Llueve. No, diluvia. No he visto llover con tanta fuerza, tanta pasión, desde Filipinas y entonces eran tifones.
Llueve. No, diluvia. Parece una bendición de los dioses, o de Ala, quién sabe. Llueve de una forma distinta, el sol tímido aún consigue asomarse entre las nubes que no cubren por completo el cielo. Los rayos son rápidos como... Bueno... Como el mismísimo rayo, y los truenos son ensordecedores, me vibran las entrañas y es una sensación casi divertida, un cosquilleo interesante.
Llueve. No, diluvia. La gente está feliz, o al menos los extranjeros, pero no alcanzo a ver a ningún emiratí. Todos reímos, parece contagioso. Uno comenta que le gusta la lluvia, y reímos todos, aunque no nos conocemos. Me rodea un grupo interesante: un pakistaní, un cingalés (juro que es el gentilicio para los habitantes de Sri Lanka!), un indio y un libanés. A todos nos recuerda a casa, porque hace frío y llueve y nos recuerda que las 4 estaciones existen, y simplemente parece invierno.
Llueve. No, diluvia. El aire, que no llega a ser viento, hace que llueva en paralelo al suelo y quienes llevan paraguas ya no saben si ponerlo encima de sus cabezas o frente a sus cuerpos, a modo de escudo. La mayoría se da cuenta de lo ridículo de la situación y ríe, mientras cierra sus paraguas.
Llueve. No, diluvia. Y debe de ser agua bendita porque de repente parece no haber barreras sociales, culturales, raciales o intelectuales. Parece como si fuésemos de nuevo todos ninos, en el patio del colegio, jugando bajo la lluvia y saltando en los charcos.
Llueve. No, diluvia. Y me gusta. Me recuerda a casa. Me recuerda a Nay, aquel día en que llovía como hoy pero en la Berzosa, y también reímos y saltamos en los charcos. Me recuerda a Sophie y a Mini porque hace años en Francia llovía como ahora pero con maldad y decidimos compartir cama mientras nos preguntábamos si sería el fin del mundo. Me recuerda a Adam porque otra tormenta con maldad nos pilló en una cabañita de madera en una isla de Filipinas, y mientras yo rezaba para que los miles de litros de agua no derribasen la cabaña, Adam dormía plácidamente. Me recuerda a Leti y a Loren porque si lloviese en Madrid hoy así se les caería el techo encima. Me recuerda a Jota porque hace poco llovió con tanta rabia en su barrio que el diluvio destrozó coches sin piedad.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Llueve en el desierto
jueves, 4 de diciembre de 2008
Una historia de Emiratos, de Abu Dhabi a Dubai
Han sido muchas las ocasiones en las que hemos criticado a los distintos Emiratos, y sobre todo a Dubai, en este blog. ¿Por qué las economías jóvenes del Golfo, tan conservadoras en determinados aspectos, han decidido ser revolucionarias en otros? Y ¿por qué consideramos que se equivocan?
Yo tengo una teoría que es fácil de explicar como una historieta. Imaginemos que los Emiratos, por elegir uno de estos países, es un grupito de personas. Digamos chicas adolescentes, amigas de toda la vida. En los años 60 eran niñas y entonces estaban bajo protectorado del Reino Unido –su padrino por ejemplo-, y este se encargaba de su estabilidad y bienestar. Un día las niñas descubrieron que tenían un talento oculto, llamémoslo petróleo, mucho petróleo. Vamos, como si las niñas de repente se hubiesen presentado a un casting para formar uno de esos grupos de música bastante patéticos que todos hemos visto en la tele t no sólo grabaron un disco, sino que además de la noche a la mañana se volvieron mega famosas y ricas, muy ricas.
Entonces nuestras niñas ya convertidas en adolescentes le dijeron a su padrino que ya no le necesitaban, gracias por tu ayuda y hasta otra, ahora ya somos mayores y nos apañamos solas. Como es de esperar, no eran tan mayores ni sabían apañarse solas. Necesitaban madurar, pero el mundo no les dio tiempo, y ellas tampoco se lo pensaron mucho. De repente tenían lo que ellas creían era lo más importante en la vida: dinero y las unas a las otras!
Y como todas esas cantantes, artistas, actrices famosas a los 16 y sin padres que se preocupen demasiado por ellas, se fueron por el mal camino. ¿Y a quién culpamos? Ellas sólo querían ser como los demás a su alrededor, sin darse cuenta de que eran bien distintas. Y llegaron los excesos, pero no para todas porque cada una de nuestras chicas tenía una personalidad muy distinta.
Así que decidieron medio separarse, y probar suerte por libre, pero siendo por supuesto, “amigas para siempre”. Dos se quedaron atrás, Fujaira y Um el Kaiwan, y nadie sabe bien si porque eran más tímidas o porque no tenían ambición. También quedó claro desde muy pronto que con gran diferencia la que más talento tenía –o sea, petróleo- era Abu Dhabi. Y ella decidió tomárselo con calma, sin prisa pero sin pausa. Intentado establecer unos cimientos fuertes para su carrera, con algún que otro mini tropiezo. Y parece que le va bien, invierte su dinero con seguridad y acierto, y su carrera seguramente la llevará lejos.
Sharjah decidió que ella sería la más conservadora, y así le va. Es aburrida y no interesa a casi nadie, aunque ella intente venderse como la que de verdad representa a su cultura. Pero no se da cuenta de que esto es el showbusiness y la cultura por desgracia importa poco. Pero si ni si quiera se pone faldas o o vestidos para subir al escenario, siempre tan recatadita ella, y exige lo mismo de su público. Vamos, que el público es escaso y soso, como ella.
Ajmán y Ras el Jaima al principio también se durmieron en los laureles, pero hace unos añitos han despertado y parece que con un empujoncito del público extranjero tal vez despeguen. No tienen casi talento, pero consiguen gustar por otros motivos. Ajmán triunfa en Pakistán, donde aunque pocos lo saben hay gente con mucho dinero, y ella se deja querer y meter mano por cualquiera que le suelte un duro. Ras el Jaima es la guapa del grupo y se espabiló un poco antes, cuando la descubrieron los alemanes y los rusos. Intenta no perder el Norte, pero a veces se deja liar con tanta atención y tonteo.
Y luego nos queda Dubai, que seria un poco como Britney Spears antes de perder la cabeza y decidir raparse. Pero va siguiéndole los pasos muy de cerca. Vamos a ver, Dubai se dio cuenta de que tenia poco talento, que ya hemos quedado en que es el petróleo, pero también se dio cuenta de que gustaba, y mucho. No es la más guapa, pero sí la más atractiva. Y ella sabe hacerse querer y gustar. Aunque de cerca decepcione un poco.... Ella fue la que más se dejó influenciar por todo aquel un poco mayor que ella y que también tuviese dinero o que le comiese un poco la oreja diciéndole lo maravillosa que podría llegar a ser. Se lo creyó, empezó a prostituirse y a despilfarrar y se dio cuenta de que eso gustaba mucho más que su escaso talento.
Asimismo descubrió que tener a los medios de comunicación a las puertas de tu casa es la mejor publicidad –y gratis!-, así que cada cierto tiempo se reinventa a sí misma para seguir llamando la atención y que no nos olvidemos de ella. Primero fue el hotel de 7 estrellas en el mar, después las islas en forma de palmera, luego el mundo, ahora preparan el unvierso. Por supuesto todo lo que hace es más cool y más caro y más original y más más que el resto del mundo. Hace poco organizó la fiesta más cara del mundo, y eso que todos saben que su cuenta corriente está en números rojos!
Y lo malo es que nuestra Britney Dubai ha perdido el Norte y está gastando más de lo que tiene, y como ya no tiene padrino que la ayude... pues le pide a la más lista del grupo, Abu Dhabi, que es un poco como la madre del resto. Pero Abu Dhabi se ha cansado de tanta inmadurez e irresponsabilidad y le ha cerrado el grifo a Dubai.
Veremos con qué nos sorprende la semana que viene.... pero apuesto a que volverá a hacer de las suyas, y acaparará una vez más miles de miradas. No obstante, casi me da pena Dubai. Si aún no era mayor de edad y ya era rica y famosa... ¿qué más podíamos esperar? De un grupo de 7 ha salido una lista y responsable, que además era la que tenía talento; una conservadora; dos que han espabilado con el tiempo aunque son un poco tontitas y se dejan meter mano; otras dos se han quedado atrás, lejos del glamour y los focos y los flashes; y luego está Dubai, que casi se merece una historia por si sola.
¿No os da un poco de pena? ¿Acabará en un psiquiátrico o en Alcohólicos Anónimos?
Esta puede ser una de esas historias con final abierto, en la que el lector está invitado a imaginar, incluso compartir, su final favorito....
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Cobardes y asesinos
Tenía un par de posts en mente para hoy, pero se me ha liado el día y no he podido escribirlos. Ahora que me siento delante del ordenador esas ideas se han ido y lo único que se me ocurre decir es que quien defiende sus ideas e ideales con violencia, pierde toda la razón que podía tener un principio. Quien mata para hacerse oír, ese es un cobarde. Un cobarde y un hijo de puta, perdonen mi lenguaje... y por desgracia parece que en España tenemos unos cuantos, pero también en India, en Israel y Palestina, en Nigeria y en México, y un largo etcétera. Mire a donde mire, norte o sur, este u oeste, lo que veo no me gusta. Me da tanta pena y tanta rabia, me hago tantas preguntas, me siento perdida. ¿En qué mundo vivimos? No espero respuestas, ya no.
Decía una canción aquello de
Stop this world, let me off
(Paren este mundo, dejen me salir)
There's just too many pigs in the same trough
(Hay demasiados cerdos en el mismo comedero)
Stop this world, it's not making sense
(Paren este mundo, ha perdido su sentido)
Y ahí lo dejo, porque me duele el corazón y el alma, viendo a cobardes pegando tiros, o poniendo bombas, por ideales en los que tal vez ya ni creen.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Otro viernes por la mañana
Me he despertado pronto porque tenía calor y sed y además llamaban al timbre. Suena a mal despertar, pero no lo era en absoluto. Además los viernes me gusta madrugar porque es el único momento de la semana en que se oye calma y tranquilidad, es decir, no se oye nada. No hay obras, así que no hay grúas ni apisonadoras. No hay tráfico, así que no hay coches, ni camiones, ni cláxones. He abierto las pesadas cortinas que impiden que la luz del día entre en mi habiatción y mi primera sorpresa del día ha sido ver en el edificio de enfrente muchas ventanas abiertas. Sé que esto no sorprenderá a muchos fuera del Golfo, pero aquí es distinto.
Total que sólo me como un huevo, porque si uno me ha quedado perfecto y el otro me ha dejado perpleja... seguro que es una señal. El café está delicioso, el bacon con el huevo saladito es una delicia, y el pan con tomate rallado es un manjar en estas tierras lejanas. Me quedan sólo un par de horas para que la ciudad vuelva a ser la de siemrpe, con ruido, obras, atascos, gente.... pero siempre tendré mi música para cobijarme y escapar de la locura de la metrópoli. Y aunque hoy me ha costado decidir qué me apetece escuchar, Saint Germain des Prés una vez más no me deja indiferente, todo lo contrario. Me alegra el alma.
La crisis y los NINJA
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lunes, 24 de noviembre de 2008
Promocionando el evento equivocado: hotel de 7 estrellas frente a las Olimpiadas Especiales
¿Nos hemos vuelto todos locos? Al parecer son muchos, al menos 2000, los que no tienen ni vergüenza ni conciencia. El fin de semana pasado se celebró en Dubai la que se supone ha sido la fiesta de inauguración más cara de la historia, y cerraba una semana en la que la bolsa de ese mismo Dubai había perdido 30.000 millones de dólares y cientos de empleados de empresas relacionadas con la propiedad y la construcción habían sido despedidos como consecuencia de la cancelación de más de 45 proyectos hace 15 días..... pero oye, esto es Dubai nena y aquí de lo que se trata es de ser más y mejor que el resto del mundo, y si hay que celebrar en plena crisis, ¡pues se celebra! Y a lo grande... y ya se pagarán las consecuencias con lo que presten los vecinos. Hasta que los vecinos cierren el grifo...
La inauguración era de un hotel de 7 estrellas que no pienso nombrar –al parecer un paraíso para niños y nuevos ricos, ya ves tú- en una de esas islas artificiales construidas por miles de esclavos del siglo XXI, ¿estarían ellos presentes en la inauguración? Sarcasmos aparte, cabe destacar que entre los 2.000 invitados a la fiesta no había empleados de Kenzer International (la empresa dueña del hotel junto a Nakheel, alias el gobierno de Dubai). Y es que al parecer el mismísimo Sr. Kenzer fue el encargado de elegir y dar el aprobado una a una a las 2.000 personas –o debería decir VIPs y superestrellas- invitadas. Las malas lenguass dicen que sólo aquellos con una utilidad específica o que podían servir de algo estaban invitados, incluso los directivos y altos cargos de la empresa fueron recibidos solamente si estaban dispuestos a servir comida y bebida a los invitados...
Y ya que estamos con cotilleos, aplaudo a Ben Affleck que rechazó la invitación a la fiesta y se fue de misión humanitaria al Congo.
Pero ojalá otros eventos llamasen tanto o más la atención de los medios y del público como fiestas llenas de champagne y estrellas de hollywood. La misma semana en que se celebraba esta fiesta en Dubai, Abu Dhabi inauguraba un evento todavía más caro, y con mucha menos cobertura mediática: las 6as Olimpiadas Especiales –Special Olympics- para niños y adolescentes del Norte de Àfrica y Oriente Medio. Casi el mismo número de invitados y participantes que en la fiesta de Duabi, unas 1800 personas representaron a 23 países en 12 deportes distintos. Estas Olimpiadas han sido las más espectaculares en la historia de los juegos regionales, desde su primera edición en El Cairo en 1999.
Entiendo que no es fácil ni práctico organizar algo semejante. La mayoría de los hoteles se han negado a hospedarles, y creo que sólo cinco han aceptado. Entre ellos está el mio y el de un amigo. Al parecer los destrozos son importantes, paredes pintadas, moquetas destrozadas, cuadros y espejos rotos.... todo daños materiales. Pero si pudiéseis ver sus ojos y sus sonrisas, lo entenderíais. Compartí ascensor con muchos de ellos varias veces a lo largo de la semana que pasaron aquí y cuando se desabrochaban la cremallera de sus chaquetas de uniforme para enseñarme sus medallas.... ¿qué puedo decir? Me sentía tan orgullosa de este sitio, de la familia real, de los chavales que con su emoción despertaban la mía y conseguían que se me escapasen grandes sonrisas y alguna lagrimilla.
martes, 18 de noviembre de 2008
Helado de vainilla
Me estoy comiendo un bol de helado de vainilla. Definitivamente no me gusta, nunca me ha gustado. Hoy me ha dado por intentarlo de nuevo, más que nada porque cada vez que abro el congelador veo la caja de Haagen Dazs. Y cada vez que veo la dichosa caja, recuerdo que si está ahí es porque tú no estás. La compré para ti, para las 23 horas que pasamos juntos hace 10 días, pero claro, en 23 horas no pudiste acabar con ella. Y ahora parece que me persigue por la casa, recordándome una y otra vez tu ausencia. Y no, no me gusta, pero pienso comerme lo que me he servido, y mañana repetiré, y al otro también, hasta que acabe con todo el helado, que no es más que una triste sombra que me persigue y me recuerda cuan sola me siento a veces.
Recibo tus mensajes en el móvil y me parece como que restriegas tu cuerpo contra mis piernas, te deslizas entre ellas, las acaricias mientras te acaricias, juegas, es algo sensual pero no sexual, sólo quieres llamar mi atención y a la vez satisfacer tu necesidad secreta de cariño. Tus emails, en los que no dices mucho pero yo lo entiendo todo, aparecen en mi pantalla como si se tratase de un gato un tanto celoso de mi ordenador. Me parece como que saltas sobre mi teclado para ahí acostarte y acomodarte mientras me miras con esos ojos que inevitablemente me recuerdan a Filipinas.
Y son precisamente esos tus ojos en los que yo encuentro la calma que tanta falta me hace a veces, y son también ese faro que me guía cuando estoy perdida, y son esa isla en la que me gusta desaparecer.
Pero hoy no los tengo, ni te tengo, sólo tengo este triste bol de helado de vainilla que me sabe demasiado dulce, para una noche tan amarga.
sábado, 15 de noviembre de 2008
Omán, ejemplo de desarrollo económico y respeto a las tradiciones
Estoy en Omán, en un hotel de cinco estrellas que apesta a turista y expatriado, especialmente británicos y alemanes y, sorprendentemente, franceses. Muchos viven aquí o en Emiratos, y pasan los fines de semana en familia en el hotel. Otros tantos visitan el golfo y creen que por aterrizar en el aeropuerto y coger un taxi al hotel en el que se van a encerrar durante unos días, con una salida casi obligada al palacio y el zoco, ya han visitado el país y saben algo de su cultura. Me ahogo viéndoles en el brunch del hotel y decido que tengo que salir cuanto antes.
En receptción me ayudan a organizr un viajecito para visitar cuanto más mejor, y que me permita hablar con gente. Es dificil porque es viernes, día dedicado a la oración o la familia, pero es hoy cuando estoy aquí y no mañana ni ayer. Un día da para poco pero Mascate es una ciudad muy pequeña, insisten.
Una vez en el coche le pregunto al taxista como se llama el gorrito típico que llevan los hombres y me contesta cap, gorra o sombrero en inglés. Gracias... Pero me refiero al nombre en árabe. Dice algo que entiendo se escribe kim'a, con una i y una m largas. Ahora se que es kimah. Le confieso que me gusta más que el pañuelo que llevan los emiratís en la cabeza, porque ese me parece demasiado ostentoso. Se gira y sonríe pero no dice nada, y sé que muchos omanís sienten respeto y admiracion por sus vecinos, que han sabido pasar de ser poco más que dunas y palmeras, a urbes del s XXI de las que todos hemos oído hablar y que reciben millones de turistas al añ. Otros omanís están orgullosos de su país, porque ha sabido crecer y desarrollarse a un ritmo tan impresionante como el de sus vecinos, pero no han perdido ni su identidad ni su cultura.
El taxi me lleva hasta el palacio del sultán e intenta convencerme de que le contrate para todo el día, y no me cobra la espera. Quiero caminar, le digo, y me mira con la misma cara de asombro y de incredulidad que los del hotel. No es porque sea una mujer sola, sino porque aunque es Noviembre hace 35C grados y la humedad es intensa. Me recuerda que el palacio está a unos 5 kilómetros del centro de la ciudad y que entre medias no hay mucho que ver ni que hacer, más que caminar por la carretera que bordea el mar. Lo sé y no me importa, al contrario, me apetece.
Es cierto que las calles cercanas al palacio estan vacías, pero no creo que se deba a que es viernes, sino a que tampoco hay mucho que hacer o que ver aquí si no se es turista. Me impresiona el contraste de colores, el azul intenso del cielo, el gris plateado de las montañas que todo lo rodean, el blanco puro de los edificios. Además, hay flores, plantas, cesped, por todos lados, al menos alrededor del palacio. Me sorprende ver pájaros de todos los tamaños y colores, y aún más su canto. No recuerdo haber oído un sólo pájaro piando en los 10 meses que he pasado en Emiratos.
Veo varias mezquitas, me apasionan, de siempre. Tan blancas, y casi siempre con la parte de superior del minarete y las cúpulas azules o verdes. Están tranquilas porque no es hora de ir a rezar.
Según me voy alejando del palacio las calles se van estrechando, ahora son de polvo y todo parece grisáceo u ocre, colores tan típicos del desierto. Las casas son modestas, de una o dos plantas, con ventanas pequeñas. muchas tienen una antena parabólica en el tejado, que es plano porque aquí rara vez llueve.
Hay poca gente por las calles, casi todos son hombres o niños. Uno de éstos lleva tres minutos agachado, asomando la cabeza debajo de un coche. Cuando me acerco veo que está intentando coger un gato que ahí se esconde y cuando él me oye, se gira y decide abandonar su incomoda postura y venir hacia mí. Se sacude el polvo que queda en sus rodillas, y en ese instante el gato sale disparado de debajo del coche. Senñlo con el dedo y le aviso, pero él no me entiende y se limita a repetir, the cat, the cat, hasta que llega a mi altura y me pide un rial -2 euros-. Yo le ofrezco un caramelo y de primeras parece contrariado, pero se lo piensa y decide cogerlo. Cuando lo hace se sonroja un poco y pone cara de duro, como si no le gustase parecer lo que realmente es, un niño.
Aparecen otros chavales a la vez que un coche pasa a nuestro lado, despacio, con las ventanillas abiertas, asientos tapizados con colores dorados y música árabe. Aún sin quererlo ha levantado una polvareda que hace que el niño tosa y yo cierre los ojos.
Al final de la calle una señora da voces y los niños salen corriendo. Doy media vuelta cuando me parece entender que está hablando en inglés, dice do you want tea? No puede estar hablándome a mi.... O sí? Me giro con más curiosidad que otra cosa, y ella está ya casi a mi altura. Me habla a mí, me pregunta a mí, me invita a mí. Sé que sería de mala educación rechazar su oferta, pero tampoco sé si debo. Ella me tiende su mano, teñida de henna, y yo la agarro. Me guía hasta su casa, la del fondo del callejón. Es humilde, pequeña, con muchas alfombras, una foto del sultán enmarcada preside el salón. Huele a incienso, o eso me parece, pero este olor sólo pretende cubrir otro, el de pescado. Adivino que su marido es pescador también porque hay varias redes secando en la entrada.
Al cabo de unos instantes vierte agua hiviendo en dos vasos pequeños de cristal, y me explica que el té caliente aliviará el calor de mi cuerpo y me permitirá seguir mi paseo más a gusto. Después empieza a hablar y a reír y sólo entiendo partes de lo que dice. Adivino que se queja porque los hombres se pasan el viernes en la mezquita o en el bar, también bebiendo té, mientras ella pone orden en la casa. Ella es maestra. Pese a que tiene el cabello cubierto, su cara queda destapada, pero no sé calcular su edad. Sus ojos están fuertemente perfilados y son de un marrón intenso, pero no van con el resto de ella, tan humilde. Su abaya es sencilla, y está impecable, algo que siempre me llama la atención en estos países en los que hay mucho polvo, y el bajo de la abaya inevitablemente se arrastra por el suelo.
Cuando vuelvo a salir a la calle hace mucho calor, pero es cierto que me siento más a gusto. Ella me despide desde la puerta. He intentado darle algo de dinero, para los niños le he dicho, pero ella se ha negado y me ha dicho que le devolveré la invitación cuando visite España. Las dos sabemos que eso nunca ocurrirá, pero no he dicho nada.
De camino hacia el mar he parado a hacer unas fotos desde lo alto de la muralla, que parece no llevar ahí mucho tiempo, como si la hubiesen plantado para los turistas. Oigo un ruido y cuando me giro veo un soldado, uniformado y armado. No sé si estoy en un lugar prohibido, y se lo pregunto. Con una sonrisa dice it’s ok y me pregunta de donde soy. Parece que en Omán a todos les gusta España, y creo que lo único que conocen es Madrid y Barcelona, por el fútbol claro! Él me dice que prefiere al Barcelona, y se siente avergonzado cuando le digo que soy de y del Madrid. Pero a mí no me importa, me basta con que sepan donde está mi país. Sé que en España mucha gente no tiene ni idea de donde está Omán, y no sabrían decir cuál es la capital.
Ya de psaeo por la corniche, en dirección al “centro de la ciudad”, cada taxi que pasa pita, creerán que me he perdido... el mar huele muy fuerte. Es azul oscuro y está algo sucio en esta zona en la que no hay bañistas. A lo lejos veo barcos de carga enormes, y otro de crucero de esos de lujo.
Me cruzo con varias personas, alguna que otra pareja de omanís, y todos, absolutamente todos, me saludan. Siento sudor corriendo por mi espalda tras más de media hora caminando con el sol en la nuca. Parece que todo se va a animando, cada vez veo más gente, pero siguen siendo mayoritariamente hombres y niños. Muchos de ellos están pescando, pero no son pescadores, simplemente disfrutan de su día libre. Los barcos de carga están ahora mucho más cerca y son aún mayores de lo que había imaginado de lejos.
Un grupo de hombres paquistanís ríe escandalosamente mientras se hacen fotos. Cuando llego a su altura me enseñan un erizo de mar enorme, negro, que mueve sus púas con evidente hastío, si es que un animal puede sentir algo semejante. El zoco está justo enfrente, pero está cerrado hoy por ser viernes. No obstante hay un grupo de hombres jóvenes sentados en las escaleras, riendo y fumando. Todos parecen alegres, será porque es su día libre, o por el buen tiempo, o tal vez por vivir tan cerca del mar, que parece que todo lo calma.
Cuando por fin llego de vuelta a mi hotel decido ir a la playa. El sol empieza ya a ponerse. Atravieso los jardines y piscinas, que están llenos a rebosar de aquellos expatriados y turistas. Sus voces y risas son chillonas, tal vez por el alcohol que han ingerido durante horas al sol. Muchos niños corretean y juegan felices. Al llegar a la playa me quedo completamente desconcertada y fascinada con lo que veo. La marea está baja y cientos –cientos- de niños, adolescentes y adultos juegan al fútbol. Miro a la izquiera, y después a la derecha, y todo lo que veo son esos cientos de hombres corriendo de un lado a otro. Son distintos grupos, muchos partidos al mismo tiempo.
Todos parecen tan felices, todos comparten una cosa, su amor por este deporte. Parecen ser de varias nacionalidades, pero todos árabes. No hay europeos, al menos yo no veo ninguno, y son todo hombres execpto por una mujer, que está sentada en un murito junto al que intuyo es su marido. Él me mira constantemente, no le gusta que tenga una cámara en las manos, y terminan por irse. Soy la única mujer, rodeada por cientos de hombres que en ningún momento se dan cuenta de mi presencia. Llevan camisetas y uniformes del Barcelona, Madrid, Manchester, Arsenal, Brasil.... y así se va poniendo el sol, mientras ellos siguen a lo suyo, dándole a la pelota, disfrutando de lo que queda de luz.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
El cuento de mi mamie, o cómo los abuelos se convierten en niños
Ayer, un día después de colgar este post, Pilar decidió que era su momento y se apagó. Este post va para ella, porque cuando yo la conocí ella ya había vuelto a ser una niña. Porque ella nos hacía reír, como mamie, cuando nos contaba que había hablado con un pajarito esa misma mañana, o cuando susurraba con cuidado que los vecinos hacían magia negra y lo sabía porque humo de colores salía de sus ventanas por las noches.
Volver. La escena en que Raimunda -Penélope Cruz- se arrodilla para descubrir a su madre escondida debajo de la cama. La he visto varias veces e inevitablemente lloro todas y cada una de ellas. Los ojos de Carmen Maura, su mirada, esa mezcla de alegría y de miedo, expectante, porque la reacción de su hija determinará sin duda la suya. Esos ojos de niña traviesa también, como si fuese ella la hija descubierta en plena travesura. Esa mirada que tanto me recuerda la de otra madre que era mi mamie, en sus últimos meses, que yo no recuerdo como amargos, sino como aquellos en que por fin la tuve día y noche, y en los que nos hacía reir a menudo. Y es que precisamente en esos meses ella también parecía una niña, haciendo a veces de las suyas.
Hay tantas anécdotas de ese tiempo en el que poco a poco se iba apagando, como una vela que se queda sin cera o sin oxígeno. Caminaba despacito, arrastraba un poco los pies, tenía 94 años y la cabeza en su sitio prácticamente siempre. También conservó el oído -aveugle peut-être, mais sourde... soude non!- hasta el final, y en cuanto oía un ruidito se levantaba para ver quién más estaba despierto. La pobre se aburría despierta en la cama, pero una vez levantada tampoco tenía mucho más que hacer. Con el paso de los años leía cada vez menos, hasta que ya ni el periódico le interesaba. Mamá intentaba levantarse y salir sin que ella la oyese, pero casi nunca lo conseguía y entonces, cuando se daba cuenta y oía sus pies arrastrándose extraordinariamente ágiles, instintivamente se escondia debajo de la mesa para que su propia madre no la descubriese. Todavía veo a mamie con cara de desilusión al ver que no había nadie, y a mamá debajo de la mesa debatiendo entre asomarse o reirse.
A veces cuando venían amigos a casa ella no se daba cuenta de que no les conocía, y debía de pensar que no les reconocía, así que fingía y les decía cosas tipo "si si, bien sur que je me rappelle, quand tu étais petit on rigolé toujours de ton grand nez"...! Menos mal que ellos sabían que no se conocían!
Por aquella época empezó a emitirse Gran Hermano en España y, la verdad sea dicha, las mujeres de la casa -de la mía claro, no de la de Guadalix- nos enganchamos. Mamie ni lo soportaba, ni lo entendía, ni lo aprobaba, pero no le hacíamos caso. El morbo del voyeur era mucho más fuerte que su sensatez y sentido común. Entonces se levantaba de su sillón, iba al baño, y volvía con los oídos tapados por improvisados tapones hechos con papel higiénico. Giraba su sillón de forma que le daba la espalda a la tele, y nos miraba satisfecha, como pensando yo ni lo veo ni lo oigo, y nosotras nos reíamos con ganas, porque sabíamos que tenía razón!
Ya muy al final, cuanto papá llegaba a casa ella se ponía en pie y nos pedía que la emulásemos porque, según ella, llegaba Mr le President.... Nunca nos quedó claro si nos tomaba el pelo o no, ni tampoco de qué era el Presidente. Lo que estaba claro era que el Presidente había tomado, temporalmente, el lugar de Tonton -son petit- porque este seguía en Francia. A veces hasta aplaudía a Mr le President, dios sabe por qué, pero nos hacía reír.
Recuerdo con especial ternura cuando llegaba a casa y ella estaba echada descansando. Entonces yo iba a su habitación y despacito le decia Mamie, c'est Helene, la belle Helene, y hasta el último dia juro que esta frase hacía que sonriese mientras abría despacito los ojos, que parecían pesar toneladas. Era ella quien me decía de pequeña lo de la belle Helene, y yo quien sonreía, pero es que ahora la niña que sonreía era ella.
Y llegó el día en que se apagó, con sus 94 años y casi un siglo de experiencias y vivencias a sus espaldas. Alguien sopló delicadamente mientras ella dormía. Era, como tiene que ser, otoño y sin duda el momento justo para dejarnos e irse a descansar. Pero yo sé que sigue aquí, no sé si a mi lado en la cama, o en el sillón del salón junto al abuelo sentado en el Chester verde, pero la siento con fuerza. Y sonríe.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Viernes de paseo
Voy en un taxi que no está muy limpio pero huele bien, con un conductor pakistaní que me ha regañado por pararle en una rotonda. Llevaba 20 minutos sin ver un coche pasar, así que tampoco me pareció muy peligroso. Es viernes y han llamado a la oración un par de veces ya desde que me he levantado. Por eso no hay taxis, ni coches. Los viernes son el día libre por excelencia y los que trabajan no suelen empezar hasta las cuatro.
La música me gusta, pero me molesta oir al taxista mascando chicle. De vez en cuando se gira y me pregunta cosas que sé no le interesan. Dos preguntas se repiten en cada taxi, cada tienda, cada restaurante, cuando se atreven a preguntar. American? Siempre digo que no, y a veces digo que Spanish,do you like football? Madrid? Barcelona?.... Así a veces surge una conversación que mata el tiempo y el silencio. Otras no. La segunda pregunta es Married? Antes decía que no, pero hace tiempo aprendí que es mejor decir que sí, y por eso ya ni me sonrojo cuando miento. Creo que nunca nadie se ha fijado en que no tengo alianza....
Este no me ha preguntado lo de married ni yo lo del fútbol. Pero ha terminado una canción y ese segundo de silencio antes de que la música volviese a sonar me ha parecido incómodo. Así que le he preguntado, where in Pakistan? Qué más da, si tú no conoces Pakistán, me ha soltado. Y tiene razón, pero ha empezado él preguntando si American, y él tampoco conoce América.... Al llegar le he dado una propinita, más que nada porque iba a pagar 6 con 100, así que le he dicho que se cobre 10 y aunque sé que no le ha hecho gracia, ha preferido quedarse sin cambio y ganarse los 4.
De vuelta, según cierro la puerta de este otro taxi, ya estoy oyendo el American?, con acento Pakistaní. Sonrío, por dentro y por fuera. Este no tiene música, ni tan siquiera la radio está encendida. Los asientos están recubiertos de plástico tipo hule. Normalmente me disgustan pero hoy voy vestida de forma que no lo toco así que lo tolero. No, Spanish, le contesto. Instantáneamente se gira y me dice Spanish? very good, very very good, con una gran sonrisa que de repente me descubre unos dientes blancos perfectos. Le doy las gracias por el cumplido, sólo Alá y él sabrán por qué tan very good. Yo le he preguntado por Pakistán y él me ha dicho que no es tan good como Spain, pero que es su país y a él le gusta. Echa de menos las estaciones del año y no le gusta que sea siempre verano.... fíjate, al final vamos a tener algo en común, además de la dentadura blanca.
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