de listas que todos hemos hecho en algún momento. La revista Time acaba de hacer su Top 10 del año, y hay un top 10 para casi todo. Os invito a visitarlo y disfrutarlo, algunos no tienen desperdicio.
Poco a poco iré colgando aquí algunas de mis listas que, repito, cambian según el día. Tal vez alguno se anime a dejar su lista por aquí también...
Llueve. No, diluvia. No he visto llover con tanta fuerza, tanta pasión, desde Filipinas y entonces eran tifones.
Llueve. No, diluvia. Parece una bendición de los dioses, o de Ala, quién sabe. Llueve de una forma distinta, el sol tímido aún consigue asomarse entre las nubes que no cubren por completo el cielo. Los rayos son rápidos como... Bueno... Como el mismísimo rayo, y los truenos son ensordecedores, me vibran las entrañas y es una sensación casi divertida, un cosquilleo interesante.
Llueve. No, diluvia. La gente está feliz, o al menos los extranjeros, pero no alcanzo a ver a ningún emiratí. Todos reímos, parece contagioso. Uno comenta que le gusta la lluvia, y reímos todos, aunque no nos conocemos. Me rodea un grupo interesante: un pakistaní, un cingalés (juro que es el gentilicio para los habitantes de Sri Lanka!), un indio y un libanés. A todos nos recuerda a casa, porque hace frío y llueve y nos recuerda que las 4 estaciones existen, y simplemente parece invierno.
Llueve. No, diluvia. El aire, que no llega a ser viento, hace que llueva en paralelo al suelo y quienes llevan paraguas ya no saben si ponerlo encima de sus cabezas o frente a sus cuerpos, a modo de escudo. La mayoría se da cuenta de lo ridículo de la situación y ríe, mientras cierra sus paraguas.
Llueve. No, diluvia. Y debe de ser agua bendita porque de repente parece no haber barreras sociales, culturales, raciales o intelectuales. Parece como si fuésemos de nuevo todos ninos, en el patio del colegio, jugando bajo la lluvia y saltando en los charcos.
Llueve. No, diluvia. Y me gusta. Me recuerda a casa. Me recuerda a Nay, aquel día en que llovía como hoy pero en la Berzosa, y también reímos y saltamos en los charcos. Me recuerda a Sophie y a Mini porque hace años en Francia llovía como ahora pero con maldad y decidimos compartir cama mientras nos preguntábamos si sería el fin del mundo. Me recuerda a Adam porque otra tormenta con maldad nos pilló en una cabañita de madera en una isla de Filipinas, y mientras yo rezaba para que los miles de litros de agua no derribasen la cabaña, Adam dormía plácidamente. Me recuerda a Leti y a Loren porque si lloviese en Madrid hoy así se les caería el techo encima. Me recuerda a Jota porque hace poco llovió con tanta rabia en su barrio que el diluvio destrozó coches sin piedad.
Han sido muchas las ocasiones en las que hemos criticado a los distintos Emiratos, y sobre todo a Dubai, en este blog. ¿Por qué las economías jóvenes del Golfo, tan conservadoras en determinados aspectos, han decidido ser revolucionarias en otros? Y ¿por qué consideramos que se equivocan?
Yo tengo una teoría que es fácil de explicar como una historieta. Imaginemos que los Emiratos, por elegir uno de estos países, es un grupito de personas. Digamos chicas adolescentes, amigas de toda la vida. En los años 60 eran niñas y entonces estaban bajo protectorado del Reino Unido –su padrino por ejemplo-, y este se encargaba de su estabilidad y bienestar. Un día las niñas descubrieron que tenían un talento oculto, llamémoslo petróleo, mucho petróleo. Vamos, como si las niñas de repente se hubiesen presentado a un casting para formar uno de esos grupos de música bastante patéticos que todos hemos visto en la tele t no sólo grabaron un disco, sino que además de la noche a la mañana se volvieron mega famosas y ricas, muy ricas.
Entonces nuestras niñas ya convertidas en adolescentes le dijeron a su padrino que ya no le necesitaban, gracias por tu ayuda y hasta otra, ahora ya somos mayores y nos apañamos solas. Como es de esperar, no eran tan mayores ni sabían apañarse solas. Necesitaban madurar, pero el mundo no les dio tiempo, y ellas tampoco se lo pensaron mucho. De repente tenían lo que ellas creían era lo más importante en la vida: dinero y las unas a las otras!
Y como todas esas cantantes, artistas, actrices famosas a los 16 y sin padres que se preocupen demasiado por ellas, se fueron por el mal camino. ¿Y a quién culpamos? Ellas sólo querían ser como los demás a su alrededor, sin darse cuenta de que eran bien distintas. Y llegaron los excesos, pero no para todas porque cada una de nuestras chicas tenía una personalidad muy distinta.
Así que decidieron medio separarse, y probar suerte por libre, pero siendo por supuesto, “amigas para siempre”. Dos se quedaron atrás, Fujaira y Um el Kaiwan, y nadie sabe bien si porque eran más tímidas o porque no tenían ambición. También quedó claro desde muy pronto que con gran diferencia la que más talento tenía –o sea, petróleo- era Abu Dhabi. Y ella decidió tomárselo con calma, sin prisa pero sin pausa. Intentado establecer unos cimientos fuertes para su carrera, con algún que otro mini tropiezo. Y parece que le va bien, invierte su dinero con seguridad y acierto, y su carrera seguramente la llevará lejos.
Sharjah decidió que ella sería la más conservadora, y así le va. Es aburrida y no interesa a casi nadie, aunque ella intente venderse como la que de verdad representa a su cultura. Pero no se da cuenta de que esto es el showbusiness y la cultura por desgracia importa poco. Pero si ni si quiera se pone faldas o o vestidos para subir al escenario, siempre tan recatadita ella, y exige lo mismo de su público. Vamos, que el público es escaso y soso, como ella.
Ajmán y Ras el Jaima al principio también se durmieron en los laureles, pero hace unos añitos han despertado y parece que con un empujoncito del público extranjero tal vez despeguen. No tienen casi talento, pero consiguen gustar por otros motivos. Ajmán triunfa en Pakistán, donde aunque pocos lo saben hay gente con mucho dinero, y ella se deja querer y meter mano por cualquiera que le suelte un duro. Ras el Jaima es la guapa del grupo y se espabiló un poco antes, cuando la descubrieron los alemanes y los rusos. Intenta no perder el Norte, pero a veces se deja liar con tanta atención y tonteo.
Y luego nos queda Dubai, que seria un poco como Britney Spears antes de perder la cabeza y decidir raparse. Pero va siguiéndole los pasos muy de cerca. Vamos a ver, Dubai se dio cuenta de que tenia poco talento, que ya hemos quedado en que es el petróleo, pero también se dio cuenta de que gustaba, y mucho. No es la más guapa, pero sí la más atractiva. Y ella sabe hacerse querer y gustar. Aunque de cerca decepcione un poco.... Ella fue la que más se dejó influenciar por todo aquel un poco mayor que ella y que también tuviese dinero o que le comiese un poco la oreja diciéndole lo maravillosa que podría llegar a ser. Se lo creyó, empezó a prostituirse y a despilfarrar y se dio cuenta de que eso gustaba mucho más que su escaso talento.
Asimismo descubrió que tener a los medios de comunicación a las puertas de tu casa es la mejor publicidad –y gratis!-, así que cada cierto tiempo se reinventa a sí misma para seguir llamando la atención y que no nos olvidemos de ella. Primero fue el hotel de 7 estrellas en el mar, después las islas en forma de palmera, luego el mundo, ahora preparan el unvierso. Por supuesto todo lo que hace es más cool y más caro y más original y más más que el resto del mundo. Hace poco organizó la fiesta más cara del mundo, y eso que todos saben que su cuenta corriente está en números rojos!
Y lo malo es que nuestra Britney Dubai ha perdido el Norte y está gastando más de lo que tiene, y como ya no tiene padrino que la ayude... pues le pide a la más lista del grupo, Abu Dhabi, que es un poco como la madre del resto. Pero Abu Dhabi se ha cansado de tanta inmadurez e irresponsabilidad y le ha cerrado el grifo a Dubai.
Veremos con qué nos sorprende la semana que viene.... pero apuesto a que volverá a hacer de las suyas, y acaparará una vez más miles de miradas. No obstante, casi me da pena Dubai. Si aún no era mayor de edad y ya era rica y famosa... ¿qué más podíamos esperar? De un grupo de 7 ha salido una lista y responsable, que además era la que tenía talento; una conservadora; dos que han espabilado con el tiempo aunque son un poco tontitas y se dejan meter mano; otras dos se han quedado atrás, lejos del glamour y los focos y los flashes; y luego está Dubai, que casi se merece una historia por si sola.
¿No os da un poco de pena? ¿Acabará en un psiquiátrico o en Alcohólicos Anónimos?
Esta puede ser una de esas historias con final abierto, en la que el lector está invitado a imaginar, incluso compartir, su final favorito....
Tenía un par de posts en mente para hoy, pero se me ha liado el día y no he podido escribirlos. Ahora que me siento delante del ordenador esas ideas se han ido y lo único que se me ocurre decir es que quien defiende sus ideas e ideales con violencia, pierde toda la razón que podía tener un principio. Quien mata para hacerse oír, ese es un cobarde. Un cobarde y un hijo de puta, perdonen mi lenguaje... y por desgracia parece que en España tenemos unos cuantos, pero también en India, en Israel y Palestina, en Nigeria y en México, y un largo etcétera. Mire a donde mire, norte o sur, este u oeste, lo que veo no me gusta. Me da tanta pena y tanta rabia, me hago tantas preguntas, me siento perdida. ¿En qué mundo vivimos? No espero respuestas, ya no.
Decía una canción aquello de
Stop this world, let me off
(Paren este mundo, dejen me salir)
There's just too many pigs in the same trough
(Hay demasiados cerdos en el mismo comedero)
Stop this world, it's not making sense
(Paren este mundo, ha perdido su sentido)
Y ahí lo dejo, porque me duele el corazón y el alma, viendo a cobardes pegando tiros, o poniendo bombas, por ideales en los que tal vez ya ni creen.
Me he despertado pronto porque tenía calor y sed y además llamaban al timbre. Suena a mal despertar, pero no lo era en absoluto. Además los viernes me gusta madrugar porque es el único momento de la semana en que se oye calma y tranquilidad, es decir, no se oye nada. No hay obras, así que no hay grúas ni apisonadoras. No hay tráfico, así que no hay coches, ni camiones, ni cláxones. He abierto las pesadas cortinas que impiden que la luz del día entre en mi habiatción y mi primera sorpresa del día ha sido ver en el edificio de enfrente muchas ventanas abiertas. Sé que esto no sorprenderá a muchos fuera del Golfo, pero aquí es distinto.
La mayoría de las ventanas, como las de mi apartamento, no se abren. Están selladas con silicona o simplemente no tienen tirador. Las razones no me las ha explicado nadie, pero yo creo que se debe al calor y al polvo. Como estamos en el desierto, aunque a veces nos parezca mentira, hace calor casi todo el año y abrir las ventanas significa perder el fresquito de dentro de casa. El polvo no se nota ni se siente, pero está siempre ahí. Por ejemplo, si tiendes la ropa en la terraza, pronto aprendes que es una mala idea, a no ser que quieras volver a poner la lavadora...
Pero los vecinos al parecer si pueden abrir sus ventanas. Y si lo han hecho significa sin duda que fuera hace bueno. Esta semana las temperaturas han bajado y estamos ahora a unos 27 grados durante el día. Es muy agradable y casi parece primavera, aunque el cielo no es tan azul como el de Madrid y anochece pronto.
Así que el buen día acompaña a mi buen humor, y me apetece comer huevos con bacon, porque por fín he comprado cerdo –haram, ¡pecado!- y me encanta desayunar los fines de semana, cuando hay tiempo para preparar el desayuno sin prisas, disfrutar del olor del café preparado en mi clásica cafetera italiana que me acompaña en todos mis viajes de más de una semana: al Norte, al Sur, Francia, California, Pensilvania, Puerto Rico, Virginia, Filipinas, Indonesia, Egipto, Zambia, Dubai, Abu Dhabi, y alguno más que se me estará olvidando.
Me gusta preparar el café nada más levantarme, y oir como va saliendo del pitorrito y poco a poco dejar que su olor invada mi cuerpo y mi mente. Mientras voy sacando el resto de cosas de la nevera o de las estanterías, hoy pan de ese tipo de pueblo cortado en gruesas rodajas, un tomate, un diente de ajo, aceite de oliva y sal por un lado; por el otro bacon, dos huevos, una tostada de pan de cereales.
El café ya está listo, lo sirvo en una taza grande y le añado azúcar, para luego dejarlo de lado mientras se enfría un poco. Hoy sin hielo. Mientras el bacon se tuesta en el grill, rallo el tomate, le añado un chorrito de aceite y sal, lo mezclo bien y también lo dejo a un lado. Tuesto un pan y el otro lo pongo en la plancha. Me toca hacer los huevos, y la verdad es que soy malísima friéndolos. Se me rompen siempre y acabo haciendo huevos revueltos, pero lo que de verdad me gusta es mojar pan en la yema, así que quiero hacerlos fritos. He intentado el truco de romper el huevo en un vaso y luego verterlo en la sartén, pero tampoco me funciona. Aunque el día me sonríe así que ....
Primer huevo, ¡perfecto! No me ha quedado bonito, pero no se ha roto la yema (la clara un poquito, lo admito) y está en su punto ... mmmh. Vamos con el segundo. Lo casco en el vaso y ... no cae. Lo juro, esto es lo más raro y divertido que me ha pasado esta semana. Resulta que es un huevo duro, o hervido, y al cascarlo se ha roto sin problema por la mitad, de forma que la clara se ha dividido entre las dos mitades de cáscara y la yema se ha quedado entera, perfecta, preciosa, tan naranja en contraste con el blanco puro de la yema, en una de las mitades. Aquí están las fotos...
Total que sólo me como un huevo, porque si uno me ha quedado perfecto y el otro me ha dejado perpleja... seguro que es una señal. El café está delicioso, el bacon con el huevo saladito es una delicia, y el pan con tomate rallado es un manjar en estas tierras lejanas. Me quedan sólo un par de horas para que la ciudad vuelva a ser la de siemrpe, con ruido, obras, atascos, gente.... pero siempre tendré mi música para cobijarme y escapar de la locura de la metrópoli. Y aunque hoy me ha costado decidir qué me apetece escuchar, Saint Germain des Prés una vez más no me deja indiferente, todo lo contrario. Me alegra el alma.
¿Nos hemos vuelto todos locos? Al parecer son muchos, al menos 2000, los que no tienen ni vergüenza ni conciencia. El fin de semana pasado se celebró en Dubai la que se supone ha sido la fiesta de inauguración más cara de la historia, y cerraba una semana en la que la bolsa de ese mismo Dubai había perdido 30.000 millones de dólares y cientos de empleados de empresas relacionadas con la propiedad y la construcción habían sido despedidos como consecuencia de la cancelación de más de 45 proyectos hace 15 días..... pero oye, esto es Dubai nena y aquí de lo que se trata es de ser más y mejor que el resto del mundo, y si hay que celebrar en plena crisis, ¡pues se celebra! Y a lo grande... y ya se pagarán las consecuencias con lo que presten los vecinos. Hasta que los vecinos cierren el grifo...
La inauguración era de un hotel de 7 estrellas que no pienso nombrar –al parecer un paraíso para niños y nuevos ricos, ya ves tú- en una de esas islas artificiales construidas por miles de esclavos del siglo XXI, ¿estarían ellos presentes en la inauguración? Sarcasmos aparte, cabe destacar que entre los 2.000 invitados a la fiesta no había empleados de Kenzer International (la empresa dueña del hotel junto a Nakheel, alias el gobierno de Dubai). Y es que al parecer el mismísimo Sr. Kenzer fue el encargado de elegir y dar el aprobado una a una a las 2.000 personas –o debería decir VIPs y superestrellas- invitadas. Las malas lenguass dicen que sólo aquellos con una utilidad específica o que podían servir de algo estaban invitados, incluso los directivos y altos cargos de la empresa fueron recibidos solamente si estaban dispuestos a servir comida y bebida a los invitados...
Vamos con lo más esncadaloso: la fiesta costó entre 20 y 35 millones dólares, de los cuales unos 14 millones fueron para los fuegos artificiales. Por supuesto, estos fueron los más espectaculares de la historia –suena tan a tópico por esta zona- superando a los de la ceremonia de apertura de las pasadas Olimpiadas en China, y los organizadores prometen que el millón de fuegos pudo verse desde el espacio, yo lo dudo.
El Sr. Kezner hizo unas declaraciones en días anteriores a la fiesta que motivaron este post. Según él, semejante fiesta estaba totalmente justificada, aún cuando su empresa acaba de despedir a 800 empleados en un hotel similar en Bahamas y al parecer las cosas en el de Dubai podrían ir por el mismo camino. La forma en que razona este señor es la siguiente: una fiesta de tal calibre es como unas Olimpiadas, sirven para llamar la atención del público a nivel mundial y promocionan ciudades, países o territorios. Además, 20 o 30 millones no representan nada, según él, cuando el hotel ha costado 1.500 millones... ¡a mí me parece que todo esto tendría que ser ilegal! O por lo menos pecado, en una zona tan coservadora y religiosa como esta. ¡¡Por Dios y por Ala, si hasta Linday Lohan y su novia estaban invitadas en un país musulmán!! Haram – Pecado (esto es por criticar, que nadie me mal interprete...).
Y ya que estamos con cotilleos, aplaudo a Ben Affleck que rechazó la invitación a la fiesta y se fue de misión humanitaria al Congo.
Pero ojaláotros eventos llamasen tanto o más la atención de los medios y del público como fiestas llenas de champagne y estrellas de hollywood. La misma semana en que se celebraba esta fiesta en Dubai, Abu Dhabi inauguraba un evento todavía más caro, y con mucha menos cobertura mediática: las 6as Olimpiadas Especiales –Special Olympics-para niños y adolescentes del Norte de Àfrica y Oriente Medio. Casi el mismo número de invitados y participantes que en la fiesta de Duabi, unas 1800 personas representaron a 23 países en 12 deportes distintos. Estas Olimpiadas han sido las más espectaculares en la historia de los juegos regionales, desde su primera edición en El Cairo en 1999.
Sin embargo, organizar semejante evento no es fácil, y tampoco lo es conseguir que los invitados –atletas, entrenadores, cuidadores...- hagan realidad su sueño de participar. Por desgracia, resulta casi imposible conseguir sponsors en el sector privado, las empresas no se mojan, porque este evento no llama la atención de casi nadie. Así que este año el Gobierno de Abu Dhabi, ni corto ni perezoso, se ha decidido por ser el patrocinador principal de los Juegos y ha cubierto todos los gastos relacionados con ellos, desde los billetes de avión a los hoteles, pasando por las comidas y el transporte in situ, o visitas organizadas durante la semana que han durado las Olimpiadas.
Entiendo que no es fácil ni práctico organizar algo semejante. La mayoría de los hoteles se han negado a hospedarles, y creo que sólo cinco han aceptado. Entre ellos está el mio y el de un amigo. Al parecer los destrozos son importantes, paredes pintadas, moquetas destrozadas, cuadros y espejos rotos.... todo daños materiales. Pero si pudiéseis ver sus ojos y sus sonrisas, lo entenderíais. Compartí ascensor con muchos de ellos varias veces a lo largo de la semana que pasaron aquí y cuando se desabrochaban la cremallera de sus chaquetas de uniforme para enseñarme sus medallas.... ¿qué puedo decir? Me sentía tan orgullosa de este sitio, de la familia real, de los chavales que con su emoción despertaban la mía y conseguían que se me escapasen grandes sonrisas y alguna lagrimilla.
Por desgracia nadie ha oido hablar de estas Olimpidas, porque estas no eran las de Pekín, ni se gastaron 14 millones en fuegos artificiales y otros muchos en langosta y champagne. Y porque a la gente le interesan los famosos, sus vesitdos y joyas, y el glamour. Así es el mundo y así es la vida.
Me estoy comiendo un bol de helado de vainilla. Definitivamente no me gusta, nunca me ha gustado. Hoy me ha dado por intentarlo de nuevo, más que nada porque cada vez que abro el congelador veo la caja de Haagen Dazs. Y cada vez que veo la dichosa caja, recuerdo que si está ahí es porque tú no estás. La compré para ti, para las 23 horas que pasamos juntos hace 10 días, pero claro, en 23 horas no pudiste acabar con ella. Y ahora parece que me persigue por la casa, recordándome una y otra vez tu ausencia. Y no, no me gusta, pero pienso comerme lo que me he servido, y mañana repetiré, y al otro también, hasta que acabe con todo el helado, que no es más que una triste sombra que me persigue y me recuerda cuan sola me siento a veces.
Luego estás tú, tu nuevo tú, que también me persigue, no como una triste sombra si no más bien como un alegre gato. Me recuerdas a Gala, Klimt, Lolo, Liu.... o más bien a la idea que tengo de ellos porqueyo nunca he tenido uno. Así que te comparo con los que conozco y con como les imagino actuando en torno a sus dueños, aunque la realidad pueda ser muy distinta.
Recibo tus mensajes en el móvil y me parece como que restriegas tu cuerpo contra mis piernas, te deslizas entre ellas, las acaricias mientras te acaricias, juegas, es algo sensual pero no sexual, sólo quieres llamar mi atención y a la vez satisfacer tu necesidad secreta de cariño. Tus emails, en los que no dices mucho pero yo lo entiendo todo, aparecen en mi pantalla como si se tratase de un gato un tanto celoso de mi ordenador. Me parece como que saltas sobre mi teclado para ahí acostarte y acomodarte mientras me miras con esos ojos que inevitablemente me recuerdan a Filipinas.
Esos tus ojos son tan azules que tus pupilas se asemejan a islas perdidas en mitad del océano. Aunque se me ocurre a menudo que en realidad se esconden para poder observar y aprender sin ser vistas, sin llamar la atención. Sin embargo ese mar de paz y tranquilidad que te rodea no te ayuda a desaparecer, más bien al contrario.
Y son precisamente esos tus ojos en los que yo encuentro la calma que tanta falta me hace a veces, y son también ese faro que me guía cuando estoy perdida, y son esa isla en la que me gusta desaparecer.
Pero hoy no los tengo, ni te tengo, sólo tengo este triste bol de helado de vainilla que me sabe demasiado dulce, para una noche tan amarga.
Estoy en Omán, en un hotel de cinco estrellas que apesta a turista y expatriado, especialmente británicos y alemanes y, sorprendentemente, franceses. Muchos viven aquí o en Emiratos, y pasan los fines de semana en familia en el hotel. Otros tantos visitan el golfo y creen que por aterrizar en el aeropuerto y coger un taxi al hotel en el que se van a encerrar durante unos días, con una salida casi obligada al palacio y el zoco, ya han visitado el país y saben algo de su cultura. Me ahogo viéndoles en el brunch del hotel y decido que tengo que salir cuanto antes.
En receptción me ayudan a organizr un viajecito para visitar cuanto más mejor, y que me permita hablar con gente. Es dificil porque es viernes, día dedicado a la oración o la familia, pero es hoy cuando estoy aquí y no mañana ni ayer. Un día da para poco pero Mascate es una ciudad muy pequeña, insisten.
Una vez en el coche le pregunto al taxista como se llama el gorrito típico que llevan los hombres y me contesta cap, gorra o sombrero en inglés. Gracias... Pero me refiero al nombre en árabe. Dice algo que entiendo se escribe kim'a, con una i y una m largas. Ahora se que es kimah. Le confieso que me gusta más que el pañuelo que llevan los emiratís en la cabeza, porque ese me parece demasiado ostentoso. Se gira y sonríe pero no dice nada, y sé que muchos omanís sienten respeto y admiracion por sus vecinos, que han sabido pasar de ser poco más que dunas y palmeras, a urbes del s XXI de las que todos hemos oído hablar y que reciben millones de turistas al añ. Otros omanís están orgullosos de su país, porque ha sabido crecer y desarrollarse a un ritmo tan impresionante como el de sus vecinos, pero no han perdido ni su identidad ni su cultura.
El taxi me lleva hasta el palacio del sultán e intenta convencerme de que le contrate para todo el día, y no me cobra la espera. Quiero caminar, le digo, y me mira con la misma cara de asombro y de incredulidad que los del hotel. No es porque sea una mujer sola, sino porque aunque es Noviembre hace 35C grados y la humedad es intensa. Me recuerda que el palacio está a unos 5 kilómetros del centro de la ciudad y que entre medias no hay mucho que ver ni que hacer, más que caminar por la carretera que bordea el mar. Lo sé y no me importa, al contrario, me apetece.
Es cierto que las calles cercanas al palacio estan vacías, pero no creo que se deba a que es viernes, sino a que tampoco hay mucho que hacer o que ver aquí si no se es turista. Me impresiona el contraste de colores, el azul intenso del cielo, el gris plateado de las montañas que todo lo rodean, el blanco puro de los edificios. Además, hay flores, plantas, cesped, por todos lados, al menos alrededor del palacio. Me sorprende ver pájaros de todos los tamaños y colores, y aún más su canto. No recuerdo haber oído un sólo pájaro piando en los 10 meses que he pasado en Emiratos.
Veo varias mezquitas, me apasionan, de siempre. Tan blancas, y casi siempre con la parte de superior del minarete y las cúpulas azules o verdes. Están tranquilas porque no es hora de ir a rezar.
Según me voy alejando del palacio las calles se van estrechando, ahora son de polvo y todo parece grisáceo u ocre, colores tan típicos del desierto. Las casas son modestas, de una o dos plantas, con ventanas pequeñas. muchas tienen una antena parabólica en el tejado, que es plano porque aquí rara vez llueve.
Hay poca gente por las calles, casi todos son hombres o niños. Uno de éstos lleva tres minutos agachado, asomando la cabeza debajo de un coche. Cuando me acerco veo que está intentando coger un gato que ahí se esconde y cuando él me oye, se gira y decide abandonar su incomoda postura y venir hacia mí. Se sacude el polvo que queda en sus rodillas, y en ese instante el gato sale disparado de debajo del coche. Senñlo con el dedo y le aviso, pero él no me entiende y se limita a repetir, the cat, the cat, hasta que llega a mi altura y me pide un rial -2 euros-. Yo le ofrezco un caramelo y de primeras parece contrariado, pero se lo piensa y decide cogerlo. Cuando lo hace se sonroja un poco y pone cara de duro, como si no le gustase parecer lo que realmente es, un niño.
Aparecen otros chavales a la vez que un coche pasa a nuestro lado, despacio, con las ventanillas abiertas, asientos tapizados con colores dorados y música árabe. Aún sin quererlo ha levantado una polvareda que hace que el niño tosa y yo cierre los ojos.
Al final de la calle una señora da voces y los niños salen corriendo. Doy media vuelta cuando me parece entender que está hablando en inglés, dice do you want tea? No puede estar hablándome a mi.... O sí? Me giro con más curiosidad que otra cosa, y ella está ya casi a mi altura. Me habla a mí, me pregunta a mí, me invita a mí. Sé que sería de mala educación rechazar su oferta, pero tampoco sé si debo. Ella me tiende su mano, teñida de henna, y yo la agarro. Me guía hasta su casa, la del fondo del callejón. Es humilde, pequeña, con muchas alfombras, una foto del sultán enmarcada preside el salón. Huele a incienso, o eso me parece, pero este olor sólo pretende cubrir otro, el de pescado. Adivino que su marido es pescador también porque hay varias redes secando en la entrada.
Al cabo de unos instantes vierte agua hiviendo en dos vasos pequeños de cristal, y me explica que el té caliente aliviará el calor de mi cuerpo y me permitirá seguir mi paseo más a gusto. Después empieza a hablar y a reír y sólo entiendo partes de lo que dice. Adivino que se queja porque los hombres se pasan el viernes en la mezquita o en el bar, también bebiendo té, mientras ella pone orden en la casa. Ella es maestra. Pese a que tiene el cabello cubierto, su cara queda destapada, pero no sé calcular su edad. Sus ojos están fuertemente perfilados y son de un marrón intenso, pero no van con el resto de ella, tan humilde. Su abaya es sencilla, y está impecable, algo que siempre me llama la atención en estos países en los que hay mucho polvo, y el bajo de la abaya inevitablemente se arrastra por el suelo.
Cuando vuelvo a salir a la calle hace mucho calor, pero es cierto que me siento más a gusto. Ella me despide desde la puerta. He intentado darle algo de dinero, para los niños le he dicho, pero ella se ha negado y me ha dicho que le devolveré la invitación cuando visite España. Las dos sabemos que eso nunca ocurrirá, pero no he dicho nada.
De camino hacia el mar he parado a hacer unas fotos desde lo alto de la muralla, que parece no llevar ahí mucho tiempo, como si la hubiesen plantado para los turistas. Oigo un ruido y cuando me giro veo un soldado, uniformado y armado. No sé si estoy en un lugar prohibido, y se lo pregunto. Con una sonrisa dice it’s ok y me pregunta de donde soy. Parece que en Omán a todos les gusta España, y creo que lo único que conocen es Madrid y Barcelona, por el fútbol claro! Él me dice que prefiere al Barcelona, y se siente avergonzado cuando le digo que soy de y del Madrid. Pero a mí no me importa, me basta con que sepan donde está mi país. Sé que en España mucha gente no tiene ni idea de donde está Omán, y no sabrían decir cuál es la capital.
Ya de psaeo por la corniche, en dirección al “centro de la ciudad”, cada taxi que pasa pita, creerán que me he perdido... el mar huele muy fuerte. Es azul oscuro y está algo sucio en esta zona en la que no hay bañistas. A lo lejos veo barcos de carga enormes, y otro de crucero de esos de lujo.
Me cruzo con varias personas, alguna que otra pareja de omanís, y todos, absolutamente todos, me saludan. Siento sudor corriendo por mi espalda tras más de media hora caminando con el sol en la nuca. Parece que todo se va a animando, cada vez veo más gente, pero siguen siendo mayoritariamente hombres y niños. Muchos de ellos están pescando, pero no son pescadores, simplemente disfrutan de su día libre. Los barcos de carga están ahora mucho más cerca y son aún mayores de lo que había imaginado de lejos.
Un grupo de hombres paquistanís ríe escandalosamente mientras se hacen fotos. Cuando llego a su altura me enseñan un erizo de mar enorme, negro, que mueve sus púas con evidente hastío, si es que un animal puede sentir algo semejante. El zoco está justo enfrente, pero está cerrado hoy por ser viernes. No obstante hay un grupo de hombres jóvenes sentados en las escaleras, riendo y fumando. Todos parecen alegres, será porque es su día libre, o por el buen tiempo, o tal vez por vivir tan cerca del mar, que parece que todo lo calma.
Cuando por fin llego de vuelta a mi hotel decido ir a la playa. El sol empieza ya a ponerse. Atravieso los jardines y piscinas, que están llenos a rebosar de aquellos expatriados y turistas. Sus voces y risas son chillonas, tal vez por el alcohol que han ingerido durante horas al sol. Muchos niños corretean y juegan felices. Al llegar a la playa me quedo completamente desconcertada y fascinada con lo que veo. La marea está baja y cientos –cientos- de niños, adolescentes y adultos juegan al fútbol. Miro a la izquiera, y después a la derecha, y todo lo que veo son esos cientos de hombres corriendo de un lado a otro. Son distintos grupos, muchos partidos al mismo tiempo.
Todos parecen tan felices, todos comparten una cosa, su amor por este deporte. Parecen ser de varias nacionalidades, pero todos árabes. No hay europeos, al menos yo no veo ninguno, y son todo hombres execpto por una mujer, que está sentada en un murito junto al que intuyo es su marido. Él me mira constantemente, no le gusta que tenga una cámara en las manos, y terminan por irse. Soy la única mujer, rodeada por cientos de hombres que en ningún momento se dan cuenta de mi presencia. Llevan camisetas y uniformes del Barcelona, Madrid, Manchester, Arsenal, Brasil.... y así se va poniendo el sol, mientras ellos siguen a lo suyo, dándole a la pelota, disfrutando de lo que queda de luz.
Ayer, un día después de colgar este post, Pilar decidió que era su momento y se apagó. Este post va para ella, porque cuando yo la conocí ella ya había vuelto a ser una niña. Porque ella nos hacía reír, como mamie, cuando nos contaba que había hablado con un pajarito esa misma mañana, o cuando susurraba con cuidado que los vecinos hacían magia negra y lo sabía porque humo de colores salía de sus ventanas por las noches.
Este post también va por ella porque desde el primer día que fui a su casa ella me recibió como si fuese una más de sus nietas, porque sus abrazos y besos siempre me supieron a los de una abuela, porque estaban llenos de amor y de cariño. Porque en aquella época mi mamie estaba lejos y yo nunca había tenido una abuela a diario, hasta que la tuve a ella. No la he visto en mucho tiempo, pero recuerdo perfectamente su mirada, también de niña traviesa, y su piel tersa, con el pelo peinado hacia atrás. Adiós Pilar.
Volver. La escena en que Raimunda -Penélope Cruz- se arrodilla para descubrir a su madre escondida debajo de la cama. La he visto varias veces e inevitablemente lloro todas y cada una de ellas. Los ojos de Carmen Maura, su mirada, esa mezcla de alegría y de miedo, expectante, porque la reacción de su hija determinará sin duda la suya. Esos ojos de niña traviesa también, como si fuese ella la hija descubierta en plena travesura. Esa mirada que tanto me recuerda la de otra madre que era mi mamie, en sus últimos meses, que yo no recuerdo como amargos, sino como aquellos en que por fin la tuve día y noche, y en los que nos hacía reir a menudo. Y es que precisamente en esos meses ella también parecía una niña, haciendo a veces de las suyas.
Hay tantas anécdotas de ese tiempo en el que poco a poco se iba apagando, como una vela que se queda sin cera o sin oxígeno. Caminaba despacito, arrastraba un poco los pies, tenía 94 años y la cabeza en su sitio prácticamente siempre. También conservó el oído -aveugle peut-être, mais sourde... soude non!- hasta el final, y en cuanto oía un ruidito se levantaba para ver quién más estaba despierto. La pobre se aburría despierta en la cama, pero una vez levantada tampoco tenía mucho más que hacer. Con el paso de los años leía cada vez menos, hasta que ya ni el periódico le interesaba. Mamá intentaba levantarse y salir sin que ella la oyese, pero casi nunca lo conseguía y entonces, cuando se daba cuenta y oía sus pies arrastrándose extraordinariamente ágiles, instintivamente se escondia debajo de la mesa para que su propia madre no la descubriese. Todavía veo a mamie con cara de desilusión al ver que no había nadie, y a mamá debajo de la mesa debatiendo entre asomarse o reirse.
A veces cuando venían amigos a casa ella no se daba cuenta de que no les conocía, y debía de pensar que no les reconocía, así que fingía y les decía cosas tipo "si si, bien sur que je me rappelle, quand tu étais petit on rigolé toujours de ton grand nez"...! Menos mal que ellos sabían que no se conocían!
Por aquella época empezó a emitirse Gran Hermano en España y, la verdad sea dicha, las mujeres de la casa -de la mía claro, no de la de Guadalix- nos enganchamos. Mamie ni lo soportaba, ni lo entendía, ni lo aprobaba, pero no le hacíamos caso. El morbo del voyeur era mucho más fuerte que su sensatez y sentido común. Entonces se levantaba de su sillón, iba al baño, y volvía con los oídos tapados por improvisados tapones hechos con papel higiénico. Giraba su sillón de forma que le daba la espalda a la tele, y nos miraba satisfecha, como pensando yo ni lo veo ni lo oigo, y nosotras nos reíamos con ganas, porque sabíamos que tenía razón!
Ya muy al final, cuanto papá llegaba a casa ella se ponía en pie y nos pedía que la emulásemos porque, según ella, llegaba Mr le President.... Nunca nos quedó claro si nos tomaba el pelo o no, ni tampoco de qué era el Presidente. Lo que estaba claro era que el Presidente había tomado, temporalmente, el lugar de Tonton -son petit- porque este seguía en Francia. A veces hasta aplaudía a Mr le President, dios sabe por qué, pero nos hacía reír.
Recuerdo con especial ternura cuando llegaba a casa y ella estaba echada descansando. Entonces yo iba a su habitación y despacito le decia Mamie, c'est Helene, la belle Helene, y hasta el último dia juro que esta frase hacía que sonriese mientras abría despacito los ojos, que parecían pesar toneladas. Era ella quien me decía de pequeña lo de la belle Helene, y yo quien sonreía, pero es que ahora la niña que sonreía era ella.
Y llegó el día en que se apagó, con sus 94 años y casi un siglo de experiencias y vivencias a sus espaldas. Alguien sopló delicadamente mientras ella dormía. Era, como tiene que ser, otoño y sin duda el momento justo para dejarnos e irse a descansar. Pero yo sé que sigue aquí, no sé si a mi lado en la cama, o en el sillón del salón junto al abuelo sentado en el Chester verde, pero la siento con fuerza. Y sonríe.
Voy en un taxi que no está muy limpio pero huele bien, con un conductor pakistaní que me ha regañado por pararle en una rotonda. Llevaba 20 minutos sin ver un coche pasar, así que tampoco me pareció muy peligroso. Es viernes y han llamado a la oración un par de veces ya desde que me he levantado. Por eso no hay taxis, ni coches. Los viernes son el día libre por excelencia y los que trabajan no suelen empezar hasta las cuatro.
Conducimos por la corniche, tenemos que seguir bordeándola hasta el final, hacer un gran giro en Emirates Palace, y un poco más allá acabará el trayecto. La música que escuchamos me parece india, pero es pakistaní. Canta un hombre y a diferencia de las voces de mujer, esta me gusta y me relaja.
Hemos pasado por la playa, que aunque es una, está divida entre la de hombres, la de mujeres, y la de familias. La canción cambia, pero la música suena casi igual, y me parece como si le hubiesen puesto una buena banda sonora a mi paseo por la corniche en un dia en que, excepcionalmente, este sitio me fascina.
Veo mujeres en bikini, solas y acompañadas. Ríen, duermen, nadan. Hay otras en grupos con el cabello cubierto por velos y pañuelos, y éstas sí que ríen con ganas, junto a hombres algunas. Un padre con dish-dash camina de la mano de su hija pequeña, mientras otra algo mayor patina a su lado. Adivino que pronto tendrá que cubrirse,en cuanto empiece a menstruar, como manda la tradición. Hombres con yilabas están sentados en los bancos del paseo, casi todos charlan animadamente, mientras tienen las piernas cruzadas y los pies descalzos sobre los bancos.
Mujeres con abayas pasean, otras están sentadas en toallas sobre la arena. Un par de hombres parecen escoltar a un grupo de mujeres completamente cubiertas por sus burkas. No son emiratis, porque aquí no se lleva burka. Hace calor, y me pregunto si ellas estarán acostumbradas ya a siempre tener que ir cubiertas hasta la punta de la nariz. Llevan incluso guantes, también negros. Es curioso, los hombres que las escoltan no llevan dish-dash, ni tan siquiera pantalones largos, llevan bermudas. Pero hoy, como ya he dicho, admiro la diversidad, la faceta multicultural de esta ciudad en la que prácticamente todo está permitido. Respeto. Yo te respeto, tu me respetas, es la única ley no escrita que todos conocemos. Hoy no juzgo, sólo observo, como si fuese el decorado de una peli.
La música me gusta, pero me molesta oir al taxista mascando chicle. De vez en cuando se gira y me pregunta cosas que sé no le interesan. Dos preguntas se repiten en cada taxi, cada tienda, cada restaurante, cuando se atreven a preguntar. American? Siempre digo que no, y a veces digo que Spanish,do you like football? Madrid? Barcelona?.... Así a veces surge una conversación que mata el tiempo y el silencio. Otras no. La segunda pregunta es Married? Antes decía que no, pero hace tiempo aprendí que es mejor decir que sí, y por eso ya ni me sonrojo cuando miento. Creo que nunca nadie se ha fijado en que no tengo alianza....
Este no me ha preguntado lo de married ni yo lo del fútbol. Pero ha terminado una canción y ese segundo de silencio antes de que la música volviese a sonar me ha parecido incómodo. Así que le he preguntado, where in Pakistan? Qué más da, si tú no conoces Pakistán, me ha soltado. Y tiene razón, pero ha empezado él preguntando si American, y él tampoco conoce América.... Al llegar le he dado una propinita, más que nada porque iba a pagar 6 con 100, así que le he dicho que se cobre 10 y aunque sé que no le ha hecho gracia, ha preferido quedarse sin cambio y ganarse los 4.
De vuelta, según cierro la puerta de este otro taxi, ya estoy oyendo el American?, con acento Pakistaní. Sonrío, por dentro y por fuera. Este no tiene música, ni tan siquiera la radio está encendida. Los asientos están recubiertos de plástico tipo hule. Normalmente me disgustan pero hoy voy vestida de forma que no lo toco así que lo tolero. No, Spanish, le contesto. Instantáneamente se gira y me dice Spanish? very good, very very good, con una gran sonrisa que de repente me descubre unos dientes blancos perfectos. Le doy las gracias por el cumplido, sólo Alá y él sabrán por qué tan very good. Yo le he preguntado por Pakistán y él me ha dicho que no es tan good como Spain, pero que es su país y a él le gusta. Echa de menos las estaciones del año y no le gusta que sea siempre verano.... fíjate, al final vamos a tener algo en común, además de la dentadura blanca.
Poco a poco está oscureciendo, el coche va despacio, para a menudo, y es que el tráfico los viernes por la tarde es un infierno. Spanish, very very good, dice mientras pone música. Casi no me lo creo, es Manu Chao – I'm the king of Bongo baby I'm the king of Bongo-bong………
Es curioso, aquí siempre es de día, o eso parece. Es increible eso de despertarse todas las mañanas del año, todas, con sol.
Unos días, los menos, dejo las cortinas abiertas al irme a la cama, porque la luz del sol hace que me despierte más fácilmente. Otros, la mayoría, odio esa luz que me despierta a deshora y dejo las cortinas bien cerradas, entonces no entra ni un rayito de sol.
Muchos de esos días me da por pensar que tal vez al otro lado de mis tupidas cortinas el cielo está nublado, o que no ha amanecido todavía, y que el invierno ha llegado, pero en cuanto me despisto recuerdo donde estoy y que todo eso no es posible.
Otros días el aire acondicionado está demasiado frío y sé que he dormido encogida y bien tapada, y entonces deseo que fuera llueva y de verdad haga frío, sin tener que fingirlo!
Pero lo que está claro es que rara vez me despierto pensando que me apetece salir a la calle a disfrutar del clima, porque odioeste clima. Sol 364 días al año suena muy tentador, lo sé, pero esa no es toda la verdad. Hoy, 4 de noviembre, ha hecho 37 grados. La semana pasada, algo así como el 28 de octubre, hizo 42C! En Agosto pasamos los 50C...! y bueno, no menciono la humedad porque se me corta la respiración.
No obstante, esta noche volveré a cerrar las pesadas y oscuras cortinas, volveré a taparme hasta la nariz –esta siempre queda al aire y la noto fresquita cuando me despierto-, y volveré a dormirme esperando un milagro: que mañana sea invierno y la ciudad esté cubierta de nieve.
No sé si sucederá, pero tal vez sí, porqueesta noche todo es posible, esta noche el mundo puede cambiar, y como tal, mañana muchos de nuestros deseos podrían empezar a cumplirse....
Resulta que hoy se elige al 44º presidente de EEUU, ¿y qué? pensaréis muchos. ¿Alguien lo ha pillado ya? Mi primo Juanito tal vez..... pues que hoy es el 4 de noviembre, 4.11, o lo que es lo mismo: 4x11.... 44!!!
Me puede la ansiedad y sé que no voy a dormir en toda la noche, aunque hasta mañana poco vamos a saber del resultado de las elecciones.... pero me consuela saber que no seré la única que pasará la noche en vela.
Si gana Obama, me pregunto cómo celebrará, teniendo en cuenta que su abuelita se ha muerto.... espero que los Republicanos no achaquen la victoria demócrata a esta noticia...
Dejo las elecciones y todo tema un poco serio a un lado, porque sí, porque me da la gana. Hoy no pienso escribir sobre nada, porque no me da la gana, ya lo he dicho. Sólo me apetece escribir lo que va pasando por mi mente que hoy anda de paseo. Escritura automática creo recordar que se llama. Pero qué más da...
Y es que hoy mi mente me la está jugando, hoy está caprichosa. Va de un lado a otro, y lomismo me emociona que me distrae, me entretiene o me entristece. Hemos ido hoy a una cena de esas a las que hay que ir por trabajo, y ha resultado ser agradable. Era en el Emirates Palace, que uno de los hoteles de súper lujo en Abu Dhabi que mencionaba aquí mismo el otro día. Resulta que habían contratado a distintos artistas para entretener la noche. Nos ha sorprendido a todos porque esperábamos algo aburrido, largo, empalagoso como sólo lo árabe sabe ser. Pero no.
Ha habido un espectáulo de esos de seda tipo el Cirque du Soleil, en el que una pareja hace equilibrios y ejercicios impresionantes sujetos a un trozo de seda! Me ha recordado a mis padres, mucho. Me ha recordado a ellos no porque sean artistas ni equilibristas, sino fueron ellos, como no, quienes me llevaron por primera vez a ver el Cirque du Soleil.
El Circo del Sol siempre me ha gustado, me parece mágico, único, increible. Y me llevaron ellos, como a tantos otros sitios. Papá y mamá, quién sino? Ellos son quienes siempre nos han hecho descubrir cosas, nos han abuerto los ojos, han hecho que nos interesemos por todo un poco. Sin ellos yo no estaría donde estoy, porque no sentiría esta extraña curiosidad por el mundo que me come por dentro cuando estoy en casa. Lo cierto es que ellos despertaron esa curiosidad, o la sembraron. Pero hay más.
Hoy mi mente me ha llevado hasta ellos, por tantas razones, y por ninguna a la vez. Les echo de menos cada vez más, porque cada día que pasa me doy más cuenta de lo importantes que son en mi vida. He estado mirando fotos de nuestro último viaje juntos, a Estambul. Yo estaba en Dubai, ellos en Madrid, y en Estambul nos encontramos todos. Las hermanas, tío ] y tía P, los padres, mi A. Bueno faltaba L, pero porque él ahora tiene que estar a lo que está. Y bueno, queria imprimir alguna foto del viaje, y me he encontrado con dos fotos, tomadas con dos cámaras distintas, pero del mismo momento, desde distinto ángulo. Papá y mamá sentados en un murito al borde del Bósforo. Papá le da un beso en la nariz a mamá y ella se ve tan feliz y él tan lleno de amor. Me han dado ganas de llorar, me ha emocionado, me ha gustado ver la misma foto desde dos ángulos. Desde uno se ve la felicidad de ella, desde el otro el amor de él. Y es que así es la vida, distinta según el cristal a través del que la miramos.
Y como el día ha sido así de tonto y tenía la mente de paseo, he recordado mucho más que ese viaje. El espectáculo de la cena, del que hablaba antes, ha terminado con fuegos artificiales, y estos me han llevado de vuelta a mi infancia y mi adolescencia. A las fiestas del abuelo en Sela. A los mejores recuerdos de aquellos años, que siempre fueron felices, con sus más y sus menos, sí, pero muy felices.
Y he visto al abuelo feliz, riendo. Con una camisa color crudo de seda, los botones de arriba desabrochados y el calabrote colgando. Pantalón gris marengo finito, tal vez también de seda –nunca se me ha dado bien esto de los tejidos, no como a mamá-, caen perfectos. Igual que la camisa, que seguramente sea hecha a medida porque le va como un guante. Está perfectamente planchada. Un cinturón negro, hasta eso lo he visto claro, con ebilla dorada. El abuelo ríe mientras charla con los gaiteros que animan la Romería, su romería, su fiesta, la nuestra, porque la hacía por y para nosotros. En la mano tiene uno de sus bastones, no veo cual, porque la empuñadura está cubierta por su puño. Su pelo está perfectamente peinado, hacia atrás, sin gomina. Se sujeta solo. Su pelo. El que hemos heredado las hermanas. El que me gustaba acariciar mientras charlábamos en aquellos sus últimos y más amargos años. Cuando él me decía que no lo hiciese, que se lo despeinaba, coqueto hasta el último día.
Ese último día que yo no vi, de hecho no vi ninguno de los últimos. Y mucho tiempo he vivido con la pena y el peso y la culpa y la amagura de habérmelos perdido, pero también con la tranquilidad de saberque porque me los perdí, para mi él sigue ahí. Sigue en su salón, casi puedo verle en el de Rodríguez Marín, pero sé que está en el del 1º A o el del 1º B, según la hora, pero siempre calentito, con una manta suavecita y dos gatos trepando por los sofás. Me dice con orgullo tengo tu foto de la graduación encima de mi cama, no sé quien la colgó, pero ahí está, y me gsuta mirarla. Y a mi me gusta mirarle a él. Tan guapo como siempre fue, tan único, tan importante en mi vida. Cierro los ojos y le veo.
Cierro los ojos y mi mente, viajera hoy, llega hasta él, que sonríe y me guiña, coqueto, un ojo.
Este anuncio me ha gustado. Aunque no es costumbre que el candidato a presidente de un partido ataque directamente al candidato a la vicepresidencia del otro.... los demócratas lo han hecho, y lo han hecho bien. Atacan a Mc Cain, y de paso a Palin, o al contrario....
Esta mañana me he despertado con mal cuerpo, entre sudores y escalofríos, un poco perdida. He pensado en volver a cerrar los ojos y volver a dormirme, pero entonces lo he visto claro, la razón de mi mal despertar, la cara de quien me había aterrorizado en sueños: Sarah Palin.
Y es que desde hace unos días tengo claro que estas elecciones las va a ganar Obama, y eso me alegra (espero no equivocarme). Pero me asusta pensar que Sarah Palin ya está pensando en las elecciones de 2012, y que se ve como la candidata republicana a la Casa Blanca...!Seguro que lo habéis oido antes, tal vez lo habéis leido en el peridódico, o en internet. Yo pensaba que era imposible, pero cuantas más vueltas le doy, más sentido tiene.
Sarah Palin llevasemanas desmarcándose de Mc Cain, asegurando que ella lucharía con más fuerza y habilidad contra Obama. ¿Está Sarah intentando mandar un mensaje a los republicanos? ¿Usará estas declaraciones y esta fuerza en 2012 como parte de su campaña? Palin ya se ha ganado a buena parte de los republicanos más conservadores, y a los más ignorantes, que por desgracia son muchos. Son aquellos que creen que Obama es un terrorista y que debería ser condenado por traición. Son aquellos que tal vez intenten asesinarle si gana las elecciones.
Para quien no se crea que lo de Palin es probable y factible, ya hay incluso pegatinas y posters que apoyan la candidatura de Palin 2012. Y es que aunque ella no es muy inteligente, sabe que las elecciones del próximo martes están casi perdidas para los republicanos. Y tal vez sea eso lo que ella prefiere. Si en dos meses Palin ha pasado a ser uno de los nombres más pronunciados en el mundo, más buscados en google, e incluso más parodiados en la TV americana, imaginad lo que puede hacer en 4 años!
Sé que muchos estáis pensando ¿pero quién va a votar a Palin? Y la respuesta evidentemente empieza con los republicanos más conservadores. Depués vienen esas madres, conservadoras también, que no soportaban a Hillary pero que adoran a Sarah porque esta es madre y gobernadora, y va a los partidos de Hockey de los niños, y se parece a la vecina de al lado, y no es más inteligente que ellas, y está en contra del aborto sin que las circustancias cuenten, y aborrece el matrimonio homosexual, o incluso la simple idea de una pareja del mismo sexo. Y esto tiene mucho tirón en la América profunda, entre los millones de redneck, los millones que votaron dos veces a George W Bush, no lo olvidemos.
Y hablando de Bush, hay mucho en común entre él y ella, tanto como para darnos mucho en qué pensar. Ninguno de los dos es brillante, ni tan siquiera inteligente. No saben mucho de política internacional, ni tan siquiera han viajado. La economía no es su fuerte. Vienen de estados ricos en petróleo, y han utilizado sus puestos en el gobierno para sus intereses personales. Además, los dos son extremadamente religiosos. Y aquí merece mención el hecho de que Bush cree firmemente que Dios habla con él y que Palin quiere que los libros escolares de Estados Unidos incluyan el hecho de que Adam y Eva ya vivían en el planeta Tierra cuando los dinosaurios.... y que fue Dios quien creó la Tierra y el Universo, nada de Big Bang amigos!!
Por último, Palin y Bush tienen una cosa más en común y es el hecho de que los dos son populistas, gustana la gente porque les recuerdan al vecino de al lado, y por consiguiente representan el sueño amerciano. La gente normal se puede identificar con ellos fácilmente. Además, y muy a mi pesar, Palin parece tener atractivo y carisma innatos, es una de esas personas que durante un mitin electoral gusta y mucho, la gente aplaude y se pone en pie constantemente. No por lo que dice, ni muchísimo menos, es más bien su desenvoltura, su confianza en sí misma, su determinación, y su sentido del humor.
Si Bush fue presidente 8 años tras ser elegido democráticamente dos veces.... y a Palin la adoran en los mismos estados en los que él triunfó, las mismas personas... Segundas partes y remakes nunca fueron buenos, pero siempre tuvieron éxito.Que tiemble el mundo.
Dejo las elecciones a un lado para hablar, casualmente, de un ex-candidato a la presidencia –Al Gore- y de un proyecto que me ha llamado la atención.
La ONG Acción contra el Hambre ha puesto en marcha una iniciativa muy interesante, a través de la cual pretende conseguir el apoyo de miles de personas en el mundo entero para convencer a Al Gore, ni más ni menos, de que apoye y protagonice un documental que ya tiene nombre: No Hunger. Tanto la campaña como el documental pretenden acabar con la denustrición infantil en el mundo, un objetivo ambicioso sin duda. El primer paso es conseguir concienciar al mundo, y especialmente a gobiernos, instituciones y multinacionales.
Cuando hablo de desnutrición infantil hablo de 55 millones de niños en todo el mundo. ¿Sabes cuántos mueren cada año?5 millones. 5.000.000. Cinco. Se calcula que 3.000 millones de euros serían suficientes para salvar a los 55.000.000. ¿Pero qué son 3.000 millones? Para que te hagas una idea...
es lo que gastaremos los españoles en juegos de azar online este año
o el valor de los artículos que los alemanes roban en tiendas anualmente
o lo que ha costado construir el hotel Emirates Palace en Abu Dhabi
o la quinta parte de la fortuna de Amancio Ortega
o simple y llanamente 75 euros por español
o que cada españolito done 1,5 euros a la semana durante un año
Sin embargo esta campaña no pide dinero. Simplemente pretende que dejemos de mirar hacia otro lado y seamos conscientes de lo que está pasando en el mundo. Sólo este año se han sumado 75 millones de personas a la lista de hambrientos. Sólo en un año! Hay muchas razones por las que la gente pasa hambre: pobreza, falta de acceso a alimentos, la crisis mundial, alza del precio de los alimentos.....
Tal vez te preguntes por qué Acción contra el Hambre ha elegido a Al Gore para esta campaña. Lo cierto es que él consiguió con An Inconvenient Truth que más de medio mundo se preocupase por el calentamiento global y el cambio climático (menos el Sr. Aznar, que no se lo termina de creer) y que ahora sea una “moda” intentar proteger nuestro planeta. Al Gore fue premiado con un Oscar y el Nobel de la Paz por dicho documental. Señoras y señores, está claro que estamos hablando de un tipo con un atractivo indiscutible, con un poder mediático inigualable, y con los contactos necesarios para conseguir dar un paso adelante en la lucha contra el hambre.
Te pido que dediques cinco minutos a pensar en este post. Tal vez sea suficiente para convencerte de que apoyes el proyecto y firmes la carta para Al Gore. Si yo no te he convencido, siempre me queda la esperanza de que lo haga el trailer que han preparado para el documental.....
¿Tiene alguien la llave del futuro de Estados Unidos? Quien quiera que sea elegido presidente el martes próximo lo va a tener difícil. Son malos tiempos, ya lo decía el otro día. Tiempos difíciles -me recuerda a la canción de VacazulVienen Tiempos, no sé por qué.... -.
Cuando Bush "ganó" sus primeras elecciones, allá por el año 2000, nadie sabía lo que se le venía encima, ni lo que se nos venía encima a nosotros... El 11S todavía quedaba a unos meses en el horizonte. Y me dio casi lástima que el pobre George se encontrase en tal marrón. Porque yo estoy convencida de que él no es malo, sino tonto. Y como es poco listo ha tomado decisiones erróneas, casi siempre influido por otros. Él simplemente quería que su papá se fijase en él, que papá le diese el visto bueno, porque su hermano Jeb siempre había sido el favorito. Pero George W no estaba hecho para ser presidente, sino para ser uno de esos perderdores de buena familia que deberían limitarse a no llamar la atención y aprovecharse del dinero de la familia...
A lo que iba. Ahora es dintinto. Hoy sabemos que el próximo presidente de EEUU va a encontrarse con una situación bastante jodida. Y lo que es más, se espera mucho de él porque Bush deja a EEUU en su peor momento en lo que a imagen y relaciones internacionales se refiere. En casa las cosas tampoco están mucho. Dónde queda ahora el sueño americano? Entre conflictos internacionales y crisis económica, sumados al eco de los gritos de la comunidad internacional, parece que por fin la mayoría de los estadounidenses se ha decidido por un cambio. Por eso estas elecciones son cruciales. Y es que con Obama sí habrá cambio ~ YES WE CAN ~. Con Mc Cain, aunque él lo niegue, nos enfrentamos a 4, y tal vez 8, años más de lo mismo. Es algo que ni EEUU ni el mundo pueden permitirse.
En otras elecciones he animado a la gente a votar, en general. Que se acerquen a la urnas, y voten. Cada voto cuenta, por mucho que suene a tópico, y no vale luego quejarse cuando uno no se ha molestado en votar! Pero eso este año es distinto, y por eso animo a que todos aquellos que con vuestro voto podéis cambiar las cosas ~ YES WE CAN ~, a que lo hagáis. Obama for President!