domingo, 14 de diciembre de 2008

Carreras de Camellos en Emiratos


Son las 7 de la mañana de un sábado cualquiera cuando me despierta un sms. He dormido 4 horas y lo último que me apetece es acompañar a mi jefa a una reunión informal que presiento no llegará a ocurrir. Reconozco que el lugar para el encuentro me atrae, pero tengo sueño. Vamos a una carrera de camellos!


Me recoge tarde y estoy de mal humor, no me apetece hablar así que me hago la dormida, como cuando era una niña. Tengo mal despertar y más cuando a las 7 un finde me despierta un sms con una reunión de última hora en la que no pinto nada, lo admito.
























Conducimos unos 45 minutos hasta llegar a la desviación 47 Al Wathba Racetrack. Y de repente, empezamos a ver camellos por todos lados, en grupitos de 3 o 4 con un hombre que los guía, unos a pie otros a camello, pero todos de piel oscura. Beduinos con turbante en la cabeza. Los camellos tienen la chepa cubierta por mantas, para que no pasen frío, sólo hace 19C grados. Su caminar es armonioso, mueven ligeramente el cuello, todo a un ritmo lento pero agradable. Parecen galgos. Sus patas son largas, las de detrás más que las de delante, lo que hace de su andar algo casi gracioso. También hay grupos grandes, como rebaños, 15 o tal vez más. Todos cubiertos con la misma manta, preciosa y limpia; están mejor cuidados sin duda que sus cuidadores. Deben de pertenecer a un jeque, por lo que me explican.

























El paisaje es cada vez más singular, estamos en medio del desierto, pero hay decenas de granjas en las que viven camellos, y beduinos. Hay incluso un mini zoco. Cuando por fin llegamos al... Estadio? Pista? Camellódromo?... Las gradas están vacias y un hombre con acento francés, el único blanco y no árabe aquí, nos explica que nadie las usa porque desde ellas no se va nada. Hay una torre a la que podemos subir, o podemos seguir la carrera desde el coche. No, perdón, no desde el coche sino con el coche. Podemos seguir a los camellos durante la carrera, eso es lo que se hace normalmente. Debe de ver nuestra cara de incredulidad y desconcierto porque con el dedo señala algo en el horizonte, donde conseguimos adivinar una nube de polvo. Según se va acercando adivinamos que es polvo y coches. Mi jefa jura que no hay camellos pese a que yo insisto en que no los vemos porque son de un color parecido al de la arena del desierto, lo que provoca un efecto camaleónico, como si estuviesen camuflados.
























Mientras tenemos esta discusión en la que ella está convencida de que me equivoco y yo de lo contrario, la nube se ha convertido en una veintena de coches, y al poco vemos a una veintena de camellos corriendo al lado de los coches. Me ha hecho madrugar, pero ahora me anoto un puntazo, in your face.
























Nos acercamos con el coche a donde están todos los camellos y sus cuidadores, yo me bajo del coche para hacer fotos y ver de cerca lo que está pasando, pero ella se niega, somos las únicas mujeres aquí y dice que le asusta el ambiente... Whatever tía. Para la siguiente carrera consigo convencerla de que nos unamos a la diversión y sigamos la carrera con el coche. Y lo hacemos. Una veintena, o más, de coches conduce con los ojos en los camellos y no en la carretera. Se nota que lo hacen a menudo porque han desarrollado una habilidad exepcional para conducir de este modo sin chocarse. Nuestro conductor sin embargo sufre un poco ya que no quiere perderse el espectáculo, pero también necesita conducir con cuidado.
























Ahora que los camellos corren me doy cuenta de lo ridículo que es este deporte. Juro que los cinco últimos camellos no tienen fuerza para correr, más bien se arrastran como pueden hacia la meta, que queda lejos porque son unos 7 kilómetros de recorrido. Van a unos 35km/h. Ahora ya no parecen seguir ningún ritmo armonioso. Se han convertiro en animales ridículos, como una parodia de sí mismo. Sus piernas no son proporcionales, por lo que terminan pareciendo bobos, con la baba literalmente colgando.

























Pero lo que realmente me parece cómico, casi de forma sarcástica, es el robot que llevan en la chepa. Sí, sí, un robot. Hace un tiempo se prohibió el uso de jockeys porque los jeques utilizaban niños, que pesan menos que los adultos, y al parecer los tenían esclavizados, literalmente. Incluso el Jeque Mohammed de Dubai fue acusado de emplear a niños, que además eran mal tratados y estaban mal nutridos. Total que para que no haya más denuncias internacionales se ha decidido que ya no hay jockeys y usan una maqunita, pequeña, que para más burla tiene un látigo pequeño controlado con un mando a distancia, para fustigar al camello cuando no corre lo suficientemente rápido.....























Sobra decir que la reunión no llegó a ocurrir porque mi jefa se había equivocado, no nos habían citado en las carreras de camellos sino en las de caballos. Y ya ves, aquí estábamos nosotras esperando en el camellódromo, ¡la equivocación más normal del mundo oye!




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Listas, números, Top 5 y Top 10


Todo aquel que me conoce sabe que adoro los números y las listas. Los Top 5 y Top 10 entre otros. Me gusta hacer listas imaginarias, por ejemplo cuando no consigo dormir, y reconozco que van cambiando según el día, según mi humor. También me gusta preguntar y saber qué le gusta, disgusta, entretiene, aburre... a la gente. Top 5 libros, los mejores olores, ciudades... que sé yo, hay miles de listas que todos hemos hecho en algún momento. La revista Time acaba de hacer su Top 10 del año, y hay un top 10 para casi todo. Os invito a visitarlo y disfrutarlo, algunos no tienen desperdicio.


Poco a poco iré colgando aquí algunas de mis listas que, repito, cambian según el día. Tal vez alguno se anime a dejar su lista por aquí también...
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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Llueve en el desierto

Llueve. No, diluvia. No he visto llover con tanta fuerza, tanta pasión, desde Filipinas y entonces eran tifones.

Llueve. No, diluvia. Parece una bendición de los dioses, o de Ala, quién sabe. Llueve de una forma distinta, el sol tímido aún consigue asomarse entre las nubes que no cubren por completo el cielo. Los rayos son rápidos como... Bueno... Como el mismísimo rayo, y los truenos son ensordecedores, me vibran las entrañas y es una sensación casi divertida, un cosquilleo interesante.

Llueve. No, diluvia. La gente está feliz, o al menos los extranjeros, pero no alcanzo a ver a ningún emiratí. Todos reímos, parece contagioso. Uno comenta que le gusta la lluvia, y reímos todos, aunque no nos conocemos. Me rodea un grupo interesante: un pakistaní, un cingalés (juro que es el gentilicio para los habitantes de Sri Lanka!), un indio y un libanés. A todos nos recuerda a casa, porque hace frío y llueve y nos recuerda que las 4 estaciones existen, y simplemente parece invierno.


Llueve. No, diluvia. El aire, que no llega a ser viento, hace que llueva en paralelo al suelo y quienes llevan paraguas ya no saben si ponerlo encima de sus cabezas o frente a sus cuerpos, a modo de escudo. La mayoría se da cuenta de lo ridículo de la situación y ríe, mientras cierra sus paraguas.

Llueve. No, diluvia. Y debe de ser agua bendita porque de repente parece no haber barreras sociales, culturales, raciales o intelectuales. Parece como si fuésemos de nuevo todos ninos, en el patio del colegio, jugando bajo la lluvia y saltando en los charcos.

Llueve. No, diluvia. Y me gusta. Me recuerda a casa. Me recuerda a Nay, aquel día en que llovía como hoy pero en la Berzosa, y también reímos y saltamos en los charcos. Me recuerda a Sophie y a Mini porque hace años en Francia llovía como ahora pero con maldad y decidimos compartir cama mientras nos preguntábamos si sería el fin del mundo. Me recuerda a Adam porque otra tormenta con maldad nos pilló en una cabañita de madera en una isla de Filipinas, y mientras yo rezaba para que los miles de litros de agua no derribasen la cabaña, Adam dormía plácidamente. Me recuerda a Leti y a Loren porque si lloviese en Madrid hoy así se les caería el techo encima. Me recuerda a Jota porque hace poco llovió con tanta rabia en su barrio que el diluvio destrozó coches sin piedad.

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jueves, 4 de diciembre de 2008

Una historia de Emiratos, de Abu Dhabi a Dubai

Han sido muchas las ocasiones en las que hemos criticado a los distintos Emiratos, y sobre todo a Dubai, en este blog. ¿Por qué las economías jóvenes del Golfo, tan conservadoras en determinados aspectos, han decidido ser revolucionarias en otros? Y ¿por qué consideramos que se equivocan?


Yo tengo una teoría que es fácil de explicar como una historieta. Imaginemos que los Emiratos, por elegir uno de estos países, es un grupito de personas. Digamos chicas adolescentes, amigas de toda la vida. En los años 60 eran niñas y entonces estaban bajo protectorado del Reino Unido –su padrino por ejemplo-, y este se encargaba de su estabilidad y bienestar. Un día las niñas descubrieron que tenían un talento oculto, llamémoslo petróleo, mucho petróleo. Vamos, como si las niñas de repente se hubiesen presentado a un casting para formar uno de esos grupos de música bastante patéticos que todos hemos visto en la tele t no sólo grabaron un disco, sino que además de la noche a la mañana se volvieron mega famosas y ricas, muy ricas.




Entonces nuestras niñas ya convertidas en adolescentes le dijeron a su padrino que ya no le necesitaban, gracias por tu ayuda y hasta otra, ahora ya somos mayores y nos apañamos solas. Como es de esperar, no eran tan mayores ni sabían apañarse solas. Necesitaban madurar, pero el mundo no les dio tiempo, y ellas tampoco se lo pensaron mucho. De repente tenían lo que ellas creían era lo más importante en la vida: dinero y las unas a las otras!


Y como todas esas cantantes, artistas, actrices famosas a los 16 y sin padres que se preocupen demasiado por ellas, se fueron por el mal camino. ¿Y a quién culpamos? Ellas sólo querían ser como los demás a su alrededor, sin darse cuenta de que eran bien distintas. Y llegaron los excesos, pero no para todas porque cada una de nuestras chicas tenía una personalidad muy distinta.


Así que decidieron medio separarse, y probar suerte por libre, pero siendo por supuesto, “amigas para siempre”. Dos se quedaron atrás, Fujaira y Um el Kaiwan, y nadie sabe bien si porque eran más tímidas o porque no tenían ambición. También quedó claro desde muy pronto que con gran diferencia la que más talento tenía –o sea, petróleo- era Abu Dhabi. Y ella decidió tomárselo con calma, sin prisa pero sin pausa. Intentado establecer unos cimientos fuertes para su carrera, con algún que otro mini tropiezo. Y parece que le va bien, invierte su dinero con seguridad y acierto, y su carrera seguramente la llevará lejos.


Sharjah decidió que ella sería la más conservadora, y así le va. Es aburrida y no interesa a casi nadie, aunque ella intente venderse como la que de verdad representa a su cultura. Pero no se da cuenta de que esto es el showbusiness y la cultura por desgracia importa poco. Pero si ni si quiera se pone faldas o o vestidos para subir al escenario, siempre tan recatadita ella, y exige lo mismo de su público. Vamos, que el público es escaso y soso, como ella.


Ajmán y Ras el Jaima al principio también se durmieron en los laureles, pero hace unos añitos han despertado y parece que con un empujoncito del público extranjero tal vez despeguen. No tienen casi talento, pero consiguen gustar por otros motivos. Ajmán triunfa en Pakistán, donde aunque pocos lo saben hay gente con mucho dinero, y ella se deja querer y meter mano por cualquiera que le suelte un duro. Ras el Jaima es la guapa del grupo y se espabiló un poco antes, cuando la descubrieron los alemanes y los rusos. Intenta no perder el Norte, pero a veces se deja liar con tanta atención y tonteo.


Y luego nos queda Dubai, que seria un poco como Britney Spears antes de perder la cabeza y decidir raparse. Pero va siguiéndole los pasos muy de cerca. Vamos a ver, Dubai se dio cuenta de que tenia poco talento, que ya hemos quedado en que es el petróleo, pero también se dio cuenta de que gustaba, y mucho. No es la más guapa, pero sí la más atractiva. Y ella sabe hacerse querer y gustar. Aunque de cerca decepcione un poco.... Ella fue la que más se dejó influenciar por todo aquel un poco mayor que ella y que también tuviese dinero o que le comiese un poco la oreja diciéndole lo maravillosa que podría llegar a ser. Se lo creyó, empezó a prostituirse y a despilfarrar y se dio cuenta de que eso gustaba mucho más que su escaso talento.


Asimismo descubrió que tener a los medios de comunicación a las puertas de tu casa es la mejor publicidad –y gratis!-, así que cada cierto tiempo se reinventa a sí misma para seguir llamando la atención y que no nos olvidemos de ella. Primero fue el hotel de 7 estrellas en el mar, después las islas en forma de palmera, luego el mundo, ahora preparan el unvierso. Por supuesto todo lo que hace es más cool y más caro y más original y más más que el resto del mundo. Hace poco organizó la fiesta más cara del mundo, y eso que todos saben que su cuenta corriente está en números rojos!


Y lo malo es que nuestra Britney Dubai ha perdido el Norte y está gastando más de lo que tiene, y como ya no tiene padrino que la ayude... pues le pide a la más lista del grupo, Abu Dhabi, que es un poco como la madre del resto. Pero Abu Dhabi se ha cansado de tanta inmadurez e irresponsabilidad y le ha cerrado el grifo a Dubai.


Veremos con qué nos sorprende la semana que viene.... pero apuesto a que volverá a hacer de las suyas, y acaparará una vez más miles de miradas. No obstante, casi me da pena Dubai. Si aún no era mayor de edad y ya era rica y famosa... ¿qué más podíamos esperar? De un grupo de 7 ha salido una lista y responsable, que además era la que tenía talento; una conservadora; dos que han espabilado con el tiempo aunque son un poco tontitas y se dejan meter mano; otras dos se han quedado atrás, lejos del glamour y los focos y los flashes; y luego está Dubai, que casi se merece una historia por si sola.


¿No os da un poco de pena? ¿Acabará en un psiquiátrico o en Alcohólicos Anónimos?


Esta puede ser una de esas historias con final abierto, en la que el lector está invitado a imaginar, incluso compartir, su final favorito....

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Cobardes y asesinos

Tenía un par de posts en mente para hoy, pero se me ha liado el día y no he podido escribirlos. Ahora que me siento delante del ordenador esas ideas se han ido y lo único que se me ocurre decir es que quien defiende sus ideas e ideales con violencia, pierde toda la razón que podía tener un principio. Quien mata para hacerse oír, ese es un cobarde. Un cobarde y un hijo de puta, perdonen mi lenguaje... y por desgracia parece que en España tenemos unos cuantos, pero también en India, en Israel y Palestina, en Nigeria y en México, y un largo etcétera. Mire a donde mire, norte o sur, este u oeste, lo que veo no me gusta. Me da tanta pena y tanta rabia, me hago tantas preguntas, me siento perdida. ¿En qué mundo vivimos? No espero respuestas, ya no.


Decía una canción aquello de


Stop this world, let me off

(Paren este mundo, dejen me salir)

There's just too many pigs in the same trough

(Hay demasiados cerdos en el mismo comedero)

Stop this world, it's not making sense

(Paren este mundo, ha perdido su sentido)


Y ahí lo dejo, porque me duele el corazón y el alma, viendo a cobardes pegando tiros, o poniendo bombas, por ideales en los que tal vez ya ni creen.

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viernes, 28 de noviembre de 2008

Otro viernes por la mañana

Me he despertado pronto porque tenía calor y sed y además llamaban al timbre. Suena a mal despertar, pero no lo era en absoluto. Además los viernes me gusta madrugar porque es el único momento de la semana en que se oye calma y tranquilidad, es decir, no se oye nada. No hay obras, así que no hay grúas ni apisonadoras. No hay tráfico, así que no hay coches, ni camiones, ni cláxones. He abierto las pesadas cortinas que impiden que la luz del día entre en mi habiatción y mi primera sorpresa del día ha sido ver en el edificio de enfrente muchas ventanas abiertas. Sé que esto no sorprenderá a muchos fuera del Golfo, pero aquí es distinto.




La mayoría de las ventanas, como las de mi apartamento, no se abren. Están selladas con silicona o simplemente no tienen tirador. Las razones no me las ha explicado nadie, pero yo creo que se debe al calor y al polvo. Como estamos en el desierto, aunque a veces nos parezca mentira, hace calor casi todo el año y abrir las ventanas significa perder el fresquito de dentro de casa. El polvo no se nota ni se siente, pero está siempre ahí. Por ejemplo, si tiendes la ropa en la terraza, pronto aprendes que es una mala idea, a no ser que quieras volver a poner la lavadora...


Pero los vecinos al parecer si pueden abrir sus ventanas. Y si lo han hecho significa sin duda que fuera hace bueno. Esta semana las temperaturas han bajado y estamos ahora a unos 27 grados durante el día. Es muy agradable y casi parece primavera, aunque el cielo no es tan azul como el de Madrid y anochece pronto.


Así que el buen día acompaña a mi buen humor, y me apetece comer huevos con bacon, porque por fín he comprado cerdo –haram, ¡pecado!- y me encanta desayunar los fines de semana, cuando hay tiempo para preparar el desayuno sin prisas, disfrutar del olor del café preparado en mi clásica cafetera italiana que me acompaña en todos mis viajes de más de una semana: al Norte, al Sur, Francia, California, Pensilvania, Puerto Rico, Virginia, Filipinas, Indonesia, Egipto, Zambia, Dubai, Abu Dhabi, y alguno más que se me estará olvidando.


Me gusta preparar el café nada más levantarme, y oir como va saliendo del pitorrito y poco a poco dejar que su olor invada mi cuerpo y mi mente. Mientras voy sacando el resto de cosas de la nevera o de las estanterías, hoy pan de ese tipo de pueblo cortado en gruesas rodajas, un tomate, un diente de ajo, aceite de oliva y sal por un lado; por el otro bacon, dos huevos, una tostada de pan de cereales.


El café ya está listo, lo sirvo en una taza grande y le añado azúcar, para luego dejarlo de lado mientras se enfría un poco. Hoy sin hielo. Mientras el bacon se tuesta en el grill, rallo el tomate, le añado un chorrito de aceite y sal, lo mezclo bien y también lo dejo a un lado. Tuesto un pan y el otro lo pongo en la plancha. Me toca hacer los huevos, y la verdad es que soy malísima friéndolos. Se me rompen siempre y acabo haciendo huevos revueltos, pero lo que de verdad me gusta es mojar pan en la yema, así que quiero hacerlos fritos. He intentado el truco de romper el huevo en un vaso y luego verterlo en la sartén, pero tampoco me funciona. Aunque el día me sonríe así que ....


Primer huevo, ¡perfecto! No me ha quedado bonito, pero no se ha roto la yema (la clara un poquito, lo admito) y está en su punto ... mmmh. Vamos con el segundo. Lo casco en el vaso y ... no cae. Lo juro, esto es lo más raro y divertido que me ha pasado esta semana. Resulta que es un huevo duro, o hervido, y al cascarlo se ha roto sin problema por la mitad, de forma que la clara se ha dividido entre las dos mitades de cáscara y la yema se ha quedado entera, perfecta, preciosa, tan naranja en contraste con el blanco puro de la yema, en una de las mitades. Aquí están las fotos...


























Total que sólo me como un huevo, porque si uno me ha quedado perfecto y el otro me ha dejado perpleja... seguro que es una señal. El café está delicioso, el bacon con el huevo saladito es una delicia, y el pan con tomate rallado es un manjar en estas tierras lejanas. Me quedan sólo un par de horas para que la ciudad vuelva a ser la de siemrpe, con ruido, obras, atascos, gente.... pero siempre tendré mi música para cobijarme y escapar de la locura de la metrópoli. Y aunque hoy me ha costado decidir qué me apetece escuchar, Saint Germain des Prés una vez más no me deja indiferente, todo lo contrario. Me alegra el alma.





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La crisis y los NINJA

Este vídeo me parece genial, tanto por la gracia de Leopoldo Abadía como por su excelente simplificación y explicación de la crisis.


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lunes, 24 de noviembre de 2008

Promocionando el evento equivocado: hotel de 7 estrellas frente a las Olimpiadas Especiales


¿Nos hemos vuelto todos locos? Al parecer son muchos, al menos 2000, los que no tienen ni vergüenza ni conciencia. El fin de semana pasado se celebró en Dubai la que se supone ha sido la fiesta de inauguración más cara de la historia, y cerraba una semana en la que la bolsa de ese mismo Dubai había perdido 30.000 millones de dólares y cientos de empleados de empresas relacionadas con la propiedad y la construcción habían sido despedidos como consecuencia de la cancelación de más de 45 proyectos hace 15 días..... pero oye, esto es Dubai nena y aquí de lo que se trata es de ser más y mejor que el resto del mundo, y si hay que celebrar en plena crisis, ¡pues se celebra! Y a lo grande... y ya se pagarán las consecuencias con lo que presten los vecinos. Hasta que los vecinos cierren el grifo...


La inauguración era de un hotel de 7 estrellas que no pienso nombrar –al parecer un paraíso para niños y nuevos ricos, ya ves tú- en una de esas islas artificiales construidas por miles de esclavos del siglo XXI, ¿estarían ellos presentes en la inauguración? Sarcasmos aparte, cabe destacar que entre los 2.000 invitados a la fiesta no había empleados de Kenzer International (la empresa dueña del hotel junto a Nakheel, alias el gobierno de Dubai). Y es que al parecer el mismísimo Sr. Kenzer fue el encargado de elegir y dar el aprobado una a una a las 2.000 personas –o debería decir VIPs y superestrellas­- invitadas. Las malas lenguass dicen que sólo aquellos con una utilidad específica o que podían servir de algo estaban invitados, incluso los directivos y altos cargos de la empresa fueron recibidos solamente si estaban dispuestos a servir comida y bebida a los invitados...




Vamos con lo más esncadaloso: la fiesta costó entre 20 y 35 millones dólares, de los cuales unos 14 millones fueron para los fuegos artificiales. Por supuesto, estos fueron los más espectaculares de la historia –suena tan a tópico por esta zona- superando a los de la ceremonia de apertura de las pasadas Olimpiadas en China, y los organizadores prometen que el millón de fuegos pudo verse desde el espacio, yo lo dudo.


El Sr. Kezner hizo unas declaraciones en días anteriores a la fiesta que motivaron este post. Según él, semejante fiesta estaba totalmente justificada, aún cuando su empresa acaba de despedir a 800 empleados en un hotel similar en Bahamas y al parecer las cosas en el de Dubai podrían ir por el mismo camino. La forma en que razona este señor es la siguiente: una fiesta de tal calibre es como unas Olimpiadas, sirven para llamar la atención del público a nivel mundial y promocionan ciudades, países o territorios. Además, 20 o 30 millones no representan nada, según él, cuando el hotel ha costado 1.500 millones... ¡a mí me parece que todo esto tendría que ser ilegal! O por lo menos pecado, en una zona tan coservadora y religiosa como esta. ¡¡Por Dios y por Ala, si hasta Linday Lohan y su novia estaban invitadas en un país musulmán!! Haram – Pecado (esto es por criticar, que nadie me mal interprete...).


Y ya que estamos con cotilleos, aplaudo a Ben Affleck que rechazó la invitación a la fiesta y se fue de misión humanitaria al Congo.


Pero ojalá otros eventos llamasen tanto o más la atención de los medios y del público como fiestas llenas de champagne y estrellas de hollywood. La misma semana en que se celebraba esta fiesta en Dubai, Abu Dhabi inauguraba un evento todavía más caro, y con mucha menos cobertura mediática: las 6as Olimpiadas EspecialesSpecial Olympics- para niños y adolescentes del Norte de Àfrica y Oriente Medio. Casi el mismo número de invitados y participantes que en la fiesta de Duabi, unas 1800 personas representaron a 23 países en 12 deportes distintos. Estas Olimpiadas han sido las más espectaculares en la historia de los juegos regionales, desde su primera edición en El Cairo en 1999.


Sin embargo, organizar semejante evento no es fácil, y tampoco lo es conseguir que los invitados –atletas, entrenadores, cuidadores...- hagan realidad su sueño de participar. Por desgracia, resulta casi imposible conseguir sponsors en el sector privado, las empresas no se mojan, porque este evento no llama la atención de casi nadie. Así que este año el Gobierno de Abu Dhabi, ni corto ni perezoso, se ha decidido por ser el patrocinador principal de los Juegos y ha cubierto todos los gastos relacionados con ellos, desde los billetes de avión a los hoteles, pasando por las comidas y el transporte in situ, o visitas organizadas durante la semana que han durado las Olimpiadas.


Entiendo que no es fácil ni práctico organizar algo semejante. La mayoría de los hoteles se han negado a hospedarles, y creo que sólo cinco han aceptado. Entre ellos está el mio y el de un amigo. Al parecer los destrozos son importantes, paredes pintadas, moquetas destrozadas, cuadros y espejos rotos.... todo daños materiales. Pero si pudiéseis ver sus ojos y sus sonrisas, lo entenderíais. Compartí ascensor con muchos de ellos varias veces a lo largo de la semana que pasaron aquí y cuando se desabrochaban la cremallera de sus chaquetas de uniforme para enseñarme sus medallas.... ¿qué puedo decir? Me sentía tan orgullosa de este sitio, de la familia real, de los chavales que con su emoción despertaban la mía y conseguían que se me escapasen grandes sonrisas y alguna lagrimilla.


Por desgracia nadie ha oido hablar de estas Olimpidas, porque estas no eran las de Pekín, ni se gastaron 14 millones en fuegos artificiales y otros muchos en langosta y champagne. Y porque a la gente le interesan los famosos, sus vesitdos y joyas, y el glamour. Así es el mundo y así es la vida.



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martes, 18 de noviembre de 2008

Helado de vainilla

Me estoy comiendo un bol de helado de vainilla. Definitivamente no me gusta, nunca me ha gustado. Hoy me ha dado por intentarlo de nuevo, más que nada porque cada vez que abro el congelador veo la caja de Haagen Dazs. Y cada vez que veo la dichosa caja, recuerdo que si está ahí es porque tú no estás. La compré para ti, para las 23 horas que pasamos juntos hace 10 días, pero claro, en 23 horas no pudiste acabar con ella. Y ahora parece que me persigue por la casa, recordándome una y otra vez tu ausencia. Y no, no me gusta, pero pienso comerme lo que me he servido, y mañana repetiré, y al otro también, hasta que acabe con todo el helado, que no es más que una triste sombra que me persigue y me recuerda cuan sola me siento a veces.




Luego estás tú, tu nuevo tú, que también me persigue, no como una triste sombra si no más bien como un alegre gato. Me recuerdas a Gala, Klimt, Lolo, Liu.... o más bien a la idea que tengo de ellos porque yo nunca he tenido uno. Así que te comparo con los que conozco y con como les imagino actuando en torno a sus dueños, aunque la realidad pueda ser muy distinta.


Recibo tus mensajes en el móvil y me parece como que restriegas tu cuerpo contra mis piernas, te deslizas entre ellas, las acaricias mientras te acaricias, juegas, es algo sensual pero no sexual, sólo quieres llamar mi atención y a la vez satisfacer tu necesidad secreta de cariño. Tus emails, en los que no dices mucho pero yo lo entiendo todo, aparecen en mi pantalla como si se tratase de un gato un tanto celoso de mi ordenador. Me parece como que saltas sobre mi teclado para ahí acostarte y acomodarte mientras me miras con esos ojos que inevitablemente me recuerdan a Filipinas.


Esos tus ojos son tan azules que tus pupilas se asemejan a islas perdidas en mitad del océano. Aunque se me ocurre a menudo que en realidad se esconden para poder observar y aprender sin ser vistas, sin llamar la atención. Sin embargo ese mar de paz y tranquilidad que te rodea no te ayuda a desaparecer, más bien al contrario.


Y son precisamente esos tus ojos en los que yo encuentro la calma que tanta falta me hace a veces, y son también ese faro que me guía cuando estoy perdida, y son esa isla en la que me gusta desaparecer.


Pero hoy no los tengo, ni te tengo, sólo tengo este triste bol de helado de vainilla que me sabe demasiado dulce, para una noche tan amarga.



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sábado, 15 de noviembre de 2008

Omán, ejemplo de desarrollo económico y respeto a las tradiciones


Estoy en Omán, en un hotel de cinco estrellas que apesta a turista y expatriado, especialmente británicos y alemanes y, sorprendentemente, franceses. Muchos viven aquí o en Emiratos, y pasan los fines de semana en familia en el hotel. Otros tantos visitan el golfo y creen que por aterrizar en el aeropuerto y coger un taxi al hotel en el que se van a encerrar durante unos días, con una salida casi obligada al palacio y el zoco, ya han visitado el país y saben algo de su cultura. Me ahogo viéndoles en el brunch del hotel y decido que tengo que salir cuanto antes.

En receptción me ayudan a organizr un viajecito para visitar cuanto más mejor, y que me permita hablar con gente. Es dificil porque es viernes, día dedicado a la oración o la familia, pero es hoy cuando estoy aquí y no mañana ni ayer. Un día da para poco pero Mascate es una ciudad muy pequeña, insisten.





Una vez en el coche le pregunto al taxista como se llama el gorrito típico que llevan los hombres y me contesta cap, gorra o sombrero en inglés. Gracias... Pero me refiero al nombre en árabe. Dice algo que entiendo se escribe kim'a, con una i y una m largas. Ahora se que es kimah. Le confieso que me gusta más que el pañuelo que llevan los emiratís en la cabeza, porque ese me parece demasiado ostentoso. Se gira y sonríe pero no dice nada, y sé que muchos omanís sienten respeto y admiracion por sus vecinos, que han sabido pasar de ser poco más que dunas y palmeras, a urbes del s XXI de las que todos hemos oído hablar y que reciben millones de turistas al añ. Otros omanís están orgullosos de su país, porque ha sabido crecer y desarrollarse a un ritmo tan impresionante como el de sus vecinos, pero no han perdido ni su identidad ni su cultura.




El taxi me lleva hasta el palacio del sultán e intenta convencerme de que le contrate para todo el día, y no me cobra la espera. Quiero caminar, le digo, y me mira con la misma cara de asombro y de incredulidad que los del hotel. No es porque sea una mujer sola, sino porque aunque es Noviembre hace 35C grados y la humedad es intensa. Me recuerda que el palacio está a unos 5 kilómetros del centro de la ciudad y que entre medias no hay mucho que ver ni que hacer, más que caminar por la carretera que bordea el mar. Lo sé y no me importa, al contrario, me apetece.





Es cierto que las calles cercanas al palacio estan vacías, pero no creo que se deba a que es viernes, sino a que tampoco hay mucho que hacer o que ver aquí si no se es turista. Me impresiona el contraste de colores, el azul intenso del cielo, el gris plateado de las montañas que todo lo rodean, el blanco puro de los edificios. Además, hay flores, plantas, cesped, por todos lados, al menos alrededor del palacio. Me sorprende ver pájaros de todos los tamaños y colores, y aún más su canto. No recuerdo haber oído un sólo pájaro piando en los 10 meses que he pasado en Emiratos.



Veo varias mezquitas, me apasionan, de siempre. Tan blancas, y casi siempre con la parte de superior del minarete y las cúpulas azules o verdes. Están tranquilas porque no es hora de ir a rezar.




Según me voy alejando del palacio las calles se van estrechando, ahora son de polvo y todo parece grisáceo u ocre, colores tan típicos del desierto. Las casas son modestas, de una o dos plantas, con ventanas pequeñas. muchas tienen una antena parabólica en el tejado, que es plano porque aquí rara vez llueve.




Hay poca gente por las calles, casi todos son hombres o niños. Uno de éstos lleva tres minutos agachado, asomando la cabeza debajo de un coche. Cuando me acerco veo que está intentando coger un gato que ahí se esconde y cuando él me oye, se gira y decide abandonar su incomoda postura y venir hacia mí. Se sacude el polvo que queda en sus rodillas, y en ese instante el gato sale disparado de debajo del coche. Senñlo con el dedo y le aviso, pero él no me entiende y se limita a repetir, the cat, the cat, hasta que llega a mi altura y me pide un rial -2 euros-. Yo le ofrezco un caramelo y de primeras parece contrariado, pero se lo piensa y decide cogerlo. Cuando lo hace se sonroja un poco y pone cara de duro, como si no le gustase parecer lo que realmente es, un niño.




Aparecen otros chavales a la vez que un coche pasa a nuestro lado, despacio, con las ventanillas abiertas, asientos tapizados con colores dorados y música árabe. Aún sin quererlo ha levantado una polvareda que hace que el niño tosa y yo cierre los ojos.

Al final de la calle una señora da voces y los niños salen corriendo. Doy media vuelta cuando me parece entender que está hablando en inglés, dice do you want tea? No puede estar hablándome a mi.... O sí? Me giro con más curiosidad que otra cosa, y ella está ya casi a mi altura. Me habla a mí, me pregunta a mí, me invita a mí. Sé que sería de mala educación rechazar su oferta, pero tampoco sé si debo. Ella me tiende su mano, teñida de henna, y yo la agarro. Me guía hasta su casa, la del fondo del callejón. Es humilde, pequeña, con muchas alfombras, una foto del sultán enmarcada preside el salón. Huele a incienso, o eso me parece, pero este olor sólo pretende cubrir otro, el de‎ pescado. Adivino que su marido es pescador también porque hay varias redes secando en la entrada.

Al cabo de unos instantes vierte agua hiviendo en dos vasos pequeños de cristal, y me explica que el té caliente aliviará el calor de mi cuerpo y me permitirá seguir mi paseo más a gusto. Después empieza a hablar y a reír y sólo entiendo partes de lo que dice. Adivino que se queja porque los hombres se pasan el viernes en la mezquita o en el bar, también bebiendo té, mientras ella pone orden en la casa. Ella es maestra. Pese a que tiene el cabello cubierto, su cara queda destapada, pero no sé calcular su edad. Sus ojos están fuertemente perfilados y son de un marrón intenso, pero no van con el resto de ella, tan humilde. Su abaya es sencilla, y está impecable, algo que siempre me llama la atención en estos países en los que hay mucho polvo, y el bajo de la abaya inevitablemente se arrastra por el suelo.

Cuando vuelvo a salir a la calle hace mucho calor, pero es cierto que me siento más a gusto. Ella me despide desde la puerta. He intentado darle algo de dinero, para los niños le he dicho, pero ella se ha negado y me ha dicho que le devolveré la invitación cuando visite España. Las dos sabemos que eso nunca ocurrirá, pero no he dicho nada.




De camino hacia el mar he parado a hacer unas fotos desde lo alto de la muralla, que parece no llevar ahí mucho tiempo, como si la hubiesen plantado para los turistas. Oigo un ruido y cuando me giro veo un soldado, uniformado y armado. No sé si estoy en un lugar prohibido, y se lo pregunto. Con una sonrisa dice it’s ok y me pregunta de donde soy. Parece que en Omán a todos les gusta España, y creo que lo único que conocen es Madrid y Barcelona, por el fútbol claro! Él me dice que prefiere al Barcelona, y se siente avergonzado cuando le digo que soy de y del Madrid. Pero a mí no me importa, me basta con que sepan donde está mi país. Sé que en España mucha gente no tiene ni idea de donde está Omán, y no sabrían decir cuál es la capital.





Ya de psaeo por la corniche, en dirección al “centro de la ciudad”, cada taxi que pasa pita, creerán que me he perdido... el mar huele muy fuerte. Es azul oscuro y está algo sucio en esta zona en la que no hay bañistas. A lo lejos veo barcos de carga enormes, y otro de crucero de esos de lujo.




Me cruzo con varias personas, alguna que otra pareja de omanís, y todos, absolutamente todos, me saludan. Siento sudor corriendo por mi espalda tras más de media hora caminando con el sol en la nuca. Parece que todo se va a animando, cada vez veo más gente, pero siguen siendo mayoritariamente hombres y niños. Muchos de ellos están pescando, pero no son pescadores, simplemente disfrutan de su día libre. Los barcos de carga están ahora mucho más cerca y son aún mayores de lo que había imaginado de lejos.




Un grupo de hombres paquistanís ríe escandalosamente mientras se hacen fotos. Cuando llego a su altura me enseñan un erizo de mar enorme, negro, que mueve sus púas con evidente hastío, si es que un animal puede sentir algo semejante. El zoco está justo enfrente, pero está cerrado hoy por ser viernes. No obstante hay un grupo de hombres jóvenes sentados en las escaleras, riendo y fumando. Todos parecen alegres, será porque es su día libre, o por el buen tiempo, o tal vez por vivir tan cerca del mar, que parece que todo lo calma.




Cuando por fin llego de vuelta a mi hotel decido ir a la playa. El sol empieza ya a ponerse. Atravieso los jardines y piscinas, que están llenos a rebosar de aquellos expatriados y turistas. Sus voces y risas son chillonas, tal vez por el alcohol que han ingerido durante horas al sol. Muchos niños corretean y juegan felices. Al llegar a la playa me quedo completamente desconcertada y fascinada con lo que veo. La marea está baja y cientos –cientos- de niños, adolescentes y adultos juegan al fútbol. Miro a la izquiera, y después a la derecha, y todo lo que veo son esos cientos de hombres corriendo de un lado a otro. Son distintos grupos, muchos partidos al mismo tiempo.





Todos parecen tan felices, todos comparten una cosa, su amor por este deporte. Parecen ser de varias nacionalidades, pero todos árabes. No hay europeos, al menos yo no veo ninguno, y son todo hombres execpto por una mujer, que está sentada en un murito junto al que intuyo es su marido. Él me mira constantemente, no le gusta que tenga una cámara en las manos, y terminan por irse. Soy la única mujer, rodeada por cientos de hombres que en ningún momento se dan cuenta de mi presencia. Llevan camisetas y uniformes del Barcelona, Madrid, Manchester, Arsenal, Brasil.... y así se va poniendo el sol, mientras ellos siguen a lo suyo, dándole a la pelota, disfrutando de lo que queda de luz.


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